Cuba retoma horario normal el seis de noviembre

La Oficina Nacional para el Control del Uso Racional de la Energía de Cuba (ONCURE) anunció que el domingo seis de noviembre será restablecido el horario normal en todo el territorio nacional

El domingo seis de noviembre Cuba restablecerá el horario normal.
El domingo seis de noviembre Cuba restablecerá el horario normal.


A la una de la madrugada de ese día deben atrasarse una hora las manecillas de los relojes, para dejarlo restituido, lo cual coincide con los países del Hemisferio Norte que lo utilizan, informó la institución a la ACN.
Con su aplicación, existirá un mayor uso de la luz artificial y provocará el crecimiento del consumo de electricidad en el horario de máxima demanda, entre las cinco de la tarde y las nueve de la noche, explicó.
La ONCURE, del Ministerio de Energía y Minas, hace un llamado para que, tanto en los hogares como en los centros de trabajo, se adopten medidas encaminadas a utilizar en ese período sólo los equipos de iluminación necesarios.
Exactamente a las 12 de la noche del pasado sábado 12 de marzo, los cubanos adelantaron una hora a
sus relojes, para dar inicio en Cuba al horario de verano.
Esta es una práctica internacional con vistas al ahorro energético, por el hecho de que posibilita un mayor aprovechamiento de la luz solar, según la misma fuente.
Con ello terminó el horario normal en la Isla, vigente desde el primero de noviembre de 2015.
En 1916, durante la Primera Guerra Mundial, naciones de Europa adoptaron el horario de verano con el fin de ahorrar energía, por lo que muchas lo mantuvieron al concluir la conflagración.
También en Cuba se aplica esa medida con el objetivo de aprovechar más la luz solar y economizar
energía.

One comment

  1. Aunque los historiadores afirman que el hombre (¡y la mujer también!) es hijo de su tiempo, la verdad, pésele a quien le pese, es que solo sabe malgastarlo (¡y aquella también!); domeñar la cuarta dimensión apenas ha sido posible en novelas y en películas de ciencia ficción, amén de intentos jurídicos irreales tales como caducidad, prescripción y retroactividad del tiempo, aparecidos en textos legales .

    No obstante, el hombre (¡y la mujer, por supuesto!) ha viajado en el tiempo a puro capricho: sólo dos ejemplos lapidarios.

    El primero, el Papa Gregorio XIII, en el Año del Señor de 1582, propulsó con su bula pontificia un salto sin precedentes, cuando adelantó el tiempo en diez días, hazaña no superada hasta el de hoy; el segundo, más ordinario y modesto, ocurre par de veces en el calendario occidental, en numerosos países: adelantar o atrasar la hora, según los vaivenes de los equinoccios y el ahorro energético.

    ¿Qué consecuencias, en muchos órdenes de la vida social, provoca el último de los caprichos con la cuarta dimensión?

    Veamos.

    Para el trabajador asalariado, del sector estatal o del empleo informal, el cambio de hora genera un alargamiento de su jornada de trabajo (o su acortamiento, según el caso), dinámica que repercute en la remuneración salarial de esa hora de más (o de menos), cuyo fundamento legal es el Código de Trabajo, asentado en el principio de pago por tiempo real laborado.

    En la práctica, los trabajadores no reclaman esa hora adicional (parece que para que no le descuenten la que decrece con el otro ajuste horario), en tanto que para los empleadores, el cambio horario es inocuo y omiso.

    Enredo mayor es el nacimiento de un bebé o la muerte de cualquier persona en la encrucijada de la mutación horaria.

    Si tales fenómenos biológicos acontecen en la hora exacta del ajuste horario, entonces el neonato venido al ámbito extrauterino a la una de la madrugada, nació, según este capricho, a las doce de la noche del nuevo día (¡menos mal que en el mismo día!); pero con el deceso de la persona ocurrido a la una de la madrugada, en verdad se registrará en su certificación de defunción como ocurrido a las doce de la noche; razones por las cuales tales hechos naturales, con el adelanto de una hora de los relojes, confirmaría que el recién nacido ya llevaba fuera del claustro materno una hora antes de ser alumbrado por su progenitora (¿qué diría el célebre Próculo ante este hecho consumado?); en tanto que el occiso ya llevaba una hora de fallecido cuando certifiquen su cronos de partida para el postrer viaje.

    A propósito de la muerte, he aquí otro entresijo horario.

    El que muestra su fingido pésame a los familiares del fallecido en horas relativamente tardías de la noche, vale decir, a las diez u once cuando aquella ya cursaba, con el adelanto de las manecillas de los relojes, ahora puede retirarse satisfecho, con el deber cumplido, en horas de la madrugada, digamos que a la una; en tanto que, si los simulados pésames se rinden con el atraso de las agujillas del cronómetro, el oferente, entonces, con las primeras doce campanadas retumbantes en la lúgubre noche, se despedirá de los concurrentes y los sufridos parientes, si lo hace, sin aguardar por el atraso horario.

    El nuevo mandamiento apostólico de “amaos los unos a los otros”, recogido en el evangelio de San Juan , lamentablemente ha sido trocado por el de “mataos los unos a los otros”, dado el sinnúmero de enfrentamientos que sufre nuestro planeta en cualquiera de sus latitudes.

    Si en los llamados conflictos bélicos de baja intensidad (o en los de gran intensidad, afortunadamente acallados desde hace setenta años) las partes contendientes decidieran acordar una tregua en sus hostilidades, y esta viene signada por el cambio de horario, entonces es muy probable que acontezca algo como lo que a seguidas se narra.

    Supongamos que la tregua expira (o se rompen las hostilidades) a las doce de la noche, hora convencionalmente aceptada como de cambio, entonces, si se adelanta el reloj en una hora, la hora exacta para registrar tales hechos cruentos, sería la una de la madrugada; ahora bien, es de denotar que los beligerantes quizás tengan, en sus respectivas naciones, dadas sus extensiones territoriales, magnitudes horarias diferentes, elementos a considerar para la exacta consignación histórica del cese o rompimiento de fuego en la contienda librada.

    Pero dejemos estos entuertos históricos a un lado y concluyamos la narración con esta frase cervantina, muy a propósito:

    El tiempo es breve, las ansias crecen, las esperanzas menguan .

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