No quiero desaparecer

Así lo confiesa Miguel Francisco Ibarra (Paco), símbolo humano de la Facultad de Ciencias Médicas de Sancti Spíritus. Ni la jubilación ni una enfermedad crónica que lo obligó a abandonar las aulas han apagado su fascinación por el magisterio

SANCTI SPÍRITUS, FACULTAD DE CIENCIAS MEDICAS FAUSTINO PEREZ.

Si pregunta por Miguel Francisco Pérez Ibarra en la Universidad de Ciencia Médicas, quizás le digan que ahí no trabaja nadie con ese nombre. Si pregunta por Paco, a secas, usted puede irrumpir por equivocación a la oficina de un vicedecano, como le sucedió a este reportero. Mas, si especifica que busca al símbolo humano, llega hasta este hombre, bajito, de andar despacio, por lo general con las manos detrás o en los bolsillos.

Con casi tres décadas en la casa formadora del ejército de las batas blancas, Paco puede recorrer a ciegas el campus. Aunque la tiroides forzó su partida de las cátedras hace 10 años, el espirituano de 73 años se resiste a la inercia de los jubilados para seguir contribuyendo al sector educacional.

“Me gradué de Historia y luego me especialicé en Historia del Arte. Llegué aquí como jefe del Departamento de Extensión Universitaria. Impartí asignaturas como Cultura Cubana, temas afrocubanos, cursos de complementación para profesores y otras poco afines a mi perfil como Historia de la Medicina Local”.

 Pero esas materias pueden considerarse inferiores en un centro como Ciencias Médicas…

“Por eso buscábamos recursos didácticos para motivar a los alumnos: invitamos a artistas, grupos de danza, de teatro, escritores… La Casa del Estudiante se revitalizó y nuestras clases se convirtieron en ‘lo distinto’ del plan de estudios; incluso, muchos se incorporaron al movimiento de artistas aficionados”.

¿Cómo concibió el temario de Historia de la Medicina Local teniendo en cuenta la escasez bibliográfica?

“No fue fácil. Tuvimos que entrevistar a médicos, rastrear libros, investigaciones y estudiar bastante. A veces encontrábamos un solo párrafo, pero fuimos avanzando hasta redactar un compendio, junto a la profesora Leydi Mendoza. Obtuvimos premio de la ANIR, se iba a publicar, pero se borró de la computadora. Queremos reorganizarlo para que los futuros médicos de la provincia conozcan las figuras del territorio que los antecedieron, aunque ya no se imparta la asignatura”.

La tiroides obligó a Paco a abandonar el aula; “un momento difícil porque me impidieron dar clases por prescripción facultativa. Una vez jubilado, pensé trabajar como cuentapropista en diseño gráfico, pero no estoy hecho para los negocios. No sé estar en la casa y, seamos francos, la jubilación no cubre todos los gastos”.

Ahora se desempeña como técnico en ilustraciones y rotulador de títulos. ¿No lo considera un final  anónimo?

Al principio sí, pero de cierta manera sigo en contacto con los alumnos, ahora conformando el documento que los acredita como profesionales. Sigo vinculado a la educación: eso es lo importante”.

De modo que la mañana lo sorprende con más de 300 diplomas sobre la mesa de trabajo, escribiendo con sumo cuidado  enrevesados nombres pakistaníes. A sus espaldas, un armario resguarda la evidencia de otra de las aristas de Paco: la de artista plástico al concebir 70 plumillas sobre edificaciones de Sancti Spíritus en la etapa republicana a partir de fotografías de antaño; especie de villa personal inmortalizada en folios.

“La idea partió de un compañero de trabajo, interesado en confeccionar un folleto como regalo a personalidades de visita en la Universidad. Después quisimos que llegara a escuelas primarias y otras instituciones para inculcar en los estudiantes el amor por Sancti Spíritus”.

Recientemente fue reconocido como símbolo humano de la Facultad de Ciencias Médicas…

Todavía me pregunto qué hecho yo de extraordinario para recibir este homenaje. Lo curioso es que, aunque he estado en otros lugares, siempre terminaba frente a un aula. Fui a la Sierra Maestra en el primer grupo de maestros voluntarios, luego participé en la Limpia del Escambray y terminé alfabetizando a algunos miembros del Ejército Rebelde en Managua, el campamento más grande de la zona. Al graduarme, fui profesor en la Universidad Central de Las Villas, luego me enviaron a la Empresa Forestal y allí también di clases a los trabajadores, hasta llegar a  Ciencias Médicas.

Entonces, ¿el magisterio le está predestinado?

Supongo, aunque no tenga antecedentes y tampoco mis hijos, nietos o bisnietos hayan mostrado afinidad con la pedagogía.

¿Es este un sueño pendiente?

Pudiera ser, pero mi deuda siempre será no poder rendir en estos momentos todo lo que quisiera. El trabajo en la docencia nunca será suficiente; por eso quiero seguir hasta que pueda porque yo no quiero desaparecer.

2 comentarios

  1. marcelo Velazquez

    Miguel Francisco Ibarra Martinez, Paco,Ejemplar Educador, Fiel a sus principios, Magnifico intelectual, Lector voraz, Buen amigo, Honesto, Buen Padre, Buen hijo que fue. Que mas se puede decir de este hobre completo, con nombre de exclavo y mirada franca. Saludos, Salud y Larga vida a Paco.

    Marcelo Velazquez

  2. Ramón Almeida Molina

    No es que no quieras desaparcer, sencillamente no desapareceras, estás y estarás en la memoria de muchos, en la misma lista de Miranda, Delgado, Manolito, Reinaldo, Quesada,Luci,Onel, Ana María,Anastasia, Orlandito Francisca, Evelio, y muchas otras y otros que dejan su huella día a día en esa universidad que es símbolo no solo de tu humanidad, sino de los que hoy no están y se consideran parte de ella también, en ese grupo me incluyo yo.

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