El vuelo de los “mosquitos”

Más de 700 espirituanos laboran como operarios de vectores.Incomprendidos por muchos y reconocidos por pocos, los operarios de vectores han salvado, durante años, a miles de espirituanos.

Tía, déjeme pasar a echarle un looking a los tanques… ¿Y aquel vasito con agua? Bótelo, pura, y le hace una recogidita al patio, que si lo deja le pueden crecer mosquitos… y hasta hurones.

Tiene ojos de lince. Husmea cada rincón como quien acostumbra a andar al acecho de alguien. De pie, en la sala de la casa reitera una a una las amenazas. Mas, las recomendaciones que se escuchan no peinan canas, vienen de un joven con pantalón gris tubo y camisa tan apretada en las mangas que casi parece tatuado en uno de los bíceps el letrero azul donde se lee: Campaña de Lucha Antivectorial.

No es un caso fortuito. Más de 700 espirituanos con traje y gorra grises —identificación inequívoca de operarios de vectores—, linternas, pomos de Bactivec, pastillitas para los ratones, espejos… y con otra sarta de implementos “invaden” diariamente las viviendas en una cruzada por la salud que comenzó hace ya más de tres décadas.

SANADORES PUERTAS ADENTRO

Desde 1981, cuando Cuba enfrentó una de las más grandes epidemias que se recuerden, nacería un ejército sanitario sui géneris y sin parangón en otro lugar del planeta: los operarios integrales de vectores. La misión, desde entonces y hasta hoy, sería identificar los riesgos que existen en el hogar para salvar a la población de cualquier enfermedad trasmisible.

“Este es el primer eslabón en la prevención de Salud Pública —asegura la doctora Asiris Pérez Pérez, directora del Centro Provincial de Higiene, Epidemiología y Microbiología (CPHEM) —. Todo comienza con el trabajo del operario en la vivienda, que es muy técnico y de mucho detalle. Gracias a esa labor, Sancti Spíritus nunca antes había estado involucrada en una epidemia como las que se han dado en otros lugares del país”.

Pero, innegablemente es un oficio que ha cargado con el estigma de la discriminación. De lo contrario, no existiera un déficit de más de un centenar de operarios, cifra que se agrava —sobre todo— en los municipios de Sancti Spíritus y Jatibonico. Para intentar atenuarlo se mantienen abiertas las puertas de los órganos de trabajo y de las áreas de salud de los distintos territorios.

Y, aunque se crea, para ser “de los mosquitos” no solo hay que tener buena disposición física para caminar horas y horas bajo el sol; se requiere —actualmente— de duodécimo grado de escolaridad, de una trayectoria laboral, en caso de tenerla, con buenas evaluaciones; de no presentar antecedentes penales y de probados principios éticos y morales, cuestiones que en otros tiempos han contribuido a denigrar su imagen.

“Lo que más afecta es que las personas no están muy capacitadas y eso a veces impide que el trabajo tenga calidad y que sean bien aceptadas por los moradores. Lo principal es el conocimiento”, afirma Michel Muela con la sapiencia que le ha granjeado su desempeño como supervisor del área sur.

EDUCAR: EL PRINCIPIO

Una vez al mes, todas las casas de Sancti Spíritus son revisadas del patio al portal, casi con lupa, por los denominados “mosquitos”. En las áreas rurales, en cambio, se auscultan bimensualmente. Pero no se necesitan luces infrarrojas para detectar los minúsculos huevos prendidos de las paredes de los tanques ni para descubrir las larvas creciendo hasta en el hueco de un árbol; se precisa, únicamente, de un olfato adiestrado por la práctica y sustentado en la teoría.

Según la directora del CPHEM, para elevar la calificación de los trabajadores de la campaña, “desde el pasado año se abrieron dos nuevos perfiles: obrero calificado en control de vectores —para los estudiantes de noveno grado— y técnico medio en vigilancia y lucha antivectorial para el duodécimo grado. En estos momentos tenemos en formación 25 obreros calificados y más de un centenar de técnicos medios”.

No siempre nace de la vocación, pero del aprendizaje diario dependen no pocas motivaciones. Así lo revela Manuel Reyes Fons, quien quizás optó por el técnico medio más como una vía de superación que como la primera opción de sus gustos. “Estoy en primer año y cuando uno se va adentrando más y va conociendo, descubre que la carrera es bonita”.

