Nuevos bríos para la casa del abuelo de Trinidad

Tras las labores de remozamiento, el lugar de encuentro para las personas de la tercera edad en la villa sureña exhibe espacios más acogedores

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Cuando les anunciaron que serían trasladados con carácter provisional a otro sitio, los 20 ancianos de la casa del abuelo Esperanza de Vivir, en Trinidad, pusieron los ojos en el cielo. Ahora constatan que valió la pena esperar al percibir el olor a pintura fresca, la amplitud de la cocina y el comedor, al disfrutar del confort de los distintos espacios y de los nuevos equipos a su disposición para hacer más llevaderas sus vidas.

Las filtraciones en el techo, el acceso a un baño para ambos sexos, las pequeñas dimensiones del área para la elaboración de los alimentos, el mal estado de la carpintería interior junto al  hacinamiento del personal administrativo constituyen meros recuerdos después de llevar a cabo las acciones de mantenimiento, cuyo monto alcanzó los 80 000 pesos en moneda total.

Mas, no se trata de un hecho aislado, pues semejante renacer asiste también, de manera paulatina, a las ocho casas de abuelos restantes en el territorio espirituano, según precisiones de los especialistas del Departamento del Adulto Mayor, Asistencia Social y Salud Mental de la Dirección Provincial de Salud.

De manera particular en la tercera villa, el remozamiento incluyó la sustitución de puertas y ventanas de madera en mal estado por otras de metal, el mejoramiento de los pisos, la cubierta, la ampliación del patio y las oficinas para los trabajadores, entre otras labores acometidas por una brigada de construcción por cuenta propia de la localidad, interesada en ejecutar obras para el beneficio social.

Nobelkis Sánchez Pérez, asesora del Programa de Atención al Adulto Mayor en Trinidad, agregó que gracias a una donación de cerca de     2 000 CUC por parte del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos, se efectuó la compra de televisores, ventiladores, aditamentos para procesar alimentos y otros artículos encaminados a mejorar la atención de quienes encuentran en este sitio la solución a dificultades de índole psicológico, social, funcional o biomédico, resultado del diagnóstico emitido por el Grupo Básico de Trabajo, integrado por un psicólogo, una enfermera, una trabajadora social y un médico en aras de proceder desde un enfoque multidisciplinario.

Pese a las alegrías, sin embargo, la casa del abuelo de Trinidad todavía debe lidiar con algunos inconvenientes que conllevan a que hoy se encuentre al 50 por ciento de su capacidad; un indicador pendiente de cumplimiento, pues las normas nacionales establecen un mínimo de ocupación del 85 por ciento. Entre otras causas, la localización del centro (rozando con los límites de la periferia) lleva un peso importante.

“Es una pena —admite Sánchez Pérez—. Esta es una institución con muchos deseos de hacer y alta competencia  profesional, pero tenemos el inconveniente de estar más cercanos al área correspondiente al Policlínico 2, de ahí que el mayor índice ocupacional proceda de allí. No contamos tampoco con un sistema de transporte público que nos permita trasladar pacientes desde Casilda, La Chanzoneta u otros lugares alejados, pues se trata de personas mayores de 60 años, con dificultades para recorrer grandes distancias, aunque físicamente estén aptas”.

De ahí el desempeño familiar como eslabón decisivo en el afán de contribuir al trabajo de la institución trinitaria, cuya máxima aspiración constituye devolver a los longevos, como bien reza su nombre, la esperanza de vivir.

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