Parabajitos cumple cinco años

A sus constantes recorridos por la isla y al talento innato de sus integrantes debe la agrupación los numerosos reconocimientos que ha obtenido.La muy laureada agrupación teatral espirituana celebra el aniversario con una jornada de presentaciones e intercambio.

A Yojandry Naranjo (Pachy) no lo conocí hace exactamente cinco años, cuando decidió lanzar al ruedo de las tablas un nuevo proyecto; ni siquiera unos meses después, cuando esa suerte de guerrilla teatrera que es Parabajitos comenzó a ganar premios y reconocimientos en certámenes nacionales. Fue en medio de una reunión, y no en la escena de títeres, donde descubrí a Pachy Naranjo.

Se debatía ampliamente en torno al panorama cultural espirituano, sus resultados tangibles y no menos tangibles incongruencias; sobre los mejores modos de hacer cultura con magros presupuestos y un larguísimo rosario de inconformidades que abatían a los intelectuales del patio.

En medio de la catarsis, Pachy irrumpió con un ejemplo rotundo: a Parabajitos le fue asignada la sala de video de Olivos II para sus ensayos y presentaciones, de manera que pudiese enriquecer la vida espiritual de la comunidad; sin embargo, las escasas —por no decir nulas— condiciones materiales del local y la falta de apoyo logístico limitaron el alcance de la iniciativa.

Ha pasado algún tiempo desde aquella intervención suya y la alarmante situación constructiva de la sala persiste, pero Pachy sorprendió a todos por la vehemencia con que defendía, no ya la agrupación que dirige, sino la posibilidad de que el pueblo pudiera formar parte de un proyecto cultural que, sin dudas, habría de ennoblecerlo.

En esas anda Parabajitos por estos días, celebrando su quinto aniversario con el propósito de llevar hasta los barrios y zonas periféricas su arte de marionetas, justamente la línea de trabajo a la que se mantienen aferrados también Gloria María Hernández, Gadiel Navia y Yanet Guerra, un equipo que, al decir del propio Pachy, “lo mismo monta una escenografía que manipula un títere y da vida a un personaje”.

Con la vocación altruista a cuestas, Parabajitos ha emprendido un quehacer itinerante por comunidades urbanas y rurales, los espacios habituales del Consejo Provincial de las Artes Escénicas y hasta el Hospital Pediátrico, donde son acogidos con el alborozo ingenuo del público infantil.

Allende los límites de Sancti Spíritus, el conjunto ha participado en decenas de eventos convocados a todo lo largo y ancho del país, una estrategia en la que Pachy sustenta el éxito de la promoción: “Como somos un grupo pequeño, nos resulta más fácil movernos que a los de mayor formato, por eso nos presentamos en otros territorios y, por tanto, nos damos a conocer frente a un público diverso”.

A sus constantes recorridos por la isla y al talento innato de sus integrantes debe la agrupación los numerosos reconocimientos que ha obtenido en festivales como el de Teatro de Camagüey; de Pequeño Formato Espacio Vital, de Pinar del Río; de Artes Escénicas Musicalia, de Venezuela; Internacional de La Habana y de títeres, de Matanzas; así como el Premio Nacional de Teatro Adolfo Llauradó, que se otorga a los nuevos creadores de la isla.

En apenas cinco años Parabajitos ha logrado engrosar su repertorio activo con obras como Picotico, Travesuras de un payaso, El león y el trueno, Otra vez la cucarachita y Osaín, a los que se suman el próximo estreno de El canto de la cigarra y Mapri, el inventor, este último un espectáculo con serias pretensiones ecológicas.

Para celebrar su primer lustro sobre la escena, el grupo concibió una jornada de presentaciones a la que fueron invitados otros conjuntos del territorio y, muy especialmente, el maestro Rodrigo Jiménez, presidente del Festival Iberoamericano de Teatro de Muñecos de Colombia, quien apreció el panorama teatral espirituano y compartió sus experiencias en las lides de la marioneta.

Más allá de la organización de estos festejos, el principal reto que ahora mismo desvela a los cuatro integrantes de Parabajitos es la habilitación de un espacio físico en el parque infantil del Reparto Escribano, una especie de cuartel general desde donde pretenden involucrar al vecindario en su muy particular estética: la de entretejer la imaginación de los niños con las más genuinas tradiciones espirituanas.

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