La transfusión del Vyshinski (+ fotos)

A inicios de abril de 1960 EE. UU. le cortó a Cuba las ventas de combustible, pero la URSS nos tendió la mano. El 17 de abril entró a la isla por Casilda el primer crudo soviético

maqueta del buque

Casilda, Trinidad. Mañana fresca y clara del 17 de abril de 1960. El espigón, normalmente ocupado por pequeños barcos de cabotaje y otras embarcaciones, aparecía desierto, mientras nadie sospechaba que esta sería una jornada histórica, de esas que sientan pauta y se inscriben en los libros y en la memoria de la gente.

Precisamente, por esos días medios internacionales de prensa habían estado informando acerca de la decisión de compañías petroleras internacionales de dejar de venderle combustible a Cuba, lo que, con toda seguridad, especulaban, colocaría a la isla al borde del colapso, pues paralizaría su actividad económica.

Se produjo entonces un momento crítico en el cual todas las miradas se fijaban en la nación antillana. Pero, en cuestión de horas el mundo conoció la decisión de la Unión Soviética (URSS) de suministrarle crudo a la Isla de la Libertad, como llamaban a nuestra patria. Entonces las refinerías, propiedad de monopolios extranjeros, principalmente estadounidenses, se negaron a refinar petróleo ruso.

En Cabaiguán, localidad de la jurisdicción de Sancti Spíritus, existía una planta refinadora recién nacionalizada, la antigua RECA, y en toda la región central de Cuba se hacía sentir la escasez de esa “sangre” oscura y viscosa que hace palpitar los resortes vitales de la sociedad. Su reclamo se hacía urgente, perentorio para el país.

SORPRESA DESPUÉS DEL SILENCIO

En ese abril de hace 55 años, Raúl Zerquera Ortiz acababa de estrenarse en las oficinas del puerto de Casilda, a donde fue llamado por su confiabilidad, pues era un joven revolucionario y miliciano y, sobre todo, porque dominaba el idioma inglés y había pasado un curso de taquimecanografía. Él, como otros, venía a llenar el vacío que dejaron en la plantilla ciertos funcionarios implicados en la “conjura trujillista” abortada aquí en agosto de 1959.

Pipo Zerquera —como le conocen todos— recuerda que ni en las oficinas, ni en toda la zona portuaria nadie sabía nada del suceso que estaba por venir: “Ni siquiera la gente del ICP —Instituto Cubano del Petróleo— , ninguno sabía que ese buque con petróleo de la URSS entraría por Casilda”.

Raúl Zerquera Ortiz

Cuando temprano en la mañana se recibe en la oficina del ICP el aviso de la inminente llegada del Andrei Vyshinski, todo se puso en movimiento. Pronto se supo que, con sus 14 000 toneladas, excedía con mucho las posibilidades del puerto, cuyo calado máximo era de solo 30 pies, a pesar de que el tanquero solo traía 8 229 toneladas brutas del oro negro.

Esto obligó al Vyshinski a fondear próximo a Cayo Blanco, donde se encontraban los prácticos. Hasta allí acudieron las patanas, cuya capacidad era de 800 toneladas, para iniciar el trasiego a fin de aligerar al buque hasta las 4 000 toneladas, lo que consiguieron luego de varios viajes.

RECIBIMIENTO Y PROBLEMAS TÉCNICOS

De acuerdo con una investigación realizada tiempo después por Pipo Zerquera —que hoy forma parte de un libro inédito— las autoridades de la ciudad visitaron el barco, entre los cuales estaban Rafael Pablo, en ese instante secretario de las Organizaciones Revolucionarias Integradas, y las hermanas Azucena y Norma Turiño, esta última secretaria de la Federación de Mujeres Cubanas en Trinidad, así como el jefe local del Ejército Rebelde.

Cuando el barco atracó, todos subieron a bordo invitados por su capitán, Fedor Peredery, excepto Norma Turiño, aquejada por un ataque de asma, aclara el entrevistado.

