Venezuela: elecciones bajo acecho

A poco más de cinco meses de los cruciales comicios del 7 de octubre de 2012, el panorama electoral venezolano entra en una etapa crítica, con guerra de encuestas y todo tipo de golpes bajos propinados por los sectores oligárquicos, agrupados en la llamada Mesa de la Unidad Democrática (MUD), liderada por el joven empresario Henrique Capriles Radonski.

Obviando por conocido todo el proceso que llevó a la consolidación de una candidatura única de la derecha en la persona de Capriles, un magnate de los medios dedicado a la política, a los cubanos no se les olvida que fue precisamente este personaje quien encabezó el asalto a la embajada de la isla en Caracas, en las tristes horas del golpe de Estado de abril del 2002.

La mayoría del pueblo bolivariano no echa en saco roto que siendo este señor alcalde metropolitano se produjeron los lamentables acontecimientos de Puente Llaguno, cuando francotiradores parapoliciales dispararon contra la multitud para crear el caos y la desorganización que justificaran el pinochetazo, a costa de la vida de personas inocentes.

Derrotados una y otra vez en todos los terrenos, estos curiosos “demócratas”  lo mismo participan en un cuartelazo que después se rasgan las vestiduras haciendo alarde de su vocación liberal republicana para aprovechar las amplias posibilidades que se dan en la patria de Bolívar, cuyo sistema electoral es uno de los más eficaces y transparentes del mundo.

El problema es que no juegan limpio. No les basta con poseer el dominio casi total de los medios de comunicación, sino que los usan para calumniar, tergiversar y difundir todo género de bulos con tal de desprestigiar al adversario.

Uno de los temas preferidos de los oligarcas ha sido el de la falta de seguridad ciudadana o, en otros términos, los altos índices de violencia que todavía aquejan a algunas zonas y regiones del país, incluidos ciertos barrios de Caracas, aunque no pueden negar que el Gobierno de Chávez ha venido trabajando de manera incansable en este asunto hipersensible.

En su obsesión por hacerse con el poder y retrotraer a Venezuela al redil imperial, la oposición venezolana echa mano a cualquier recurso. El de la enfermedad del Presidente Hugo Chávez ha sido uno de los preferidos. Pero ante la evidencia de que Chávez resurge como ave fénix después de sus tratamientos en Cuba, esgrimen nuevas cartas ocultas en la manga.

No aludimos a la copia, plagio, diríamos, del estilo del querido Presidente por parte de Capriles Radonski, quien en un desplante populista ha adoptado el método chavista de llegar a un centro laboral, un colectivo, o barrio cualquiera, para participar en la actividad que allí se desarrolla en mangas de camisa, como forma de ganarse a la gente. Lo que pasa es que lo que en uno es natural e innato, en otro resulta imitación burda.

Hasta el discurso de Chávez ha intentado plagiar don Henrique, tratando de adaptar sus promesas a lo mismo que ha venido haciendo la Revolución bolivariana en todos estos años, porque sabe que esa política de franco beneficio popular es la que le gana al pueblo. Sin embargo, oculta sus siniestros propósitos para el caso de llegar a ser el inquilino principal del Palacio de Miraflores.

Aun así, el problema no resultaría tan grave si se limitara a lo dicho hasta ahora. Lo verdaderamente peligroso es la colusión cada vez más evidente de esa oposición con los sectores más reaccionarios en Colombia, representados  por el expresidente Álvaro Uribe Vélez y con los círculos de poder en Washington.

Hace poco Capriles se trasladó a Bogotá con todo su equipo y allí se reunió con Uribe. Lo hizo al parecer desesperado después de que se conocieran los resultados de una serie de encuestas en las que Chávez aparecía con ventaja prácticamente insuperable.

Curiosamente, a poco de regresar la comitiva de Colombia, el pequeño expresidente, calificado como narco-político y para-político por sus probados vínculos con el cártel de Medellín y las llamadas Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), empezó una campaña de imputaciones contra el Gobierno venezolano acusándolo de estar relacionado con el narcotráfico.

Uribe sabe que cualquier menoscabo de la figura de Chávez obra automáticamente en favor de Capriles, por eso pone su mayor empeño en lograrlo como parte de toda la ultraderecha del continente -y más allá- con Washington a la cabeza.

Solo que el expresidente no se limita a denigrar al gobernante bolivariano, sino que también la emprende contra su sucesor, Juan Manuel Santos, quien al parecer se está entendiendo bien con su par venezolano, con el que ha establecido una relación cordial.

Pero esa relación echa por tierra los planes de crear conflictos en la frontera que justifiquen una intervención militar “foránea”, algo que el taimado Álvaro intentó por todos los medios cuando estaba al mando en el Palacio de Nariño.

¿Serán casualidad entonces ciertos indicios de agitación entre altos militares colombianos en retiro, quienes se cruzaron distintos correos electrónicos expresando la inquietud y disconformidad propia y de uniformados en activo con la situación del país?

El presidente de la Asociación de Oficiales en Retiro trató de restar importancia a estos “correítos”, porque aunque reconoció que en ellos se hablaba de “la remoción del Presidente de la República”, aclaró que “todo en el marco de la institucionalidad, no de un golpe de Estado”. ¡Ah!, menos mal, porque con esos truenos…

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