El alma de Mota

Enelio atiende un aula multigrado que conjuga con las clases ambulatorias.Un maestro ambulatorio de la ruta 4 de Santa Lucía reparte saber con 72 años de edad, riendas en mano.

El Corujo, 5 de octubre del 2013

Para usted, maestro de grandes éxitos laborales:

Salud le desea, quien mucha salud desea tener. Maestro querido, quisiera que cuando tome este papel en sus manos sienta el mismo  amor de padre a hija que siento yo hacia usted…

Nubes empapaban ese poblado de Santa Lucía donde una niña de huesos frágiles redactaba emociones en espera de la enseñanza peregrina. A unos kilómetros, el río tenía la talla del puente.

“El caballo cogió miedo. Lo viré marcha atrás para que no viera el agua y así cruzó. Lo mío es llegar al Corujo a las ocho de la mañana. Me gusta predicar con el ejemplo. Respeto mucho el magisterio”, cuenta quien acopia más de cuatro décadas en faenas pedagógicas.

Ni ese temporal sorpresivo, ni los arrinconados caminos, ni la constante techumbre del sol menguan el apetito docente de Enelio Esteban Pérez Pérez, a la altura de sus 72 años.

El estreno como educador andante data de este curso escolar, cuando su alumna Yaimary, de cuarto grado, recibió el diagnóstico de artritis reactiva o Enfermedad de la Hoffa.

…Desearía tenerlo siempre como guía, ya que en momentos tristes, duros y difíciles de mi vida, usted con su cariño y dedicación me ha sabido seguir enseñando…

“En su casa tenemos una pizarrita, una mesa, el material que le corresponde. Ella es maravillosa. Posee limitaciones clínicas, pero lo capta todo rápidamente. Tiene mucha esperanza en el porvenir. Dice que quiere ser maestra como yo”.

…Maestro, le prometo esforzarme para ser alguien en el futuro y que usted sienta orgullo de una más de sus alumnas en su larga trayectoria como educador…

En el historial de Enelio figuran escuelitas de zonas rurales cabaiguanenses como Poza, La Yamagua, barrio Noel Sancho en Cuatro esquinas y Mota, donde ha anclado su pizarrón por 20 años.

Allí Nito, así conocido por aquellos lares, atiende un aula multigrado que conjuga con las clases ambulatorias. “Martes y jueves apoyo en la escuela. Los padres y los vecinos no querían que me fuera completamente. Todos por aquí dicen que soy el alma de Mota.

“Impartir las asignaturas de cuarto, quinto y sexto grados es complicado, pero se logra la combinación de los tres programas.

“A veces Yaimary me pide ir a la escuela para ver a otros niños. La monto en el quitrín con cuidado y le doy las clases allá. Al regresar, la mamá se ve contenta porque sabe que ella está feliz”.

…Quisiera que siempre fuera mi maestro, ya que me inspira confianza, cariño, amor y todo lo que transmite un padre a sus hijos.

“Hay que ubicarse en la clase, pero también conocer los problemas de los muchachos. Cuando por la mañana veo a un niño triste o solo en el receso me le acerco e intento discernir qué situación tiene. Un maestro debe tener una vocación paternal”.

¿La fórmula?: “Voluntad, paciencia y estudio. Oír sugerencias, incluso de los jóvenes que a veces pensamos que no tienen nada para enseñar. El maestro estancado en lo que sabía tendrá que dejar la carrera. Siempre hay nuevos métodos, procedimientos, objetivos, las evaluaciones cambian. En una revolución es cambiante todo.

“Hay educadores que son muy curiosos en manualidades. Quizás me critiquen porque soy un maestro de pizarra, tiza y borrador. Trabajo en tres direcciones principales: leer, escribir y calcular. Cuando un alumno lee fluidamente, hace trazos bonitos y calcula bien, dondequiera va a ser bueno.

“Me gustan mucho las clases de Historia porque la viví. Puedo hablarles de experiencias cercanas. Estuve presente cuando Camilo y el Che vinieron a Santa Lucía. Recuerdo al Che con una máquina de escribir y en la escogida vieja.

“Hoy la Educación Cubana le da oportunidad a todos. Cuando estudié éramos más de 70 alumnos y había 12 sillas, donde solo se sentaban los hijos del médico, del dueño de la tienda, del correo. Nosotros buscábamos piedras o unas latas de galletas que habían traído una sola vez en el curso. Luego nos enteramos sobre el destino que cogían las meriendas escolares.

“No había uniforme, las madres hacían pantaloncitos de sacos de harina de pan. Todos los pobres íbamos descalzos a la escuela. Había gran abandono escolar, denunciado por Fidel en su alegato de defensa. Al gobierno no le convenía que la gente supiera mucho”.

Mas, la Revolución expatrió ignorancias y este cabaiguanense, que siendo obrero en una granja alfabetizó a sus compañeros, decidió convertirse en pedagogo para toda la vida.

“Juan Santander me impulsó a superarme hasta que hice la licenciatura. Me han ofrecido plazas en la ciudad, pero este es el encanto mío. Los niños de la zona rural merecen un maestro.

“Cuando fui a retirarme buscaron las ausencias y no apareció ni una. Me jubilé y fueron a verme alumnos y padres para que siguiera. Les dije voy a estar un curso más, pero al otro año pasaba lo mismo. Ya son 11 cursos después de la jubilación”.

…Toda mi vida tendré que agradecerle por esta ayuda y enseñanza.

“El otro día estaba cogiendo botella y para un carro. ‘¡A que no me conoce! Yo fui alumno suyo en Poza’, dice el chofer que hoy trabaja en la termonuclear de Cienfuegos. Ese es el mejor reconocimiento.

“Todo el mundo llega y me abraza. No he sido de muchas medallas. Pienso como Martí que en un grano de maíz cabe la gloria mundial. Las glorias mías las llevan mis estudiantes, quien quiera reconocerlas…, a lo mejor se percatan el día que falte. Ya uno se siente diferente a los niños, pero no me ven viejo para aprender de mí y quererme. Por ellos sigo guapeando”.

Mucha salud y todo lo mejor le deseo hasta que Dios lo quiera. Con mucho amor y respeto de su alumna,

Yaimary

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