La novela del Latino (+ fotos y calendario de semifinales)

beisbol, serie 54 de beisbol, piratas de la Isla de la Juventus, Leones de la capitalA fuerza de garra y amor a la camiseta, Isla de la Juventud hundió a Industriales. Las semifinales comienzan el próximo martes

 

El Latino se hundió y, con él, se tragó a sus Leones. Es la síntesis del epílogo de la LIV Serie Nacional de Béisbol, que esta semana dejó sellados dos semifinales inéditas en la actual estructura: Matanzas- Isla de la Juventud y Granma-Ciego de Ávila.

De lo ocurrido en el coloso se hablará por varios días. Aún se busca la palabra exacta que defina la contundente y delirante victoria pinera y la humillante derrota azul, por barrida, además.

Desde la inoportunidad del bateo en momentos cruciales, un demacrado staff, hasta las controvertidas decisiones de Lázaro Vargas, se especula de todo para definir lo que dejó sin sueño a un país durante tres noches. Mi reverencia es para esa gigantesca Isla de la Juventud que “pirateó” los pronósticos en un Latino delirante.

Ahí llegaron hinchados, quizás, por la subestimación de los Leones cuando Vargas le puso el banco a Granma en el último partido de la barrida precedente, apostando todo a un triunfo que parecía asunto de coser y cantar para una tropa que no es ya esa pléyade de portentos que hacía temblar a sus rivales.

Debió motivarse lo suficiente un equipo considerado minúsculo por muchos, pero jugó sin complejos y le puso nombre a la garra y la combatividad. Lo hizo con la divisa de la heroicidad colectiva, donde Michel Enríquez, vida y alma del equipo, puede arrastrar con su historia y su bateo, pero emerge igual un veterano como Luis Felipe Rivera o un joven como Luis Alberto Castro para dar el hit de oro, realizar una atrapada colosal como Yunier Ibañez o un cuadrangular de un importado como Jorge Luis Barcelán.

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La Isla posee también lo que pocos en nuestra pelota: dos certeros cerradores como Dany Aguilera y Héctor Mendoza, capaces de resguardar marcadores y triunfos. De todo eso y más dependieron los pineros para remontar marcadores, soportar la presión en momentos límites y enviar un mensaje, no precisamente de texto, a aquellos elencos que no han aprendido aún cómo es que se juega con amor, entrega y pasión, aunque solo se haga para unos 90 000 isleños y se viva la mitad del año sobre chalanas o encima de aviones de poco porte.

Así consiguieron una clasificación que no por sorpresiva es casual. Cierto que en los últimos años los piratas se rearmaron con más de un pelotero descartado ante la avalancha de fuga de talentos, pero los “inmigrantes” se han sincronizado a su juego alegre, tanto como lo han hecho los refuerzos y así han podido acceder a la lista de los ocho en los últimos tres años.

Amenazada por el fantasma de la victoria diurna del campeón pinareño, Isla de la Juventud decidió por méritos propios ante a un Industriales que se ahogó en sus mismas manquedades. Con la caricatura de su staff (entre Vichyoandri Odelín y Noelvis Entenza iniciaron nueve juegos y perdieron siete) muy poco pudo hacer Vargas, que nadie sabe por qué utilizó como primer relevo al espirituano Yuen Socarrás, quien, además de estar desentrenado, exhibió números discretos con los Gallos (una victoria, dos derrotas y 3.79 PCL).

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La inspiración o el milagro pinero, como se ha dado en llamar a la debacle azul (dos barridas seguidas) neutralizó el rejuego táctico distintivo de los Leones, desmoronados en su propia madriguera. Con un staff más funcional, el debutante mánager José Luis Rodríguez demostró sangre fría, aunque igual dejó de más a un Darién Núñez visiblemente nervioso.

Fue un cierre trepidante que le dio vida al espectáculo, con una clasificatoria decidida en suspenso hasta el último out, pues Industriales no regaló nada como no fuera su propia incapacidad para dar crédito a la pesadilla que se convirtió en latinicidio.

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La pista quedó calientísima para las semifinales que se inician el martes 24 entre yumurinos e isleños y el 25 Ciego de Ávila ante Granma. Con la novela escrita sobre el Latino, la Isla se anuncia como un rival a considerar, mas Matanzas parece llamado a concretar el título, a juzgar por su bien ganada etiqueta del equipo más estable de los últimos cuatro años, con un bronce y dos plata.

Si el bajón reciente tiene que ver solo con el “desestrés” de su temprana clasificación, los Cocodrilos deben recuperar su vitalidad con un Víctor Mesa a quien se le pueden increpar mil excesos, pero no se le pueden dejar de reconocer sus ardides para jugar y sacar el extra a cada pelotero. Quien lo dude mire para el espirituano Ramón Licor, que con 38 años y sometido a “retiro domiciliario”, ha sido puntal del equipo con seis triunfos, un juego salvado, tres reveses y 3.02 PCL.

También habrá que resaltar la compactación de su equipo, que a pesar de las sensibles bajas de varios regulares en la actual temporada y la pérdida casi total de sus refuerzos iniciales, lideró de punta a punta la clasificatoria

Pero necesita Matanzas jugar a tope, despojarse de su San Benito de eterno segundo y encarar con su ya recuperado líder de satff Cionel Pérez, (2.06 PCL), una batalla campal frente a los Piratas, que otra vez tienen como mejores aliados el jugar sin presión y llevar el play off a su “cueva” del Cristóbal Labra, pues hace tan solo unas horas parecieron ganar el título por adelantado, quizás para desbaratar aquellos runrunes que los quisieron eliminar de las estructuras beisboleras cubanas.

El otro pareo tiene pronóstico reservado, aunque me inclino a pensar por los granmenses, sobre todo si su bateo desbordante (302) —donde descuellan los tres primeros jonroneros , los cuatro mejores impulsadores y los dos mayores anotadores— no se enfría en el play off como ya sucedió la última vez justo ante los Tigres. La tropa de Carlos Martí tiene en Lázaro Blanco a un abridor eficiente (líder con 14 triunfos) y en Ciro Silvino a un buen cerrador, pero su box compila para 4.55 PCL, y es dependiente de que sus bateadores muelan a los contrarios, amén de que su defensa (272) suele temblar en momentos de apuros.

Ciego, es verdad, se apuntala como el equipo más ganador de la segunda fase y parece no tener fisuras en sus tres áreas. Habrá que ver si su pitcheo de 3.92, puede soportar la cabalgadura voraz de los maderos orientales,

El bateo de los Tigres es de respeto (282) y su defensa es la mejor (978), y si le lleva un pie delante a su rival es en la experiencia con un título ya ganado, algo a lo que aspiran los restantes tres finalistas.

Todo cuanto se sabe hasta hoy es que el béisbol tendrá un nuevo campeón entre cuatro nuevos grandes “emergentes” que merecieron estar porque lo hicieron mejor que la docena restante.

A todo cuanto se aspira es a que el play off destile la misma adrenalina que corrió por el Latino las últimas noches y convierta en “matraquilla mediática” el estigma de que la etapa final de la serie no es igual porque Industriales o los grandes no están.

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