Uniforme escolar: remake de una película

La intención delirante de comprar durante los primeros días  obedece a una razón ya repetida hasta el cansancio: las tallas más pequeñas o más grandes se acaban enseguida

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El uniforme escolar no da la talla

Hasta días atrás no habían quebrado ninguna vidriera, como sí sucedió el año anterior, pero al menos una mujer, por cierto embarazada, fue objeto de maltrato físico en pleno bulevar espirituano por causa de la trifulca. ¿Motivo?, la ansiedad de acceder al uniforme escolar de la Enseñanza Primaria, que se expende en las unidades de Comercio desde el pasado 22 de abril.

La intención delirante de comprar durante los primeros días  obedece a una razón ya repetida hasta el cansancio: las tallas más pequeñas o más grandes se acaban enseguida y en el primero de los casos hay remedio, pero en el otro solo queda el casi siempre infructuoso recorrido por tiendas y hasta por municipios en busca de la llave que abra el sésamo y permita el milagro: una adecuada proporción entre esas dos prendas que los discípulos han de vestir, inobjetablemente, en septiembre, y las tallas demandadas por cada uno de ellos.

En una especie de remake que no promete revelar arista nueva alguna de un filme tantas veces visto, Escambray se asomó a lugares de expendio, conversó con administradores y dependientes y recogió el sentir de madres mayormente inconformes. Incluso aquellas que consiguieron las tallas necesarias esgrimen la misma petición: terminar la tortura a la hora de acceder a un vestuario que no se oferta en otra parte, aunque atelieres y costureras particulares han procurado mitigar la angustia.

“Si el uniforme es algo que nos prestigia, ¿por qué mi hijo tiene que usar un pantalón desteñido que parece una bermuda, porque no le llega ni al tobillo, pues creció?; la camisa le queda corta, el cuello da pena, las mangas están manchadas por debajo, debido al desodorante; pero va para noveno grado y no le toca. Si el uniforme se tiene que usar correctamente, es correctamente desde la primera letra hasta la última, ya sea tocante al largo, al color o a la forma de ponérselo”, reflexiona Vanesa.

Yamiris, uno de cuyos hijos concluye el cuarto grado y demanda talla extra, procuraba el cambio de sus dos mudas, pero el hecho se le dificultaba por razones de precios. Aquel día las aspirantes superaron las posibilidades reales en El Cañonazo, la única de las seis unidades que venden a primaria en el municipio cabecera, donde solicitaron tallas generalmente inexistentes, aunque muy demandadas.

Todavía resuena en los oídos de esta redactora la voz de Ena Elsa Velázquez, ministra de Educación, en medio de una cita donde se ponderaban los preparativos del curso 2011-2012 en Sancti Spíritus y afloró el tema controversial. “Educación y Comercio tienen que ponerse de acuerdo y resolver este problema definitivamente”, apuntaba la titular. De entonces acá, sin embargo, solo se ha conseguido entorpecer el proceso, puesto que luego de la fracasada estrategia que siguió a aquella indicación, cuando muchas familias permanecieron al margen del llamado levantamiento para definir tallas, otras lo tomaron a la ligera y el personal docente jugó un papel en muchos casos defectuoso, se determinó que fuera el organismo comercializador quien dijera la última palabra.

“La elaboración de la demanda por talla es, desde el curso pasado, una responsabilidad nuestra. Fue una decisión ministerial con la que no estuve de acuerdo (…). Es ilógico cuando los comerciantes no conocen al alumnado, lo correcto sería en conjunto”, precisa Domingo Chaviano, especialista principal del Grupo Empresarial de Comercio en la provincia. De esa manera tan antidemocrática la escuela resultó excluida de un problema que le es inherente, pues solo en sus aulas, de mutuo acuerdo con la familia, podrán conocerse las medidas, siempre sujetas a la oscilación lógica del anticipo con que tiene lugar el proceso y del desarrollo en ciertas edades. De hecho, ya se realizan los análisis para el pedido del curso 2016 2017, en el que ojalá prime la cordura.

En tanto, cabe esperar nuevas ¿sorpresas? con la venta a los niveles de enseñanza restantes, por suerte repartidos en diferentes tiendas. Versiones de lo idóneo o lo por venir hay disímiles: que si se prevé la venta liberada, que si valdría la pena habilitar un mercado paralelo a precios libres de subsidios que permitan adquirir el tejido en el mercado internacional, que si donde deberían venderlos es en el colegio, que si presentar la libreta de abastecimientos evita trampas…

Algo sí queda claro: por más que aparezcan tickets mal confeccionados e incluso duplicados a nombre de un mismo estudiante, deviene requisito esencial para adquirir el uniforme la presentación de dicha papeleta y del documento de identidad. En un expendio que durará hasta diciembre tal vez alguien “de arriba” acomode su catalejo y divise la única opción presuntamente viable, esa que Chaviano sugiere desde que suprimieron el 30 por ciento de distribución extra destinado a casos de rotura, daños, etc. y que una colega ya sugirió hace menos de un año en este mismo espacio: retomar aquella variante, aun con cifras inferiores, y asumir un sobregasto que solo tendría lugar en un curso, ya que las piezas excedentes podrían incluirse en los inventarios del período siguiente. Creo, como Manuel Calviño, que vale la pena.

One comment

  1. El tema de los uniformes escolares es anualmente tratado por estos meses en casi todos los periódicos de nuestro país. Pregunto yo: Cuándo se va a resolver? se habla y se habla y no se encuentra solución por ninguna parte. Ni educación, ni comercio, ni nadie se hace responsable de la escasa diversidad de las tallas, de la falta de algunas en específico, y mientras tanto, en las escuelas les exigen a los pequeños asistir a diario correctamente uniformados. Y pienso q es lo más correcto, pero “de qué callada manera” podemos adquirirlos cuando en las tiendas donde nos corresponde comprarlos no encontramos las tallas necesarias, y por si fuera poco, a quién se le ocurre pensar q con una sola muda de uniforme le es suficiente a los alumnos para cubrir todo el año? Vaya, es algo absurdo. Y luego vemos y escuchamos en los noticieros cuando dicen q existe la cantidad suficiente de uniformes escolares para satisfacer las demandas de todo el país. Y yo llamo a eso ironía. Le damos gracias a los periodistas q valientemente escriben sobre el tema y defienden en gran parte lo q nosotras, las madres cubanas, muchas veces no podemos gritar.

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