Periódico de Sancti Spíritus

Gratitud de padres

“Desde Tuinucú, nosotros, padres del menor Ángel Leonel Yanes Sánchez, que cursa estudios en la escuela primaria Melanio Hernández de la referida localidad, deseamos reconocer la dedicación de su maestra Tania Rivero Pedroso en la atención a nuestro niño de seis años de edad que presenta lentitud en su aprendizaje, con algunos rasgos de autismo que ha ido perdiendo (…) Nuestro niño ha sido tratado con amor y profesionalidad por la mencionada educadora, quien ha sabido desarrollar una paciente labor, llegando a compenetrarse con él tanto como nosotros, contribuyendo a que adquiera los conocimientos y habilidades para lograr un adecuado desenvolvimiento en su vida”.
Con ese amplio sentido de agradecimiento y gratitud escribieron a esta sección Liusbel Sánchez Álvarez y Leonel Yanes Jorge en ocasión de la Jornada por el Día del Educador, quienes manifestaron además su admiración y respeto a todo el personal que interviene en la formación de su hijo, en especial a Cuqui, la logopeda de la escuela.
Reconocimiento al altruismo
Aunque el pequeño Armando Calderín Matos vino al mundo hace cinco años en Guantánamo, puede decirse que volvió a nacer unos días atrás en Sancti Spíritus, provincia donde reside actualmente. Luego de ser tumbado al suelo y golpeado por una res, el niño quedó inconsciente. Un sangramiento cerebral puso en peligro su corta vida; pero, gracias a la excelente atención médica que recibió, hoy sus padres Armando y Carmen pueden sentirse aliviados y ofrecer su gratitud.
Con esa finalidad acudieron a esta sección. En una breve esquela plasmaron su agradecimiento a todas las manos que se extendieron y unieron para salvar a su hijo, entre ellas las de los trabajadores del Hospital Municipal de Jatibonico y de las salas de Cirugía y Cuidados Intensivos del Pediátrico Provincial José Martí. Pero el reconocimiento al altruismo ajeno no termina ahí, sino que alcanza al destacado ganadero Jesús Pérez Blanco, trabajador de la vaquería de la finca El Guayo, ubicada en las márgenes de la presa La Felicidad, y a los vecinos de la familia en el tercer batey del Central Uruguay, que los apoyaron en todo momento y cuidaron de su otra hija de ocho años, amparada con infinito amor durante los angustiosos días que vivieron.



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