La seño

Evidia tiene entre sus proyectos escribir un libro sobre Geriatría porque no hay mucha bibliografía sobre eso.A los 14 años cargó la primera jeringuilla. Desde entonces y hasta hoy —durante mucho tiempo que no logro precisar— Evidia Álvarez González solo ha sido eso: enfermera.

Para saludarla con un beso en la mejilla debes hincarte de rodillas, así como en plegaria —pese a que luego termines reverenciándola de veras— y no exagero. Desde siempre debe haber medido algo más de un metro, a no ser que la doblez que pesa en su espalda por los años le haya acortado otros tantos centímetros.

Puede haber usado el mismo traje blanco siempre con uno que otro dobladillo si acaso; pero la cofia, si la miras bien, parece lo único grande en medio de la cabeza negra por el tinte, aunque diga que jamás le haya pesado en su vida. Evidia, la seño —el único apellido conocido por todos pese a que lleve también los de Álvarez González— solo ha sido eso: enfermera… y maestra de Enfermería y jefa de Enfermería, incluso ahora cuando ya tiene unas arrugas de más y unos huesos de menos.

Así mismo, con su estatura meñiquiana debió sorprender a los guajiros de Zaza del Medio cuando se paró en las puertas del caserío con lápiz, cartilla y manual en mano. Así mismo debió asustar a los pobladores de Aguas Verdes, a orillas del río Cauto, cuando el helicóptero la soltó, en medio de los vientos del ciclón Flora, con apenas 14 años y la mochila de jeringuillas y medicamentos para salvar a quienes se inundaban de a poco con tanta lluvia.

Sería la segunda vez que se encontraría con Fidel —la primera fue en la Plaza de la Revolución cuando ella era parte de la brigada de maestros voluntarios Conrado Benítez y concluía la Campaña de Alfabetización— y ahora que lo cuenta imagino al gigante casi agachándose para poder mirarla de cerca y ordenarle que sí, que se montara en el helicóptero otra vez junto al médico y sacara a aquel hombre de aquella maldita agua. “Lo más difícil de mi carrera fue cuando el ciclón Flora; ahí se ahogaron miles de personas —confesaría Evidia ante mis provocaciones—. Yo estaba empezando la carrera y me impresionó, porque todo estaba rodeado de agua y había personas que perdían toda la familia y otras que se salvaron sin saber cómo porque se encaramaron arriba de las casas y fueron rodando hasta llegar a esa loma”.

Tal vez fue su estreno en las pruebas de fuego. Luego sobrevendrían unas tras otras: acortar la carrera de Enfermería y graduarse y pasar cursos de especialidades para superarse y lo mismo iniciar la vacunación contra la poliomielitis en la isla que protagonizar el programa de tuberculosis para sacar a los enfermos de los hospitales; que llegar a la entonces provincia de Las villas, con apenas 20 años, a impartir clases en Santa Clara, Sagua la Grande y Cienfuegos para formar más enfermeras y convertirse luego, de la noche a la mañana, en directora del primer policlínico integral de la región central que se abriera en Ranchuelo.

Corría 1966 y ya le habían pedido regresar a Sancti Spíritus a fundar, a enseñar. “Me decían: ‘Evidia, la gente de allá está en taparrabos’; pero a mí me convenía porque yo era de aquí, de Cabaiguán, y entonces abrí la escuela de Enfermería y fui jefa regional de enfermeras. Del 67 al 68 graduamos como 500 auxiliares de Enfermería que tenían sexto grado y en el 69 abrí la escuela de enfermería para superar a las auxiliares”.

Hasta en los lugares más recónditos sembraría escuelas. En Etiopía, entre balas y heridos formaría enfermeras y en Haití, en un apartado pueblo sin luz ni agua, dejaría otras huellas: las de salvar vidas. Pero eso de sanar ya lo había ejercitado una y otra vez aquí, con los tuberculosos, con los niños menores de un año por los que se enroló en aquel proyecto necesario para reducir la mortalidad que luego se llamaría Programa de Atención Materno Infantil (PAMI)… con todos. Por eso había estado en Panamá en un curso peculiar que le ofreciera la Organización Mundial de la Salud por su labor en la prevención de enfermedades y en el PAMI.

