La zafra arrocera de La Sierpe

La cosecha arrocera en Sur del Jíbaro creció un 26 por ciento respecto al año anterior.Aunque el central Natividad, último reducto azucarero de estos predios, cerró sus operaciones hace más de tres lustros y los lugareños de El Jíbaro juran y perjuran que allí jamás ha crecido un plantón de caña, Rodobaldo Rodríguez, un veterano de la industria arrocera, sostiene que en la zona siguen haciendo zafras “y de las largas”, porque al menos a ellos les duran nueve meses.

Aunque el central Natividad, último reducto azucarero de estos predios, cerró sus operaciones hace más de tres lustros y los lugareños de El Jíbaro juran y perjuran que allí jamás ha crecido un plantón de caña, Rodobaldo Rodríguez, un veterano de la industria arrocera, sostiene que en la zona siguen haciendo zafras “y de las largas”, porque al menos a ellos les duran nueve meses.

De abril a enero extienden la cosecha del arroz los trabajadores de la Empresa Agroindustrial de Granos Sur del Jíbaro y los cooperativistas de las UBPC, CPA y CCS de la Sierpe, que en las últimas horas superaron las 122 577 toneladas del producto húmedo en cáscara, equivalentes a 56 301 toneladas listas para el consumo, cifra esta última que representa un crecimiento del 26 por ciento respecto a lo cosechado en el año anterior.

En Sur del Jíbaro, entidad rectora de toda la producción del cereal en la provincia de Sancti Spíritus, quieren aprovechar los días que les restan al año para elevar su producción de arroz húmedo hasta las 128 000 toneladas (alrededor de 60 000 toneladas ya descascaradas), lo cual pondría a la empresa relativamente cerca de su cota histórica.

Más allá de los números, necesarios pero casi siempre fríos, lo alcanzado en el 2013 confirma la recuperación y la tendencia al crecimiento en la principal arrocera del país, que del 2010 hasta hoy prácticamente cuadruplica sus entregas.

Orlando Linares, quien lleva las riendas de la empresa desde hace varios años y, según dice, nunca ha creído en milagros, considera que el resultado es hijo, en lo fundamental, de un ambicioso programa inversionista que viene repercutiendo de manera radical tanto en la agricultura como en la maquinaria y la industria.

“Este año sembramos unas 2 000 hectáreas más —explica Linares—, pero el salto está dado por el incremento de los rendimientos agrícolas, por una mejor organización de la cosecha que ha permitido recolectar dentro de los parámetros exigidos el 94 % de la producción y, por supuesto, por una atención agrotécnica superior, aspecto en el que ha sido determinante el papel de la aviación agrícola que, como se sabe, interviene en el 90 % de la actividad arrocera”.

LA FÁBULA DEL DRAGÓN

“Es verdad que todos los meses nos echamos más de 2 000 pesos al bolsillo, pero para eso hay que darle unas cuantas patadas al tenedor”, argumenta terraza adentro uno de los anegadores de la UBPC Mapos, considerada entre las unidades con mejores rendimientos agrícolas en todo el país.

El mito de que Sur del Jíbaro era como una especie de dragón moderno que todos los años, silenciosamente, se tragaba una presa, reflejado en estas propias páginas a finales del 2010, ha venido transfigurándose poco a poco con el apego a las normas de consumo, la disciplina tecnológica y, más que ellos, con las enseñanzas de la naturaleza, que en ese propio año puso en ascuas a la presa Zaza y dejó a la arrocera en apenas 15 000 toneladas.

Si para aquel entonces los responsables de ordenar el riego en Sur del Jíbaro reconocían sobregiros de 3 000 o 4 000 metros cúbicos por hectárea (m3/ha) e incluso a veces superiores, hoy día el gasto ha sido ajustado a las normas de 16 150 m3/ha en primavera y 17 350 en frío, una cuantía que viene asegurando sin mayores contratiempos los incrementos planificados en la producción arrocera.

La reparación de más de 500 compuertas en los últimos tres años (alrededor de la mitad de las existentes en la empresa), la sustitución de hidromecanismos, el aumento del control y el chequeo sistemático por unidades, la capacitación del personal —sobre todo los anegadores—, la adopción de estrategias para evitar el robo de agua y el llamado reuso de la misma, figuran entre las principales medidas implementadas para reducir el consumo.

DE LA TERRAZA AL SACO

Siete secaderos con capacidad de recepción de 900 toneladas diarias y cinco molinos diseminados por la Sierpe (Las Nuevas y Ta-marindo), Sancti Spíritus (Ángel Montejo y Manolo Solano) y Yaguajay (antiguo central Victoria) completan la infraestructura industrial para el procesamiento de todo el arroz producido en la provincia espirituana y de cifras no despreciables llegadas desde las vecinas Villa Clara y Ciego de Ávila.

Directivos y expertos vinculados al sector coinciden en que una de las mayores conquistas del antiguo CAI Sur del Jíbaro en los años más duros del periodo especial fue no deshacerse de ese potencial, que, no obstante perdurar, se encontraba herido de gravedad al mo-mento de iniciarse la recuperación arrocera, una estrategia del país que busca autosuficiencia alimentaria y al mismo tiempo, reducción de la factura importadora nacional.

Todavía en agosto del 2011 la combinación de fallas en la industria molinera y la falta de capacidades para el almacenamiento de arroz seco en cáscara formaron aquí un cuello de botella que puso en jaque la cosecha, justamente cuando la maduración se acrecentaba por horas en las terrazas.

El proyecto inversionista y de mantenimiento seguido en los últimos tiempos en la entidad —para ambas partidas solo en el corriente 2013 están previstos 15 millones de pesos para sistemas de riego, maquinaria, infraestructura industrial y almacenaje— viene asegurando un crecimiento armónico de la producción sin mayores sobresaltos en los distintos eslabones que la soportan.

A modo de ejemplo, Orlando Linares expone la renovación de más del 60 % del parque de cosechadoras y remolques con las inversiones de los últimos años y la adquisición, en el corriente 2013, de más de 400 equipos diversos, sin precedentes en Sur del Jíbaro, al me-nos en las décadas más cercanas.

Para el 2014 la empresa apuesta por reconquistar su producción cimera —70 000 toneladas de arroz consumo—, un lance que, según dicen, comenzó aquí cuando hace algunos días los aviones regaron las primeras semillas de la cosecha que viene.

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