El último combate ( +fotos)

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El Mayor General Serafín Sánchez marcó huellas profundas en la nación cubana. (Foto: Javiel Fernández)

El 18 de noviembre de 1896, a las cinco y cuarto de la tarde una bala de máuser español abatió en el Paso de Las Damas, cerca de Sancti Spíritus, al Mayor General Serafín Sánchez Valdivia, y lo lanzó a la inmortalidad ganada en mil hechos patrióticos a lo largo de tres guerras por la libertad de Cuba.

 

Mi papá no dejó caer a Serafín (+fotos)

 

Presentarán en Sancti Spíritus sitio web sobre el Mayor General Serafín Sánchez

Para el hombre que expiraba allí en medio de la desesperación de sus subordinados, aquella muerte heroica en batalla contra 2 600 soldados peninsulares, venía a ser el colofón glorioso a su larga trayectoria de ejemplar combatiente que se iba de este mundo sin cuentas de honor pendientes, pues la que asumió como falta propia ante José Martí y ante la Patria: —el fracaso del Plan de Fernandina— ya la había saldado con creces.

Fracaso que, en las semanas y meses que mediaron entre la frustración del proyecto tan celosamente concebido y desarrollado por Martí a lo largo de 1894, y el regreso de Serafín a Cuba el 24 de julio de 1895 en pie de guerra, no dejó un instante de martirizarlo y el dolor se multiplicó tras la aciaga jornada del 19 de mayo de ese año, cuando el alma visible de la Revolución cayó en Dos Ríos.

Pero aquella desgracia no fue responsabilidad directa de Serafín, sino de un viejo conocido suyo, el coronel Fernando López de Queralta, quien en la Guerra Grande (1868-1878) había traído a la isla varias expediciones con variable éxito.

En su condición de brazo derecho del Apóstol, el general Sánchez era de las poquísimas personas en la emigración que conocían del plan maestro de Martí, consistente en armar tres expediciones simultáneas al mando de los jefes principales del nuevo esfuerzo libertario, las que deberían desembarcar en Oriente, Camagüey y Las Villas, casi al unísono con la orden de alzamiento que, oportunamente, cursaría el artífice de la Guerra Necesaria.

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El 18 de noviembre de 1896 el paladín espirituano pasó a la eternidad.

Lo conocía Serafín, porque en él y en el general Carlos Roloff había delegado el creador del Partido Revolucionario Cubano (PRC), para que atendieran detalles del plan, y estos, a su vez, utilizaron los servicios de López de Queralta, dada su experiencia y relaciones que decía tener con agentes portuarios y comisionistas en Fernandina y otros puertos del norte del estado de la Florida.  

Pero el veterano oficial lo echó todo a perder con una serie de acciones u omisiones, como la de no guardar la debida discreción, la de querer cobrar a toda costa comisión por la compra —secreta— de las armas y, por último, por hacer el envío de armas y pertrechos por ferrocarril, en cajas rotuladas irresponsablemente como “artículos militares” y con algunos de los envases de munición abiertos.

Todo ello puso sobre aviso a las autoridades y el Departamento de Hacienda en Washington cursó órdenes a los puertos del sur para que investigaran e informaran, a resultas de lo cual, entre el 10 y el 14 de enero de 1895, el plan se vino abajo.

Se escribió que, de inicio, Martí, inconsolable por la pérdida de tantos años de esfuerzo y sacrificios, cayó en un estado de depresión profunda y que llegó a llorar de impotencia ante el desastre. Serafín, todo dolor, se recogió en su hogar con el único consuelo de su entrañable Josefa “Pepa” Pina…

No obstante, la noticia se regó como la pólvora, primero en el exilio, luego en la isla irredenta, y provocó el estallido de la fiebre patriótica al conocerse la magnitud del frustrado proyecto. Martí reaccionó y dio orden a los suyos de gestionar mediante abogados la recuperación del cargamento. Apenas dos semanas después, el 29 de enero de 1895, el delegado cursó a Juan Gualberto Gómez, su representante en Cuba, la orden de alzamiento.

DE REGRESO A SANCTI SPÍRITUS

Conscientes del ya inminente estallido, a última hora y con febril apremio se recoge dinero y se acopian nuevas armas y útiles de guerra. Martí, que sigue dispensando a Serafín toda su alta estima, no deja de escribirle en tono entrañable en tanto se dirige a Santo Domingo. El adalid espirituano ya no aguanta más su estancia forzada en los Estados Unidos y escribe a Gonzalo de Quesada el primero de mayo: “Parece que me persigue el diablo en eso de no poder llegar pronto a Cuba, yo que quisiera haber volado”.

Mas, afortunadamente, las cosas empiezan a encauzarse, se recuperan parte de las armas de Fernandina, la Delegación del Partido da su apoyo pleno a la organización de un nuevo alijo y los trabajadores cubanos en el exilio desangran sus bolsillos ante la exhortación de Serafín.

Por fin, el 24 de julio de 1895 desembarca en Punta Caney, al sur de Sancti Spíritus, una valiosa expedición en la cual se incorporan a la guerra 150 combatientes encabezados por los generales Serafín Sánchez, Carlos Roloff y “Mayía” Rodríguez. Así se recupera la que Serafín debió traer a bordo del yate Amadís, según el plan martiano.

Vendrían para él páginas gloriosas como la invasión, la Inspección General del Ejército Libertador, Manajanabo y otros lances. El 19 de mayo de 1896 está en Dos Ríos ante el túmulo que marca el lugar de la caída del venerado protomártir para rendirle tributo.

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Serafín con Martí y José Dolores Poyo en Ibor City, Tampa, durante una actividad proselitista.

