El renacer de la escuela primaria José Mendoza (+Fotos)

Aulas recién levantadas aumentan el área docente de la escuela primaria José Mendoza García, de Trinidad. Pese a los atrasos en el calendario de ejecución, la institución educacional ya recibe los beneficios de la reparación

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El centro figura entre los de mayor matrícula de Trinidad. Foto: Carlos Luis Sotolongo/Escambray)

Al percibir el trasiego de planchas para remozar el techo, ladrillos y sacos de cemento durante la pasada etapa estival, la educadora María Caridad Marrero Manresa creyó regresar a los días de cuando el huracán Lili dejó una estela de caos en la escuela primaria José Mendoza García, esa suerte de segunda casa que ha visto crecer y envejecer tras un cuarto de siglo de permanencia allí.

Cuando atisbó a lo lejos, respiró aliviada: no se barrían escombros ni árboles destrozados, sino que nacían aulas en el campo de la segunda área docente, otrora en ruinas, y la biblioteca cambiaba su añeja cubierta de tejas por una más resistente a las inclemencias del tiempo.

En teoría el estreno debió suceder a principios del actual período lectivo; mas, en plena vorágine constructiva el transporte de los materiales quedó sediento de combustible, el tiempo lento afectó ciertas jornadas de trabajo; picos, palas y vagones tomaron vacaciones. Sin embargo, las sonrisas de los pequeños en los locales con olor a pintura fresca borra el amargo sabor de los contratiempos e impulsa a festejar el nuevo amanecer.

PORMENORES

El crujir de las puertas y la gotera sutil anunciaron hace más de 20 años el incipiente deterioro del único centro estudiantil de la villa afiliado a la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco); señales que no supieron interpretar los líderes del ámbito educacional del municipio, quienes vieron en el retoque epidérmico el remedio a los males que comenzaban a gestarse.

Pero llegó el tiempo en que el maquillaje resultó insuficiente. La Dirección Municipal de Educación debió contratar a la Empresa de Conservación y Restauración de Monumentos para devolver la lozanía perdida.

“La primera parte de la reparación comprendió seis aulas nuevas, baños, la biblioteca escolar y dos departamentos en la parte posterior de esta —detalla Isora Ramírez Mendicuaga, directora—. Las labores constructivas favorecieron el trabajo de los docentes si tenemos en cuenta que la matrícula sobrepasa los 960 estudiantes, de ellos más de 600 están seminternados. Ahora, gracias a la reparación, los profesores pueden trabajar con 25 alumnos como está estipulado”.

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La matrícula de la escuela José Mendoza sobrepasa los 960 estudiantes. (Foto: Carlos Luis Sotolongo/Escambray)

Una rehabilitación de tal envergadura acarreó, además, ajustes en el funcionamiento de la institución y ciertos imprevistos. “El monto inicial era de 8 000 pesos, pero la sustitución de la carpintería en otras aulas, que ya estaba en muy mal estado, provocó que el presupuesto aumentara más de lo previsto. Para no interrumpir el proceso docente educativo reagrupamos varios destacamentos con dos maestros; en este sentido la escuela no sufrió consecuencias”, agrega Ramírez Mendicuaga.

Amén de los resortes para enfrentar períodos de campaña; amén de los contratiempos que supone toda rehabilitación, el cronograma de ejecución rebasaba los límites de lo permisible. Lo comprobó Escambray cuando caminó a pie de obra, agenda en mano, para identificar las causas del retraso.

DEMORA EN EL OLVIDO

Al irrumpir en las reparaciones, la primera imagen captada por el lente de este órgano de prensa fue la de dos jóvenes albañiles, egresados de la Escuela de Oficios, perteneciente a la Oficina del Conservador, “estirando” a más no poder los recursos a su alcance. “Estamos fundiendo piso. No podemos trabajar en otras actividades por falta de materiales”, explicaba Guillermo Hernández Cabriales, jefe de Brigada, quien aludía a la construcción de las aulas levantadas desde cero y la rehabilitación de la biblioteca para demostrar que los nueve trabajadores que acometían la labor no se habían dormido en los laureles. “Además de eso dimos mantenimiento a dos aulas más, pintamos el comedor de la escuela y arreglamos la cerca”, añadía.

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El centro continuó con sus actividades habituales a pensar de las faenas constructivas. (Foto: Carlos Luis Sotolongo/Escambray)

Por fortuna, de aquel diálogo solo queda el recuerdo. A pocos meses reapareció el transporte con los recursos para llevar la rehabilitación a feliz término. “Todavía nos quedan algunos detalles como el enganche de los techos, la segunda mano de pintura, el montaje de un baño y el acomodamiento de los libros en la biblioteca. Ya la brigada de Educación Municipal se está haciendo cargo de esas labores”, asegura Isora.

Negada a que pasen otros 20 años para ver merodear vagones dispuestos a resarcirle las arrugas, el centro prevé la mejora de la plaza central junto a la sustitución de carpintería y cubiertas en otras áreas.

Mientras, la educadora María Caridad Marrero Manresa continúa descubriendo a los pequeños el universo de las letras y los sonidos. A veces le parecen un espejismo las estampas que le llegan desde la nueva escuela. Camina hacia el fondo, mira las sillas diminutas, los niños de preescolar correteando… De nuevo respira aliviada porque los años no le están jugando una mala pasada; es un hecho: su otra casa renació de sus propias cenizas.

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El comedor del centro exhibe ahora un mejor semblante gracias al mantenimiento. (Foto: Carlos Luis Sotolongo/Escambray)

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