Añoranza por las tradiciones canarias

Proyecto Añoranza, creado desde el año 2008. Foto Cortesía del Proyecto.El proyecto cultural Añoranza, integrado por niños de las escuelas primarias de Santa Lucía y Pozas del municipio de Cabaiguán, fomenta el rescate de las tradiciones canarias.

Por Liannys Pérez González.

El público aguarda en silencio. Las parejas se encuentran frente a frente. Sus cuerpos paralelos y las manos unidas esperan el momento preciso para marcar un paso por tiempo. En instantes rompe la música que contagia y seduce con su ritmo movido. Es un pasodoble canario de Los Sabandeños titulado Mis siete islas.

Los bailarines, de poco más de un metro de altura, al compás de las castañuelas escenifican con movimientos bruscos, desplazamientos abarcadores y un leve zarandeo de las caderas, en el caso de las niñas, la valía de los toreros en la plaza.

Se celebra, como parte de las tradiciones canarias en el municipio cabaiguanense, el enrame de la Cruz de Mayo. ¿Los responsables de la función? El proyecto Añoranza, creado desde el año 2008 e integrado por alrededor de 20 niños de las escuelas primarias 26 de Julio y Mariana Grajales, de las localidades de Santa Lucía y Pozas, respectivamente.

IDEAS EN CIERNES

Evocar las más genuinas tradiciones de aquellos isleños que llegaron un día a Cabaiguán y dejaron en España no solo su familia, sino toda su idiosincrasia y acervo cultural, devino propósito de una madre y su hija, a quienes les toca de cerca esta historia.

Para Ana Alicia Prieto Pérez, organizadora del proyecto Añoranza y miembro por más de 20 años de la Danza Isleña de Pozas, recordar las ansias del abuelo canario por regresar a su patria siempre le trae nostalgias.

“Mi abuelo era un guajiro que cultivaba tabaco, él siempre decía que ojalá un día pudiera volver a Canarias y ver otra vez la casa donde nació, todos los lugares que le gustaban y le recordaban a su familia. Precisamente de esa añoranza de mi abuelo, de mi suegro José García, fundador de la Danza Isleña de Pozas, y otros que como ellos sentían igual, surge la idea del proyecto, a partir de que mi hija Yaíma se gradúa de la Escuela de Instructores de Arte y comienza a trabajar con los niños.

“Ella desde niña me decía: ‘Mima, yo quiero cuando crezca ser cantante’, pero cuando llegó la oportunidad de estudiar en la escuela de arte cambió su gusto porque vio lo útil que podía ser como instructora. Fue entonces que al graduarse me dijo que quería hacer algo que abarcara todas las manifestaciones del arte, donde pudiera tener niños que cantaran, bailaran y actuaran”.

Y el sueño de Yaíma García Prieto se materializó el 20 de octubre de 2008 con niños de la Escuela Especial Julio Antonio Mella, de Cabaiguán, lugar donde trabajaba por aquel entonces la instructora de arte. Como parte de los festejos por el Día de la Cultura Cubana, se presentó por primera vez el proyecto Añoranza, contaba con seis parejas de baile y un pasodoble.

“Recuerdo que fue difícil montar el pasodoble porque eran niños muy pequeños, pero por fortuna todo salió bien”.

No obstante, después de su iniciación Añoranza vivió momentos de incertidumbre al trasladar a Yaíma a la escuela 26 de Julio de Santa Lucía. “Al irme para otro centro me era difícil ensayar con los niños de Cabaiguán, porque además yo soy de Pozas. Entonces tuvimos mi mamá y yo que comenzar de nuevo”.

“De las peripecias y vicisitudes hay para escribir un libro —comenta sonriente Ana—. Comenzamos a captar niños nuevamente, yo ayudaba a mi hija dentro de mis pequeñas posibilidades porque la especialista es ella. Pasamos mucho trabajo, los niños iban a ensayar caminando más de 2 kilómetros porque a veces no tenían en qué ir, se ensayaba en el portal de mi casa o dentro de la sala si llovía”.