Creerlo así depende también de una labor que comienza frente al pizarrón. Tampoco lo duda Arnaldo García Iznaga, biólogo de título y maestro de profesión, quien tiene la responsabilidad de impartir la asignatura de Vigilancia y lucha antivectorial en la Filial de Ciencias Médicas Manuel Piti Fajardo: “Ya en ellos se ve un mayor interés y más motivación por la carrera. Son 11 asignaturas que redundan en elevar los conocimientos de los futuros operarios, porque para serlo hay que tener educación”.

Implica, además, gastar las suelas de los zapatos detrás de quienes “olvidan” abrir las casas; revisar una y otra vez, como si fueran propias, más de una veintena de viviendas diarias; ganarse la confianza de los moradores… escribir, a veces desde el más cruel de los anonimatos, páginas de salvación.

“Los trabajadores de la campaña son los que posibilitaron cortar la trasmisión local de dengue que hace unos meses se dio en el municipio cabecera y controlar la situación de Trinidad para evitar que se extendiera y se contagiaran más personas”, reconoce Pérez Pérez.

Por eso, desde temprano, las calles se vuelven un enjambre de cuerpos grises que entran y salen de las casas. Algunos llevan años con las linternas a cuestas; otros, apenas, se inician en el ignoto mundo de las larvitrampas. En medio del ajetreo, en el portal de la esquina un muchacho de camisa apretada, en la que puede leerse Campaña de Lucha Antivectorial, da recomendaciones.

“Tía, ya sabe, haga lo que le dije, si no…”. Solo entonces pide: “Déme el visto” y con letras largas estampa su firma en el papel y escribe: 16 de mayo del 2014.

RECUADRO:

Yo soy una autoridad

Quizás la tarde aquella en que la voz materna le confirmó, entre sollozos: “Juan Miguel, ven que tu hermanita está mal”, fue uno de los días más dolorosos de su existencia. Quizás fue aquel amargo suceso, lo que le hizo jurar permanecer hasta morir en la Campaña de Lucha Antivectorial.

“Mi hermana murió de dengue. Por eso yo me he entregado a la campaña y me esfuerzo para que tenga resultados satisfactorios, para que más nadie pase por lo que yo sufrí”, confiesa Juan Miguel Cepeda Martínez, quien desde hace 12 años es operario de Vectores.

Es un oficio retomado. Antes, en Santiago de Cuba, a donde fue a parar luego de que se graduó en La Habana de técnico de la organización del trabajo, había sido fundador de la Campaña de Lucha Antivectorial, allá en la década del 80. Desde entonces lo ha acompañado la misma certidumbre: “Los operarios debemos darnos a respetar y tenemos que estar bien preparados para poder explicarle y convencer al morador”.

De tanto andar por el área sur espirituana, donde trabaja, no hay quien le pase gato por liebre y más de una vivienda ha abierto puertas con su sola presencia. “A mí me conocen en las 13 000 casas que tiene esta área y nunca me han negado la entrada. Pero ese respeto se gana con ética y con moral”.

Cualidades que le han valido, junto a ese trabajo incesante casa a casa encima de la bicicleta o a pie, la condición de destacado municipal años atrás y otros tantos reconocimientos que archiva como si fuese un trofeo.

“Para mí es un honor pertenecer a la campaña. Llevar este uniforme es igual que un fusil para un militar en una guerra. Es mi orgullo, porque nosotros cuidamos la salud de la población. Lo he defendido con respeto y por eso, aquí, yo soy una autoridad”.

2 comentarios

  1. samuel rodriguez

    un saludo a todos eso operarios que ayudan dia a dia a controlar y en ocasiones a combatir esta enfermedad desde los hogares nuestrosjunto al resto del personal

  2. samuel rodriguez

    yo estuve acompañandolos en trinidad y vivi una experincia grata ademas de aprender y comprender mucho mas ese universo es muy necesario yo en lo personAl tuve dengue y es bastante malo debemos concientizar la necesidad de cumplir las medidas para conbatir esa enfermedad que deja miles de muerte en el mundo

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