Yuniesky Ramón en el camino de la ciencia

Yuniesky Ramón Benítez en EXPOCUBA.El joven espirituano Yuniesky Ramón Benítez habla de sus innovaciones: la tarjeta Concentrador MODBUS y la Maleta de Pruebas INJECTOR-II.

Que la extrema competencia en el mercado mundial ha puesto en inmersión a los teléfonos, a adelgazar a los televisores o a que algunos dispositivos obedezcan los gestos del usuario, dejó de maravillarme sobremanera. Sin quitar la novedad y hasta el furor causado por la tecnología inteligente – sobre todo para quienes esta última resulta siempre menos aventajada que para el resto del mundo – guardo mis sorpresas para los cerebros generadores de ciencia en condiciones carentes y a la par de los grandes emporios.

Retorno a uno de los libros sobre Periodismo Impreso consultado en los años de academia: “La noticia es que el hombre mordió al perro y no a la inversa”. Por esa sola razón, pasaré de activar los sensores reporteriles para publicitar megainventos de compañías dominantes del mercado internacional. Sería “noticiablemente” predecible, pues sobrevivir al consumismo impone una modernización constante. Ahora solo enfoco las señales hacia el simple origen de todo: el ingenio desde la individualidad del hombre, sin tantos recursos o magnas infraestructuras.

La tarjeta Concentrado MOBDUS no tiene símil en el mercado mundial.Exclusivamente espirituano

Yuniesky Ramón Benítez, graduado de Ingeniería eléctrica, trabajador de la Empresa de Construcciones de la Industria Eléctrica (Ecie) y miembro de la Asociación Nacional de Innovadores y Racionalizadores (Anir), habla de interfaces, conectores y ecuaciones con igual naturalidad que si charlara sobre pelota. “La tarjeta Concentrador MODBUS y la Maleta de Pruebas INJECTOR-II son las dos innovaciones principales que hice”, cierra su primera frase y de inmediato acude a terminologías entendibles para definir el quid del aporte que le inscribiera como Premio Nacional a la Innovación de mayor impacto económico y social en el 2013.

“El INJECTOR-II es una maleta de prueba para examinar los ajustes de ciertos interruptores que alimentan la red de distribución, pues el control de esos valores permite activar y retirar ese suministro de energía ante inconvenientes como la caída de la línea, el exceso de corriente en la misma o su afectación por un trueno”, aclara la voz ingeniosa.

Cuando los altos precios impidieron el acceso a los equipos de pruebas para los Recerradores de los Circuitos de Distribución Eléctrica, las neuronas de Ramón Benítez enfilaron sus capacidades a la búsqueda de salidas; no de emergencias, sino definitivas.

Solo el fabricante australiano podía proveernos de la mencionada tecnología a elevadísimos costos, por eso la poca disponibilidad de la misma en el mercado. La maleta que ideé es mucho más manuable que los aparatos originales; permite visualizar los tiempos de aperturas de todas las curvas y recierres en cualquier lugar, sin necesidad de cronómetros.

“Además, no necesita de grandes extensiones para su alimentación, es ideal para ensayos en el terreno, laboratorios o entrenamientos, pues podemos simular posibles averías. En comparación con las tres maletas ascendentes a los 45 mil dólares y recomendadas por los productores de recerradores para realizar las pruebas, la INJECTOR II, por sí sola, realiza mejores prestaciones al muy bajo costo de 500 dólares”, argumentó el joven.

Fabricada a partir de algunos dispositivos importados y otros existentes en el país, solo se ha construido un prototipo experimental de la cajuela portátil. El modelo lleva más de cinco años de uso, exento hasta ahora de problemas técnicos y empleado por los departamentos de protecciones y automática de Sancti Spíritus, Villa Clara, Cienfuegos y Ciego de Ávila.

Según el ingeniero espirituano: “Al comprobar los tiempos de exposición de la falla, reduce el riesgo de accidentes por cables caídos en zonas urbanas y de incendios forestales en las rurales. Eso sin mencionar las grandes posibilidades de exportación del equipo, pues los recerradores NU-LEC están instalados en muchos países y solo se supervisa el funcionamiento de los mismos con las tres maletas existentes en el mercado; estas últimas, equipos costosos y de difícil traslado. El INJECTOR II garantiza la correcta operación de los recerradores, extendiendo la vida útil de los transformadores. Producir la inventiva en serie dependerá de la Unión Nacional Eléctrica.”

Para no quedarnos a oscuras

Por su parte, el Concentrador MOBDUS no tiene igual en el mercado del orbe, pues falta un medio como este para informar acerca de todos los parámetros de los transformadores, dados sus elevados niveles de voltaje. “Los transformadores de las subestaciones de Subtransmisión poseen varias señales para salvaguardar su estado: cantidad de aceite, alta temperatura, sobrepresión y detección de gases en el aislante. Todos estos parámetros quedan desconectados por falta de dispositivo que los controle y, ante cualquier avería, no se activa protector alguno”.

La tarjeta diseñada en predios espirituanos utiliza el canal de telecontrol existente y permite visualizar, a cualquier distancia, todos los indicadores mencionados. Además, impulsa acciones para contrarrestar cualquier desperfecto y realiza funciones auxiliares como la vigilancia de la iluminación y del acceso, registrando automáticamente, con fecha y hora, las entradas al perímetro de la subestación.

Benítez, quien evade categorizaciones de inventor y se apasiona por los entramados tecnológicos, añade: “Con solo una inversión de 70 dólares, logramos proteger al equipo de mayor costo en la subestación: el transformador; cuyo valor oscila entre los 38 mil y 100 mil dólares. Pero, los beneficios transcienden la economía, pues el Concentrador MOBDUS tiene un enorme impacto social.

“El daño a un transformador significa no menos de 12 horas a oscuras en un número de mil a 6 mil 500 viviendas. Así que neutralizar las roturas supone evitarle molestias a la población”.

Yuniesky Ramón tomó el camino de la ciencia para solventar dificultades en su entorno laboral. No por jugosos contratos, no por presiones de un competidor implacable, sino por una sencilla razón que tal vez desentiendan los grandes emporios: trabajar por un bien común; mayor.

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