EL PROYECTO CRECE

A quienes llevan el arte en la sangre les resulta imprescindible expresarlo en la totalidad de sus posibilidades. Quizás por ello Ana y Yaíma necesitaron que Añoranza creciera e incorporara en su seno, además del pasodoble, la isa, otro baile típico de Canarias, más alegre y que junto a la folía y la malagueña componen el tronco del folclore canario.

“La isa es un baile difícil, al principio dudé, pensé que los niños no serían capaces de aprenderla, pero confieso que me sorprendieron, la bailan con tanta maestría y naturalidad que a uno le dan deseos de llorar cuando ellos terminan”, acota Yaíma.

El proyecto se nutrió, además, de diferentes espacios que abarcan casi todas las manifestaciones del arte. Comienza con una obra teatral, luego las danzas, la música en el intermedio y termina con la declamación de las décimas. Estas últimas y el guion de teatro, de la autoría de Ana, narran la historia de la llegada de los isleños al municipio.

¿Cómo se debate entre su profesión de maestra, madre, ama de casa, escribir décimas y hasta crear el guion de una obra de teatro?, indaga Escambray.

“Nada es fácil, me ayuda que amo cada cosa que hago y le pongo tanto interés y deseos que al final más o menos me sale bien. Te cuento que hay días en los que me levanto a las dos o las cuatro de la madrugada con una idea en la cabeza y comienzo a escribir. Otras veces encuentro en algún rincón guiones o décimas a medio hacer y las termino o perfecciono. Todo lo hago empíricamente porque no tengo ninguna formación artística”.

Añoranza muestra en sus presentaciones una exposición de artesanía, que contiene tejidos con hilo y paja de maíz, típicos de Canarias; también objetos de madera en miniatura como pilones y taburetes. Se exhiben, además, comidas como harina con empellas, buñuelos en almíbar y vinos, entre otros representativos de la cultura isleña.

VÍNCULO CON LOS NIÑOS

Héctor Alberto González reciéntmente terminó sus estudios primarios en la escuela 26 de Julio, baila el pasodoble, la isa e interpreta en la obra de teatro dos personajes bien diferentes: un campesino cubano y otro isleño. Sobre su experiencia comenta: “Es muy difícil porque lleva mucha agilidad, tengo que cambiarme de traje en medio de la actuación para interpretar al campesino, para eso practico mucho, hasta en mi casa. Siempre me pongo nervioso antes de empezar la función, después se me va pasando y creo que me sale bien”.

Para Yaíma, el componente esencial de Añoranza son los pequeños: “Ensayar es un poquito difícil porque hay que reunir a los músicos de la Danza Isleña, en la que nuestro proyecto se inserta, y a los niños de Pozas y Santa Lucía. Por lo general practicamos después de las 4:30 o las 5:00 p.m. A veces trabajamos un mes entero cuando tenemos alguna función y todo eso requiere de mucho sacrifico de los niños, quienes cooperan siempre”.

Rocío Gutiérrez y Dainelis Álvarez, ambas miembros del proyecto y alumnas de la escuela 26 de Julio que recién pasaron para el sexto grado, coinciden en que esta experiencia les ha permitido hacer algo nuevo, conocer de bailes y cantos típico de la cultura canaria en el territorio.

“Trabajar con los niños siempre es lindo. Hemos recibido el apoyo de muchas personas, sobre todo de los padres, que cooperan con la confección de los trajes de los pequeños. Yo he cosido muchas ropitas pero a veces no me da tiempo de hacerlas todas. La escuela y los maestros han trabajado prácticamente a la par nuestra y la Casa de Cultura de Cabaiguán y las cooperativas cercanas nos han brindado espacios para las presentaciones”, alega Ana.

Aunque el proyecto tendrá un receso obligatorio porque Yaíma una será madre, el espectáculo continuará y cuando la música deje de sonar, termine el baile y con ellos la función, los aplausos lloverán porque más de uno de los allí presentes, con sangre isleña en sus venas, apreciará el talento de estos niños y sentirá añoranza por las tradiciones canarias.

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