Cromosomas de un ADN estético

Nelson rescata y mezcla sustancias y técnicas ya obligadas o relativamente novedosas en la plástica cubana.La muestra itinerante Autorretrato, de Nelson Domínguez, se presenta en la galería Oscar Fernández Morera, de la villa del Yayabo.

Por: Maikel José Rodríguez Calviño (Especialista del Consejo Provincial de las Artes Plásticas)

Por estos días, el público espirituano tiene la oportunidad de disfrutar en la galería Oscar Fernández Morera de Autorretrato, muestra itinerante que resume la extensa carrera de Nelson Domínguez Cedeño, Premio Nacional de Artes Plásticas 2009.

La preocupación por el ser humano es motivo fundamental en gran parte de las piezas seleccionadas para el proyecto curatorial que articula esta amplia exposición. En ellas, la figura individual, plural y multifacética del hombre genérico asume poses y actitudes diversas en momentos o puntos de giro cruciales en la vida pública del país, en la diaria interacción con expresiones de la religiosidad popular o del cuerpo y sus erotismos, en la similitud entre fenómenos meteorológicos y conceptos de identidad y resistencia nacionales, en la revisión de la historia como documento vivo, factible a reajustes y nuevas comuniones y en la iconicidad propia de figuras políticas o culturales que forman parte de nuestra memoria colectiva.

Incluso al ser omitida, la presencia humana pervive en objetos triviales, hijos de la producción masiva (en ese caso, las populares horquillas o palitos de tender) que el artista desdobla, magnifica, multiplica y carga de nuevos sentidos tras diluir las fronteras de lo tradicionalmente artístico, expandiendo su poética hacia campos de lo visual más relacionados con el diseño industrial y la decoración de interiores. Así, un artículo de uso cotidiano, que a simple vista pudiera resultarnos banal o demasiado común, se transforma en un motivo recurrente de amplias posibilidades expresivas: es silla, escultura, licorera, sofá o patas de una cama.

Si de materiales se trata, Nelson rescata y mezcla sustancias y técnicas ya obligadas o relativamente novedosas en la plástica cubana. El óleo sobre lienzo, los bocetos a carbón, la ebanistería, la video-instalación, el moldeado de resinas y la cerámica devienen soportes ideales para la construcción e interacción de imágenes, colores y texturas que en última instancia tributan al significado de la obra.

Dicen los grandes maestros que un buen retrato es una biografía pintada. Entonces, el autorretrato es la biografía pictórica por excelencia, pues parte del artista y lo tiene a él como expresión máxima. Sin embargo, no hace falta un autorretrato en el sentido estricto del término para completar la muestra que hoy nos ocupa, donde cada trabajo encierra un pedazo de Nelson, que se fragmenta, esparce y se apropia del entorno gracias al trazado poderoso y expresivo en cada dibujo, la opacidad de las figuras o su aglomeración exprofeso, el silencio, la música, el dolor y la ternura; líneas temáticas y formales que pueden ser vistas como plegarias de un terrible exorcismo, los cromosomas de un ADN estético, la belleza de un acto de fe donde el prolífico creador es reflejado una y otra vez por los ritos de la tela, los buriles y el pigmento.

Entre las grandes potencialidades del arte destaca su capacidad para ofrecer un diálogo abierto sobre la complejidad del mundo y de la vida. Nelson comprende e ilustra ese diálogo al mostrarnos en Autorretrato un fragmento del gigantesco laberinto que llamamos realidad, y lo hace a partir de su universo interior, de su propia experiencia, que es la de todos, pues, parafraseando a Jorge Luis Borges, un solo hombre lleva en sí a toda su especie.

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