Venezuela: trampa en el Esequibo

El imperio y sus cipayos en este continente —y más allá— han creído encontrar el pretexto ideal para la destrucción de la Revolución bolivariana desde su vecina Guyana

Mapa de Venezuela
Venezuela

La trampa ha sido tendida con habilidad de orfebre. Luego de fracasar todos los planes anteriores de desestabilización de Venezuela y aún en plena guerra económica y guarimbera contra el gobierno de Nicolás Maduro, el imperio y sus cipayos en este continente —y más allá— han creído encontrar el pretexto ideal para la destrucción de la Revolución bolivariana.

Y ese pretexto ha consistido en una serie de pasos encaminados a provocar a Venezuela desde su vecina Guyana, a propósito de la zona en reclamación del Esequibo, un territorio de 159 542 kilómetros cuadrados, con el fin execrable de hacer que Caracas caiga en la celada de ejercer la fuerza militar contra su débil contrincante.

Una acción como esta por parte de Venezuela, serviría para justificar la intervención de los Estados Unidos, que sería presuntamente apoyado por Inglaterra y Colombia.

En principio —y hasta donde se sabe— todo empezó con la concesión ilegal por el gobierno del derechista nuevo presidente de Guyana, David Granger, a la transnacional estadounidense Exxon Mobil de un permiso para la exploración y explotación de petróleo y gas en esa extensa región en disputa, violando lo establecido por las convenciones internacionales y en franco menoscabo de los intereses de la República Bolivariana.

De acuerdo con el guion establecido, todo hace suponer que Granger —quien ha insistido personalmente y a través de su canciller, Carl Greenidge, de que persistirá en esa práctica ilegal de otorgar concesiones a entidades foráneas para explotar los recursos naturales de un área que no le pertenece— esperaba que Venezuela respondiera militarmente y así la “pobrecita” nación agredida pediría ayuda al Gran Hermano para que le sacara las castañas del fuego.

Así los Estados Unidos, que no acaban de derogar el ridículo decreto presidencial en el cual declaran a la nación morocha un peligro inusual e inminente para su seguridad, obrarían en consecuencia. El propio Granger, aprovechando su asistencia a la Conferencia sobre Defensa y Seguridad del Hemisferio, que se celebra en Washington, llevó el tema a esa nación, parece que buscando el apoyo de su tutor imperial.

La trama es evidente, por cuanto la Exxon es un monopolio norteamericano y sobran ejemplos de cómo y cuantas veces la superpotencia ha intervenido en otras naciones con el pretexto de defender las vidas y propiedades de ciudadanos de ese país. Lo otro es la dependencia de facto de gobiernos “independientes” como el de Guyana, que confieren a la reina británica o a su representante, el papel de jefe de Estado dentro de la llamada Commonwealth.

Por tanto, en caso de conflicto en torno a Guayana, allí estarían las fuerzas de su Majestad, junto a las de su aliado transoceánico en otra fechoría transnacional compartida. Así matarían varios pájaros de un tiro, porque la jauría de medios de des información que ellos controlan arremetería contra el “agresor”, convirtiéndolo en una especie de Satanás, mientras los pueblos del caribe insular, franco y anglosajón, se marginarían del resto de la América nuestra y la integración se iría a bolina.

Para ello cuentan con la escasa memoria de ciertos dirigentes —y dirigidos— dentro de CARICOM, que son capaces de olvidar que ha sido la Venezuela chavista la que los salvó de la ruina económica con su ayuda efectiva por medio de Petrocaribe y otros instrumentos integradores, y la primera junto con Cuba que acudió en ayuda de Haití en 2009 a raíz del gran terremoto.

Pero la suerte no les ha sonreído. La jugada ha sido descubierta, y así como Bolivia reclama a Chile por vías pacíficas y a través de instancias jurídicas internacionales la restitución de una salida al mar que el país vecino le arrebató a finales del siglo XIX, y Argentina hace lo propio con los territorios de Malvinas, Georgias y Sándwich del Sur ante Inglaterra, Venezuela ha acudido ante la ONU para que interponga sus buenos oficios.

Con ese fin el Presidente Nicolás Maduro se fue al organismo mundial en Nueva York y se entrevistó con el secretario general Ban Ki-Moon, a quien explicó el problema y le solicitó que mediara en este delicado asunto. Por lo pronto, Ban se comprometió a enviar una comisión a Caracas con el fin de promover la figura del buen oficiante entre Guyana y Venezuela y así buscar una salida ajustada a derecho.

Es dable suponer que, ante la prudencia desplegada por las autoridades venezolanas, la sangre no llegue al río, pero resulta indudable que Granger, un militar reaccionario amparado por sus poderosos protectores, continúe e incluso incremente las provocaciones, ante lo cual el desenlace sería incierto.

Por lo pronto, ante Venezuela se erige el reto de destruir la campaña de difamación y tergiversación urdida por el imperio, esclarecer la verdad a venezolanos y guyaneses y salvaguardar sus lazos con el Caribe insular. Esa será su victoria mediata.

 

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