Molino Ángel Montejo logra mayor calidad en el procesamiento de arroz

La calidad del proceso, una preocupación permanente.Pese a la tecnología atrasada el molino Ángel Montejo logra calidad en el procesamiento de arroz y asimila nuevos pasos industriales.

“Dichoso el que pueda consumir el arroz que sale del molino Ángel Montejo”. La afirmación de Humberto Gómez Valdivia, jefe de mantenimiento de la industria radicada en la carretera de El Jíbaro, en Sancti Spíritus, parece buscarle las cosquillas a los consumidores que no siempre tienen delante un producto de calidad; mas, él mismo defiende su teoría: “Llevo 30 años aquí y te puedo asegurar que el arroz nuestro se conoce entre todos los demás, por su blancura”.

Con más de 60 años de explotación la actual Unidad Empresarial de Base Ángel Montejo, perteneciente a la Empresa Agroindustrial de Granos Sur del Jíbaro, no apostó a la muerte por envejecimiento tecnológico; sus hombres y mujeres, en particular, los innovadores, se aferraron a cuidar la salud del viejo molino “y gracias a ese movimiento y a la aplicación de la ciencia y la técnica hemos podido mantener una industria tan atrasada en buen estado técnico”, asiente Humberto Gómez.

Conocida décadas atrás por la elaboración de arroz precocido, la planta se incluye entre las cinco que molinan el cereal en la provincia, con un protagonismo en ese paso final del proceso nada despreciable, porque de sus esteras sale ensacado alrededor del 17 por ciento del arroz consumo que se produce en Sancti Spíritus con destino al balance nacional, que equivale este año, como plan, a unas 7 000 toneladas.

BLANQUEO VERTICAL

La tecnología moderna utiliza el blanqueo horizontal, pero debido a la antigüedad del molino ese proceso allí es vertical. “El hecho de ser de esta forma y haber mayor volumen de arroz en proceso trae consigo que se alargue el tiempo de exposición del grano a ese paso del pulido y de ahí sale la blancura. Tenemos aprobadas inversiones para el 2014 a fin de mejorar la productividad y la calidad, pero el flujo de producción seguirá siendo vertical”, explica el jefe de mantenimiento.

Si un medidor distingue hoy a la industria es el rendimiento. El pasado año ese parámetro alcanzó un 64.6 por ciento; para esta campaña planificaron obtener 67.2 y “estamos logrando un 68 por ciento, nunca habíamos llegado a ese nivel, que de cada 100 granos que se molinan, obtenemos 68”, refiere Alien Veitía Pérez, jefe de producción.

Otro desvelo del colectivo es reducir el índice de partidura, “por eso nos proponemos entregar arroz al 20 por ciento -de cada 100 granos tiene el 20 por ciento de arroz partido- que se considera un grado de elaboración bueno y en ello incide la calidad de la materia prima”, expone Veitía.

Una regla inviolable sostiene cada resultado: “Aquí el mantenimiento es ley; el que tenga una industria y no respete eso, se queda sin fábrica”, argumenta Humberto.

UNIDAD INTEGRAL

El sentido de pertenencia de los más de 80 trabajadores hizo alianza con las inversiones que transformaron el pequeño molino y lo convirtieron en una unidad integral, que puede realizar los demás pasos del proceso industrial: secado y almacenamiento.

La modificación tecnológica acondicionó la línea de precocido para asimilar el secado, de ahí que en el actual pico de la cosecha aspiran a recibir del campo unas 3 000 toneladas de arroz húmedo. Dicha novedad, además de aliviar a los secaderos de La Sierpe, posibilita el empleo de la cáscara como combustible para tal fin, lo cual la convierte en la única planta de este tipo en el país en trabajar bajo ese esquema.

Aparejado al proceso de secado nació en el 2013, de forma experimental, la utilización de las cenizas derivadas de la quema de la cáscara como cobertura de altos hornos en la industria Antillana de Acero, que importa esa materia prima. “Este año tenemos contrato para suministrarle la ceniza a costos inferiores a los del mercado exterior, por lo que haberle encontrado uso a ese residuo tiene un impacto económico y también ambiental”, afirma Humberto Gómez.

El pequeño complejo industrial en que se ha convertido el Ángel Montejo como parte del programa inversionista que se acomete en el arroz tuvo un paso esencial con la instalación de dos silos refrigerados de almacenamiento, con capacidad cada uno para1 400 toneladas, los cuales garantizan la continuidad productiva.

Desde el laboratorio, Nilda Pérez Morgado controla la producción auxiliada de un moderno probador de arroz, equipo que permite trazar las características y los parámetros de cómo va a trabajar el molino para velar por la calidad de todo el proceso”.

“Si no aplicamos la innovación este molino hace rato que estuviera cerrado -afirma Humberto Gómez- porque aquí lo que se hacía era el arroz precocido y eso decayó. Ahora esta industria es la mejor unidad integral de la Empresa Agroindustrial de Granos Sur del Jíbaro y hoy no se concibe el programa de desarrollo en este sector sin el Ángel Montejo”.

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