Oficio de luthier

Abilio Arcia González fabrica sus propios instrumentos y los pone a disposición del conjunto que dirige en el poblado yaguajayense de Meneses

Más de 50 instrumentos han sido construidos o reparados por Abilio.

Tal parece que el tiempo no le alcanza para hacer las cosas que se le ocurren diariamente: escribir una canción en horas de la madrugada, ensayar la nota musical que no armoniza del todo en el repertorio de su grupo de aficionados o dar forma a un trozo de madera para convertirlo en guitarra sin haber pasado una escuela de luthier, ni saber siquiera el significado de esa palabra.

Pero lo cierto es que Abilio Arcia González, el músico de Meneses, es algo así como un hombre orquesta, no solo por la pericia con que toca diferentes instrumentos, algunos de ellos al unísono; sino por la habilidad para reparar cualquiera de estos, tenga el defecto que sea o presente menor o mayor grado de deterioro.

Sentado en el portal de su casa, habla sin reparos sobre los retos, esos que le quitan el sueño cada vez que tiene entre sus manos una guitarra desbaratada y alguien le pide ayuda para recuperarla.

“Hace 15 años que confeccioné la primera guitarra acústica —refiere Abilio—, me la  llevé para La Habana y me dieron 1 000 pesos por ella. No era mi intención hacer dinero, pero me insistieron porque sonaba bien, desde entonces he fabricado también varios tres, bajos, tumbadoras, baterías, más de 50 entre todos”.

Su formación musical es netamente empírica y se desarrolla con más fuerza a partir del cierre del central Simón Bolívar, donde trabajaba como electricista automotor.

“Cuando pasaba el Servicio Militar General, conocí a Richard Mirabal Jean-Claude, hijo de la popular cantante haitiana Martha Jean-claude, radicada en Cuba, quien me vinculó como guitarrista en su agrupación de artistas aficionados. Con él asistí a varios eventos en representación de la Unidad de Cohetes de la DAAFAR, en La Habana, actuamos en el Teatro Lázaro Peña y en el cine Chaplin. Al término de ese período me desvinculé de ese mundo, pero al cerrar el central, volví a retomar la música y ahora soy el director de El Billi y su grupo”, añade Abilio.

Desde entonces no ha dejado de reparar instrumentos en desuso, labor que desempeñó durante un tiempo en la Escuela de Instructores de Artes Vladislay Volkov, hasta que las puertas se cerraron nuevamente y regresó a su hogar para emprender el oficio de luthier.

Meneses, Bamburanao, Iguará, Mayajigua o cualquier otra localidad del territorio de Yaguajay han sido testigos del carisma, la gracia y la dedicación que Abilio le imprime a la música, cuando toca más de un instrumento de los que él mismo fabrica en puro desenfado del buen cubano.

One comment

  1. Este admirable hombre desempeñaba un trabajo tecnico para el que se necesita destreza e inteligencia;Mecanico automotor y lo dejaron “disponible”porque cerraron el central,depues desempeña otro trabajo muy necesario en una escuela de arte y de nuevo queda “disponible”,pero no se da por vencido y trabaja de luthier.Estoy convencido de que ahora el estado le va a exigir una licencia,le va a cobrar abusivos impuesto,porque en su afan de controlarlo todo ahoga la iniciativa de hombres como Abilio, que en un medio mas amistoso tendria un taller y diera empleo y adiestramiento a otros,cuantos Abilios andan por ahi mientras el gobierno local se dedica a hacerle la vida dificil a los emprendedores, cerrandole calles a sus negocios y llenandolos de trabas,no es de extrañar que el talento emigre en busca de lugares donde puedan desarollar sus habiledades,mientras el pais se convierte en uno de ancianos (que hay que ayudar)burocratas y dirigentes que no crean riquezas con que ayudarlos.

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