Las culpas se ahogan en el Yayabo

Yayabo nace a un lado de Caballete de Casa y se extiende por casi 37 kilómetros hasta la presa Zaza.Pese a cierta mejoría, los residuos que a diario contaminan el río perjudican su imagen y amenazan la salud de los espirituanos.

La calle muere allí, justo en el balcón tras el cual se esconde la debacle. Metros más adelante, el río. Tras los balaustres, un tanque metálico en forma plana, bolsas de nailon repletas de desechos orgánicos, pomos plásticos, fragmentos de madera y un trozo de pared. Más a la izquierda, la taza sanitaria, en esa presumible pretensión de que cualquier sólido se disuelva en líquido.

El Yayabo luce pujante y hasta algo presuntuoso. Encima de la colectora de albañales que se alza paralela a la margen, dos muchachos con una tarraya pescan tilapias de tamaños diversos. Uno de ellos exhibe un ejemplar mediano que será, según dice, alimento para cerdos, en tanto la expresión del otro, con cara de quien explica lo obvio, confirma un destino diferente: “Estos son los que se venden en la calle…”.

Luego de atravesar recodos del Centro Histórico espirituano, la inyección de agua negra se une a la corriente. Aquel es uno de los tantos puntos a través de los cuales el Yayabo se estrella contra la pulcritud añorada por décadas.

“Esto no tiene arreglo. Aquí echan cualquier cosa y si te metes te buscas un problema”, opina desde lo alto de su ventana Armando, el vecino de una vivienda empotrada en la orilla, mientras arroja el cabo de un cigarro. “Debieran aprovechar eso ahí para un parquecito u otra obra social, así se acabaría el problema”, se arriesga en una sugerencia.

COPIAS CONTAMINANTES

Copias de un fenómeno casi tan largo como la longitud misma del río pueden hallarse en disímiles tramos y suscitan la inquietud de lectores que escriben a Escambray. Desde el Puente Balneario, el declive entre los domicilios y las aguas semejan basureros. En el cauce o sobre promontorios pétreos, cadáveres de especies animales, porciones de osamentas, objetos de rituales religiosos, desperdicios disímiles que inundan de hedores el ambiente, contaminan la orilla, profanan la cinta húmeda de la ciudad cortada en dos.

“Aquí deberían poner un inspector. Nosotros velamos, pero no nos hacen caso. Son tan descara’os que tú les dices ‘no botes’ y prácticamente te mandan pa’ la mierda”, confiesa una vecina en una de las exhortaciones a esta publicación para abordar el tema que desvela a muchos, ocupa a no pocos y constituye una cruz casi tan vieja como la propia villa que ahora cumple 500 años.

La suya no es alarma estéril. Si al río le entrara tanta agua como basura, estaría siempre repleto. Y si por cada cubo o saco de desechos que vierten hacia él los indolentes fuesen multados, mucho dinero podría recaudarse para el mismo fin que, por falta de financiamiento, ha debido posponerse por décadas enteras.

“El tema del río quedó varado en el año 1986, cuando la provincia fue sede de las celebraciones nacionales por el 26 de Julio y se acometieron trabajos relacionados con la disposición de residuales. No se ha avanzado más, pese a ser un problema de gran envergadura”, declara Alberto Eirín González, delegado provincial de Recursos Hidráulicos.

Según asegura, se necesitaría forzosamente cambiar la obra de toma del Acueducto, pues todos los residuales del Camino de la Habana y de la zona sur del Camino de las Cañas van a parar aguas arriba; pero tal fin demandaría millones de pesos.

“Los residuales son sumamente caros. Lo que vamos a hacer son ‘aspirinitas’ para aminorar un poco la carga contaminante. La estamos trasladando, más bien, para que se incorpore al río ya fuera de los límites de la ciudad”, ilustra Eirín, que en otras oportunidades ha expuesto la urgencia de un sistema de alcantarillado para la ciudad con todas las de la ley, incluido un adecuado tratamiento de residuales, que solo se avizora a muy largo plazo.

Los paliativos a que se refiere son los que ya se ponen en práctica con miras a la celebración del próximo 4 de junio, fecha para la cual se espera haber acometido la rehabilitación y el mantenimiento de la colectora de residuales de 200 milímetros existente desde el puente de la vía férrea cerca de la antigua fábrica Nela hasta la Estación de Rebombeo de agua residual, ubicada junto a la otrora Quinta de Santa Elena. También, la rehabilitación en la colectora de impulsión de residuales del mismo diámetro ubicada en la margen izquierda desde la mencionada estación hasta el sifón de la calle Dolores (final). Justo en ese lugar se prevé el revestimiento de la cañada con cajones de 2 por 1 metro, atendiendo a la amenaza medioambiental y a constantes planteamientos de los vecinos próximos al sitio.

