La zurda de Dios – Escambray

La zurda de Dios

De zurda ha conseguido posiciones de privilegio entre los públicos afiebrados por el fútbol.Maradona y Víctor Hugo prueban que también en fútbol nuestro norte es Telesur

Cuando golpeó el balón con la mano izquierda, el 22 de junio de 1986, Diego Armando Maradona ni siquiera lo pensó: desaforado y teatral, como ha sido desde entonces, se lanzó en una carrera vertiginosa sobre la grama del Estadio Azteca de Ciudad México, se dejó caer de rodillas frente al graderío, se estiró la camiseta, alentó la euforia de la muchedumbre con sus gritos de guerra… En fin, simuló un gol.

El árbitro, que debe andar aturdido aún por los aspavientos del argentino, no podía imaginar que 28 años más tarde Maradona alardearía frente a las cámaras por aquel gol que no fue, al punto de preferirlo por sobre sus jugadas memorables, incluida la que protagonizara apenas unos minutos después en el mismo partido frente a Inglaterra y que los expertos han calificado como la más espectacular de la historia.

El Diego de la gente que reivindicó el orgullo herido de las Islas Malvinas con un golazo de contrabando, el pibe adorado por medio mundo protagonizaría luego, sin embargo, una tanda de penaltis frente a las drogas que, como cada determinación en su vida, se convirtió en un asunto de interés público y debate internacional. “Maradona se rehabilita en Cuba”; “La mano de D10S en la isla de Castro”, vociferaban los periódicos.

Similar dosis de desconcierto levanta hoy, cuando se lanza al ruedo del Mundial, no como en la cita de Sudáfrica, con brincos y exabruptos de histeria al volante de la selección argentina; sino como conductor, junto a Víctor Hugo Morales, del programa televisivo De zurda, iniciativa de la multinacional Telesur que ha conseguido posiciones de privilegio entre los públicos afiebrados por el fútbol.

(De hecho, exponiéndome a la hora De zurda me pregunto cómo quedaría Víctor Mesa si Tele Rebelde le concediera apenas 15 minutos diarios para disertar sobre pelota).

Justamente la controversial presencia de Maradona, con sus desplantes antológicos, las veleidades de su carácter y muy a pesar de sus frases ininteligibles, ha disparado los niveles de audiencia de un espacio que mata dos pájaros con el tiro de su nombre: por un lado, rinde culto al pelotazo de mano que Argentina hizo pasar por gol en los cuartos de finales de México 86; por otro, explicita desde el preámbulo —como si fuese siquiera necesario— la acera ideológica desde la que se mira el Mundial en estas tierras del sur.

El mismísimo evento pareciera correr hacia las porterías de izquierda. España y Portugal, antiguas metrópolis de América, se repliegan a sus predios de ultramar mientras las otrora colonias sorprenden con un juego osado y provocador: Colombia, Costa Rica, Uruguay, Argentina, Brasil…

Pero basta de política, que en el gigante sudamericano se dirime hoy el Mundial de Fútbol, no el modelo de integración para los países del hemisferio; y el certamen responde, lógicamente, a los preceptos de la FIFA, no a los acuerdos de cooperación deportiva de la Celac.

Los patrocinios de la competencia explican, por ejemplo, que un tema sin gracia como We are one, interpretado por Jennifer López, Pitbull y Claudia Leitte, haya sido seleccionado para identificar el Mundial de Brasil; por demás, con un video promocional que recurre a las mulatas voluptuosas del carnaval de Río de Janeiro. Puro facilismo.

Será que las transmisiones de la televisión cubana intentan inocularme el orgullo latinoamericano en vena a fuerza de reiteración, pero yo prefiero las composiciones brasileñas y hasta el propio tema de presentación del espacio De zurda por sobre el enlatado de Pitbull y J.Lo; incluso, por sobre el La la la de Shakira, quien se ha convertido, al decir de una colega, en “un producto más visual que sonoro”.

La omnipotencia estética y ética de la FIFA en el Mundial, el desparpajo con que campea por su respeto dentro y fuera de los estadios, las decisiones más controvertidas de árbitros y directores técnicos, los escándalos que se filtran en la grama del Maracaná y un largo, larguísimo rosario de asuntos futbolísticos terminan siendo analizados por Maradona y Víctor Hugo Morales en un espectáculo audiovisual que se ha robado el show otrora concebido para el cotilleo farandulero y las predicciones del pulpo Paul.

De modo que la tertulia nocturna, prácticamente improvisada por el Pibe de Oro y magistralmente conducida por el comentarista que describió el manotazo providencial frente a Inglaterra, no es un programa más en la parrilla de Telesur, sino un partido de afectos mutuos entre dos argentinos “de zurda” que comenzó el 22 de junio de 1986.

Publicado originalmente en Cuba profunda, blog personal de la autora.