Las complicaciones se presentan cuando se intenta conectar las mangueras de toma del tanquero con las del puerto. Leandro R. Galdós Jiménez, entonces trabajador del ICP, recuerda: “Yo era en 1960 jefe de despacho, encargado de recibir los barcos petroleros que hasta abril de 1960 eran de Estados Unidos y otros países de occidente.

“Cuando el barco ruso llegó, no se pudo de primer momento conectar las mangueras a las tomas del buque porque no acoplaban los platillos de las conexiones, ya que eran de sistemas distintos. El del puerto, del llamado diseño universal, era de 8 pulgadas, y el del tanquero soviético, del tipo milimétrico, de 12, por lo que hubo que hacer una adaptación y tuvimos que sacar una plantilla del sistema ruso e ir al taller del viejo José Casadeval, que era una persona muy capaz y los hizo”.

Leandro

Carlos Clemente Juviel Liz, también trabajador del ICP que estuvo a bordo del Vyshinski ese histórico día, confirma lo dicho por Leandro y aporta un elemento que, en aquel momento, pasó inadvertido a pesar de su trascendencia:

“Cuando se intentó conectar las tomas del puerto con las mangueras del buque y se comprobó que era imposible por ser de sistemas distintos, mis compañeros fueron hasta un taller cercano y en cuatro horas crearon un juego de platillos igual. Sobre el platillo de ocho huecos soldaron el de 14. En ese momento, sin decirlo,  estaban haciendo algo inédito. Con aquella inventiva ya no podrían descargar más barcos yanquis”.

DE CAMARADA A CAMARADA

Mientras el capitán Peredery y sus oficiales atendían a la cohorte de bienvenida en el puente del buque, Leandro, Juviel, Jorge Rey, Humberto Cabrera, Antonio Zerquera y otros obreros y funcionarios del ICP compartían con la tripulación, que se comportó a gran altura.

“Debo decir que nos entendimos a las mil maravillas con los marineros rusos, quienes venían por primera vez a Cuba. Nos atendieron muy bien y nosotros fuimos recíprocos con ellos”, expresa Galdós.

“Allí había algunos que hablaban inglés —el capitán también lo hablaba— así que nos comunicamos más o menos como pudimos. Nos hicieron una invitación y nos enseñaron el barco. Luego nos convidaron con vodka, bastante vodka, por cierto”, prosigue Leandro y ríe de su ocurrencia, pues no fue el hidrocarburo el único ‘combustible’ que fluyó abundante ese día a bordo del Vyshinski.

EL INICIO DE UNA RÍADA

Una vez completada la descarga del crudo soviético hacia los grandes tanques, empezó el trasiego hacia las rastras-pipas para ser trasladado por carretera —en su mayor parte— hacia la refinería de Cabaiguán, pues la línea de ferrocarril que pasaba por Fomento era bastante vieja y con los aguaceros ocurrían derrumbes de tierra y descarrilamientos en el trayecto por las lomas de Guamuhaya.

“A partir de ese momento fueron muchos los buques rusos que recibimos en Casilda y mucho el petróleo que entró por este puerto — expresa Carlos Juviel—. Parece que, conscientes de la importancia que esto tenía para el país, meses después vinieron desde fuera lanchas piratas para tratar de destruir los grandes tanques donde se almacenaba el carburante que llegaba de la URSS, pero por suerte los intentos no fructificaron”.

Leandro, Juviel, Cabrera, Zerquera y los demás son conscientes de que también para los marineros del Andrei Vyshinski, la jornada del 17 de abril de 1960 tiene que haber resultado inolvidable. En aquel momento ellos no podían saber que esa sería su primera y última visita al modesto fondeadero del sur espirituano y a Cuba.

Si bien la historia recoge que a fines de 1958 en Casilda había atracado el mercante soviético Basilius Kachalov en plena dictadura de Fulgencio Batista, cargado de estacas destinadas al nuevo espigón, también es cierto que fue el Vyshinski el navío que inauguró una nueva era trayendo a la Cuba revolucionaria la primera transfusión de esa sangre vital para la economía que es el petróleo.

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