Detrás del buró apenas puede advertírsele; sin embargo, no ha necesitado ni un milímetro más para llevar las riendas de las enfermeras de toda la provincia, para dirigir —como cuadro profesional de la Asamblea Provincial del Poder Popular durante dos años— la Salud, Comunales y la Empresa Eléctrica; o para pararse delante de un aula repleta de muchachos que le doblan la estatura; “pero nada, chica, para que tú veas todo el mundo me respeta”.

Ha sido toda su vida y “me quedé soltera por eso —confiesa—, porque en esos tiempos ningún hombre permitía que la mujer llegara a cualquier hora y que a cualquier hora la buscaran”. Quizás no sabe hacer otra cosa ni a estas alturas aprendería, porque incluso cuando se fracturó la cadera y tuvo que estar sobre una cama unos cuantos meses declinó la oferta que le hicieran: “Cuando me recuperé me dijeron: ‘Vas allí y das una vueltecita y vienes enseguida para acá’ y yo les dije: así no”.

Todavía le faltan unos cuantos proyectos por realizar como el de escribir un libro sobre Geriatría, “porque no hay mucha bibliografía sobre eso —me dice— y no se le ha dado toda la atención que merece y más ahora con el envejecimiento poblacional y la disminución de la natalidad”.

Le faltarán años quizás y le sobrarán fuerzas para hacerlo. De lo contrario no anduviera aún supervisando uno a uno los consultorios, controlando el Programa del Adulto Mayor y caminando de una punta a la otra del pueblo arrastrando, a veces, un bastón que le sirve más de compañía que de apoyo. Tiene cuerpo y alma de niña, lo único raro son los surcos en la cara, la espalda doblada y la cofia tan ancha, esa especie de altar al que se ha consagrado y que lleva, invariablemente, todos los días encima de la cabeza.

¿Pero qué edad es la que usted tiene? —pregunto, ya intrigada.

Solo ríe y luego, como quien no quiere las cosas, sugiere: “Pon ahí la que tú creas”.

6 comentarios

  1. Esta gran mujer partió pero siempre vivirá en mi corazón.

    • Que casualidad, hoy le estan haciendo homenaje en el Balance de la Sociedad Cubana de Enfermería espirituana y para hacer una relatoria del evento hemos consultado este trabajo y veo que también usted le hace un comentario al artículo, cada trabajador de la salud y la población espirituana que conoció a la seño Evidia Álvarez no la olvidamos, porque a pesar de tener una altura moderada fue una mujer gigantezca de corazón

  2. MARIA DEL CARMEN ALVAREZ

    FELICITACIONES PARA MI TIA EVIDIA,UNA MUJER PEQUEÑA DE ESTATURA,PERO CON UN GRAN CORAZON,LA ADMIRO…..

  3. Ohhh!!!!!, que sorpresa , pero a quién si no es a ella iban a tomar de ejemplo para resaltar una vez más por este 3 de diciembre en Cuba , “Día de la Medicina Latinoamericana y de los trabajadores de la Salud”. Al partir de Cuba a misión me fui con el corazón roto porque la dejé en condiciones que creí que no soportaría por estar hospitalizada con su fractura de cadera y a todos los enfermeros que he podido les he encargado irla a ver , que no dejaran de elevar su AUTOESTIMA y ya ven colegas ALLI ESTA!!!! , ALLI ESTÁ !!!!PERO NO LA PUERTA DE ALCALA, ESTA LA DE SIEMPRE ,MI PROFESORA , MI EJEMPLO A SEGUIR Y EL DE TODOS , LA INCANSABLE HEROINA DE LA ENFERMERIA : EVIDIA, la seño. FELICIDADES !!!!. Lic.MsC. Nidia Valdivia. Cuba- Ecuador
    ” EL MUNDO SE ENORGULLECE CON SU EJEMPLO QUERIDA PROFESORA DE LA ENFERMERÍA CUBANA”

  4. Gran mujer y gran profesional, la conoci desde niño, mi madre la estimaba mucho, creia que habia muerto, y mirala ahi, trabajando

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