Alas para un despertar (+ Fotos)

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La mayor Odalis Batista, especialista fundadora del programa Educa a tu Hijo en la Prisión Provincial, muestra fotografías de las actividades. (Foto: Vicente Brito / Escambray)

Tras 54 años de su instauración, los planes reeducativos en centros penitenciarios de Cuba continúan rindiendo frutos.

Cuentan que, mientras se suceden, las imágenes resultan conmovedoras; que los pequeños, junto a sus mayores uniformados de gris, se funden en juegos y danzas; que las cajas repletas de juguetes fabricados por los progenitores son asaltadas por diminutos duendes durante sus visitas a esos centros y que al término de cada sesión el saber mutuo se acrecienta.

Podría pensarse que en las penitenciarías, dada su consabida rigidez, no hay cabida para el regocijo paterno o materno en tanto sus querubines son el objeto de atención en días específicos, pero la realidad se encarga de echar por tierra tal sospecha. Fotos, videos y recuerdos congelan las vivencias: niños ataviados en coloridos atuendos mientras danzan para los responsables de sus días, payasos, coros de cantos infantiles entonados por padres que ensayaron una y otra vez, poesías, sonrisas, premios.

DONDE AFLORA LA SENSIBILIDAD

Todo eso forma parte del mundo en que se desenvuelve Annette Guilarte Pérez, promotora del programa Educa a tu Hijo en el Consejo Popular de Guayos, donde radica la Prisión Provincial, y que comparten, de una u otra forma, otras homólogas suyas.

“Es maravilloso, en esos momentos aflora la sensibilidad de cada quien. Los cargan, les dan el almuerzo, los pasean, les enseñan lo que nosotras nos encargamos se enseñarles a ellos para que estimulen la correcta formación de sus hijos, aprecian los avances que estos han experimentado en el hogar. No pocos fungen incluso como ejecutores y lo hacen muy bien”, cuenta Annette y agrega que mensualmente realizan esas actividades con los niños de cero a seis años y sus padres, en tanto las mujeres disfrutan de tales encuentros cada 15 días.

“Para mí fue algo muy lindo poder formar parte del proyecto, que solo a través de una realidad como la de Cuba podrían tener las personas en establecimientos de ese tipo”, declara Rafaela Garay, quien por espacio de un lustro fungió como metodóloga provincial del mencionado programa. A seguidas, se deshace en descripciones que hablan de ternura y cariño, de padres cuyos hijos llegaron a conocer y a reconocer al calor de tan noble iniciativa. “Es hermoso lo que se hace en favor de las embarazadas y luego en ese primer año de vida del bebé, cuando a ambos se les garantizan condiciones especiales que muchos ni imaginan y las madres, desde la gestación, son orientadas al detalle sobre cómo proceder con sus niños”, revela.

Yuranis Lorenzo, actualmente en la responsabilidad que antes desempeñó Rafaela, destaca el esfuerzo de las promotoras en la confección de medios didácticos para que los niños aprendan a colorear, dibujar y distinguir formas geométricas, colores y tamaños; también da fe del confort que asiste a los salones donde se desarrollan los encuentros. La misión es de carácter intersectorial y en ella concurren varios organismos: además de Educación, la FMC, el Inder, Cultura y Salud. Citas de ese tipo han devenido verdaderas fiestas conmemorativas de efemérides, aniversarios o cumpleaños colectivos donde no faltan el payaso, las golosinas ni el baile.

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Según los niveles correspondientes, los internos se acogen a la docencia de forma voluntaria y muchos han podido, incluso, vencer estudios universitarios. (Foto: Vicente Brito / Escambray)

AL BORDE DE CINCO DÉCADAS Y MEDIA

Puesto en práctica 10 años atrás en las penitenciarías de mujeres y centros de aseguradas, luego el Educa a tu Hijo comenzaría a beneficiar también a los hombres, en una especie de pilotaje en tres provincias, incluida Sancti Spíritus, que después se extendería a establecimientos similares del país. Pero esta es solo una de las aristas de un quehacer cuyas raíces se remontan a septiembre de 1961, cuando se instauraron en Cuba los planes de reeducación en beneficio de la población penal, a tono con la aspiración de Fidel de convertir las cárceles en escuelas y con su concepción de que “…si un hombre está en prisión por las causas que sean (…), la Revolución tiene que tratar por todos los medios posibles de hacer de ese hombre un hombre útil de alguna manera (…) para que pueda trabajar y vivir de una manera decente”.

Ramón Viera, uno de los beneficiarios del proyecto, habla con gratitud de los estudios que le permitieron ascender del quinto grado que tenía cuando empezó a cumplir condena al noveno. Gracias a ello y al apoyo que recibió por parte del Minint, narra ahora, pudo acceder a una plaza de camillero, primero, y de custodio después, cuando ya en la calle se propuso vencer el nivel preuniversitario y lo consiguió a base de empeño.

“Un gran porcentaje de esos a quienes se les dio la posibilidad de estudiar se reincorporaron a la sociedad y no reincidieron en conductas delictivas. Son programas muy humanos, porque permiten no solo incrementar el nivel educacional de los internos, sino además elevar su nivel cultural, su conocimiento de la historia local y universal”, sostiene el teniente coronel retirado Jorge Hernández Quintero (Ito), quien a lo largo de sus casi 20 años al frente del Órgano de Prisiones en la provincia vio enderezarse no pocas conductas y crecerse sobre sus errores a hombres y mujeres de bien.

Según los oficiales que tienen a su cargo el tratamiento educativo en las penitenciarías del territorio, el trabajo está organizado a través de programas que empiezan con la Enseñanza Primaria e incluyen la capacitación en oficios. Contempla también, para casos necesarios, la Educación Especial. Más de una veintena de egresados de esos centros cursaron y vencieron las carreras universitarias de Licenciatura en Cultura Física, Ingeniería Agrónoma y Licenciatura en Estudios Socioculturales.

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Los planes reeducativos en centros penitenciarios de Cuba continúan rindiendo frutos. (Foto: Vicente Brito / Escambray)

“Acceder a la Universidad mientras cumplía sanción fue una experiencia increíble. El claustro estaba muy bien preparado, creo que he podido aplicar en mi vida posterior algo de esa experiencia docente”, declara Marvelis, conmovida, a través del hilo telefónico. Rodeada de compañeros de trabajo que conocen ese episodio negativo de su vida y que no la rechazaron, como llegó a temer, habla con entusiasmo de aquellas clases de cada viernes, a las que procuraba ir “en forma porque quería echar pa’lante”. En un resumen de su incursión como alumna por aquellos años turbios, declara: “Todo fue bonito, como un despertar; uno tiene que tratar de ser uno. Allí conocí a personas muy buenas, porque no somos un dogma; todos cometemos errores”.

Nota: Respetando la solicitud de la entrevistada, su nombre real no aparece en el testimonio.

2 comentarios

  1. verdaderamente considero que el trabajo es muy bueno, para los que sean buenos, pero la mayoria de los que estan ahi por robo, violencia, violación, asesinato.. que va… a esos mejor ni les pongo lo que deberian hacerle.

  2. Me gustaria ver las cifras de reincidencia,porque soy de los que opina que todo tenemos derecho a una segunda oportunidad,pero la carcel es para castigar severamentesobre todos aquello que reinciden, de lo contrario el delincuente le pierde el respeto.Hay deltos que por su peligrosidad para la poblacion debieran recibir todo el peso de la ley,los violentos y los invasores de hogar.Con esos no debe haber perdon ni manos flojas.

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