La más compleja de las tareas consiste en la colocación de dos colectoras de residuales, una en cada margen del río desde el Puente Peatonal hasta el Balneario, para asimilar los desechos provenientes de las casas en ese segmento, problemático en cuanto a vertimientos a la corriente de agua. Por causa de indisciplinas e ilegalidades que propiciaron construcciones muy arrimadas a las orillas dicha obra deberá ser acometida de manera manual. “Está en papeles, queremos entrar allí desde hace tiempo y no podemos porque las viviendas fueron edificadas dentro de las propias márgenes del río. Hay casas, tapias, cercas, corrales que resulta imposible sortear con equipos. También peñascos, a los cuales ojalá puedan llegar las máquinas”, precisa el delegado.

Todos cuestionan, proponen, reprueban, pero no muchos contribuyen. Fredesman Jiménez Bravo, director provincial de la Empresa de Acueducto y Alcantarillado Sancti Spíritus, sostiene que en meses recientes se han realizado maratones de limpieza en las orillas. También habla de recorridos e inspecciones, multas mediante, y hasta de la desobstrucción, con equipos de otra provincia, del sifón que permite el cruce del torrente albañal por debajo del río, desde un borde hasta el otro.

“Por la parte de atrás del Tenis y del propio acueducto se limpió con retroexcavadora y se saneó la obra de toma de agua, pero ya ahí debe haber basura de nuevo, la llevan en carretillas o carretones. Para impedir el vertimiento de desechos harían falta poco menos que un ejército de inspectores y un estadio de pelota permanentemente encendido por la noche en las márgenes”, dice, en una alegoría de viso irónico.

LA CULPA NO ES DE NADIE

Según el criterio de Yoel Gallardo Silva, presidente de la Asamblea Municipal del Poder Popular, es la Delegación de Recursos Hidráulicos la encargada de imprimirle rigor al sistema de inspección del vertimiento de desechos al Yayabo. “El río es de esa entidad y del pueblo, a ambos les corresponde preservar su higiene. Implicados en la fiscalización están, entre otros, la Dirección Integral de Supervisión, Medio Ambiente y la inspección sanitaria estatal de Salud Pública. Como el problema toca a tantos al final cada uno se lo pasa al otro”, puntualiza.

Entendidos en la materia identifican tres focos importantes de contaminación, dos de ellos de origen doméstico y uno industrial, proveniente del matadero de reses Víctor Ibarra. “Esos residuos son ricos en bacterias nocivas para el hombre, fundamentalmente en Estreptocos fecalis, que al entrar en contacto con la piel, la parte interna de los oídos y las mucosas de los ojos y la boca pueden parasitar a los humanos, si se tratara de períodos más o menos prolongados”, advierte Néstor Segundo Álvarez Cruz, especialista en gestión ambiental del Citma.

Cada año, precisa, al río en su conjunto le entran 1 434 toneladas de DBO (Demanda Bioquímica de Oxígeno, que equivale a decir carga contaminante), cuya concentración oscila por tramos. “Cuando la corriente crece baja la peligrosidad; a medida que el nivel de las aguas se reduce la amenaza aumenta”, detalla Néstor, e insiste en la conveniencia de tomar en consideración lo anterior antes de decidir bañarse en la corriente, así como de cocinar bien el pescado que se captura tanto allí como en la presa, a la que van a parar las inmundicias.

ALGO MÁS QUE LUCECITAS PARA ESCENA

Quienes añoran una imagen digna para el cauce que por antonomasia identifica a la provincia defienden más que la apariencia del mismo. Gracias a la persistencia de los buenos recuerdos y a aquel adagio según el cual quien bebe del Yayabo se queda para siempre en sus predios, espirituanos y visitantes sueñan con bañarse nuevamente en él, pasear en botes y hasta tomar sus aguas. De acuerdo con las autoridades gubernamentales en el municipio cabecera, hay en análisis un grupo de ideas para el tramo comprendido entre el legendario puente y el Peatonal, cuya ejecución está supeditada a un financiamiento con el que no se cuenta. Entre ellas, la solución del problema de las fosas de un grupo de domicilios, la colocación de tapias en la parte trasera de otros y la creación de una Base Náutica para el despliegue de actividades recreativas.

Sin fechas exactas ni fondos seguros para su saneamiento definitivo, el Yayabo podrá verse dentro de solo semanas con los arcos de su puente alumbrados, pequeñas embarcaciones yendo y viniendo y hasta aves de claroplumaje nadando, en una hermosa imagen de celebración. Mas, espoleadas cada segundo de cada día por sólidos dañinos y líquidos pútridos, sus entrañas seguirán dependiendo de la conciencia colectiva, la única capaz de salvarlas definitivamente de la ruina.