DUELO A ORILLAS DEL ZAZA

Las ondulantes colinas matizadas de pastizales y arboledas en la margen izquierda del río Zaza; los pastos y arbustos del terreno quebrado y en declive que bajan al río por la margen derecha frente al Paso de Las Damas solo permiten hoy al asistente curioso forjarse una idea difusa de lo que fue el violento encontronazo acontecido aquí hace 120 años en medio de una naturaleza exuberante.

A Las Damas llegó en la noche del 17 al 18 de noviembre de 1896

el contingente comandado por el Mayor General Serafín Sánchez Valdivia, inmerso en una exitosa campaña en esta parte central de Cuba, según órdenes del General en Jefe Máximo Gómez Báez de batir sin descanso a las fuerzas colonialistas y aniquilar las riquezas que le servían a España para financiar la guerra.

El 17 el héroe espirituano ha zurrado severamente a los españoles en Manaquita, los que dirigidos por el general Armiñán buscan refugio en Sancti Spíritus, donde acampa una fuerte tropa de combate que dirige el general López Amor. Ambos jefes, batidos anteriormente por Serafín, sienten inobjetable sed de revancha. A ellos llega la información de que Sánchez se mueve con sus hombres en dirección al río Zaza y la finca La Larga, y deciden perseguirlo para hacer valer su superioridad numérica y material.

El Mayor General tiene consigo su escolta y las de los generales Francisco Carrillo y Avelino Rosas, así como los Regimientos Honorato y Narciso, las fuerzas de Remedios, las de José Miguel Gómez, José González Planas y las de Nicasio Mirabal, con plantillas menguadas debido a sus carencias. No todos entrarán en combate. Según describe Gerardo Castellanos: “El cuartel general, con Sánchez, Carrillo y Rosas se detuvo en una colina, no muy lejos del Paso de Las Damas”.

El jefe cubano adelanta una avanzada hacia la margen derecha del Zaza para frenar el ímpetu inicial del enemigo, en tanto en una loma ubicada a poco más de medio kilómetro a su izquierda se sitúa el brigadier José Miguel Gómez con parte del Regimiento Máximo Gómez, y más allá se emplazan las fuerzas de Remedios. El otro paso, el de La Larga, lo cubre con sus hombres el brigadier González Planas.

Ya a mediodía llegan las primeras tropas españolas y empiezan a desplegarse en línea casi paralela a las posiciones cubanas. Son la avanzada del contingente de 2 600 hombres que conducen Armiñán y López Amor. A la una de la tarde se escuchan las primeras descargas.

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Cada sala del Museo Casa Natal del Mayor General Serafín Sánchez recrea una etapa de la vida del paladín espirituano. (Foto: Javiel Fernández)

El comandante cubano Rafael Sorí Luna, quien pasa el río al frente de sus hombres del Regimiento Máximo Gómez para reforzar la avanzada insurrecta y proteger su retirada, se repliega a los 20 minutos y se une nuevamente al núcleo principal de los suyos bajo un fuego cerrado de artillería y fusilería de los soldados coloniales.

Retumba fuerte la artillería hispana mientras los rayadillos intentan un movimiento de flanqueo para forzar por el Paso de las Damas y salir a retaguardia de los insurrectos, pero son parados por el fuego convergente de las fuerzas de José Miguel Gómez y de la escolta y estado mayor de Serafín Sánchez y de Rosas, mientras la guardia montada del general Carrillo los atacaba por el centro.

Luego el comandante Jesús Pérez recibe orden de Serafín de retroceder y situarse a continuación de José Miguel, que hacía fuego desde una pequeña elevación. La lucha se acentúa desde el bando cubano cuando ataca la caballería desmontada del Regimiento Narciso desde la colina donde radica el cuartel general insurrecto.

Pero los españoles intentan otro flanqueo sobre el paso de La Larga, que fracasa también. Poco han logrado tras dos horas de combate, aunque el fuego cubano decrece por falta de parque y el enemigo concentra sus tiros sobre la posición que ocupan los jefes mambises.

Cuando la obstinada resistencia del general José Miguel y del comandante Sorí empieza a flaquear ante la escasez de municiones, Serafín ordena que una compañía de infantes entre en acción. Alertado por Indalecio Salas, el general manda a buscar al brigadier González y le da órdenes de contener al enemigo junto al contingente de Remedios para proteger la retirada.

La defensa de José Miguel en el paso de Las Damas se ha desplomado y los españoles, ya sobre la margen izquierda del Zaza, continúan su avance hasta posicionarse de la elevación ocupada momento antes por Sánchez. Desde allí abren fuego sobre el estado mayor cubano, a no mucha distancia.

Entretanto ya Serafín, satisfecho con el daño causado al enemigo tras cuatro horas de enconado enfrentamiento, ha iniciado lentamente el repliegue al frente del cuartel general, de dos en fondo, teniendo a la derecha el río y bajando a la quebrada donde se hará inmortal. A las cinco y cuarto de la tarde, una bala de máuser español lo atraviesa del hombro derecho al izquierdo interesando una arteria pulmonar, lo que le produce casi instantáneamente la muerte.

La caída del adalid provoca en el campo insurrecto un feroz enardecimiento iniciado por Enrique Loynaz, cuando portando una bandera cubana, machete y revólver se lanza contra una sección de españoles que se encimaba y la desbarata, contrataque al que se suman el brigadier González Planas, el general José Miguel y otros oficiales con sus fuerzas, así como la compañía de infantería que hací poco había pedido el propio Serafín, hasta provocar en el enemigo una masacre.

Los cubanos han ganado la batalla, y causaron a los peninsulares cerca de 30 muertos y 83 heridos, por solo ocho fallecidos y 19 heridos propios, pero han perdido a Serafín al que rendirán honores correspondientes a general muerto en campaña. Así es la guerra…

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