Juan Daniel Zamora Rodríguez: La voz del silencio

En una noche de noviembre la musa inspiró a Juan Daniel Zamora Rodríguez a escribir la obra ganadora en el Concurso de Poesía convocado por Escambray

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“Yo pensé que había fracasado en la poesía”, confiesa el laureado. (Foto: Carlos Luis Sotolongo/ Escambray)

Las navidades, el fin de año, los días de fiesta le provocaban tribulaciones. La hoja en blanco devino asidero. Cuando el invierno percibe palabras consagradas para otro diciembre,/ la semblanza del último día agita los senos contra el espasmo./, escribió.

Atrapó ideas al vuelo, desechó otras. Días más tarde retomó el borrador, hizo las últimas enmiendas “hasta darme cuenta de que ya no se le podía poner ni quitar nada, y puse el punto final a Canción de invierno más allá de horizonte”.

Meses más tarde los versos de la autoría de Juan Daniel Zamora viajaban hasta el buzón del semanario, no tanto con la pretensión de figurar en el podio de los premiados en el Concurso de Poesía del impreso, sino como una demostración de que, a sus 68 años, este trinitario aún tiene las musas revueltas pese al ostracismo que a veces le ronda.

Cuesta creer que en tan menudo cuerpo habite un oficial de las Fuerzas Armadas que prefirió componer versos y no diarios en el ejército, un contador de academia, un poeta por afición, el fundador del Taller Literario José Martí en Trinidad y un juez lego de Sancti Spíritus todavía en activo, con más de dos décadas de labor, entre otras faenas.

“Uno trata de expresarse con lo que puede hacer llegar a los demás. No me gusta dar las cosas muy obvias, sino que se lea y analice. Mis problemas, preocupaciones… los recreo a través de metáforas, tropos, para mí muy necesarios para adornar la literatura, pero no me considero lírico. Prefiero acogerme a lo expresado por Lope de Vega: el poeta es la voz del silencio”, admite con modestia.

En Canción… resulta perceptible la melancolía. ¿Es usted triste?

“No soy muy dado a ser una persona de notable alegría. Siempre estoy pensando. Las estaciones, el año, la vida, la suerte, la nostalgia…, todo eso termina reflejándose aunque no quiera”.

Y cuenta por qué prefiere escribir a mano, de la necesidad de aprovechar el papel hasta lo último, del libro que envió a España, aún pendiente de respuesta definitiva para la publicación, de los versos de Martí, Neruda y Vallejo que siempre lo acompañan, aunque el poema imprescindible para él, en realidad, es su familia.

Razón tenían Rigoberto Rodríguez Entenza, Gustavo Ramos y Hermes Entenza, jurado del certamen, al calificar el texto como uno “donde se conjugan los elementos sonoros y un ritmo de largo aliento, en el que se urden de manera coherente la transparencia del lenguaje y su limpieza formal”.

Más allá del motivo del agasajo, sin embargo, tal vez la verdadera noticia aquí sea que Escambray ya sabía de la existencia de Zamora, y no precisamente como participante de ediciones anteriores del concurso, sino como corresponsal voluntario cuando estas letras impresas llegaban a diario a los estanquillos espirituanos; papelería celosamente conservada como evidencia que este hombre moreno también se vistió de reportero.

Visto así, a lo mejor no estamos en presencia de un ganador a causa de un frío análisis realizado por un grupo de expertos a una obra específica, sino frente a un premio a la persistencia, que devuelve la esperanza a anhelos quebrados.

Canción de invierno más allá del horizonte

“Inventa mundos nuevos y cuida tus palabras”.

V. Huidobro

 

Cuando el invierno percibe palabras consagradas para otro diciembre,

la semblanza del último día agita los senos contra el espasmo.

¿Cuánto lacera ver las fotografías del viento como si fuese un amor olvidado?

Cuando las huellas de Santa Claus,

prefieren abandonar el vacío del polvo,

las llaves se abren para elevar la notoriedad del tiempo,

el rumbo abierto de los caracoles en torno a la piedra mítica del siglo.

¿Qué será de los amores obligados por el deseo,

la permanencia del viejo quemando papeles,

el niño buscando la lluvia debajo del vuelo?

Ay. La nostalgia hace trampa. ¿Pero cuánto dolor?

¿Cuántas palabras y sermones intocables para el espejo?

La ingratitud es miedo que gira en la decadencia de la gente.

El invierno llega con otro dilema,

otro enero apremia la realidad de los inventos.

Cuando llega el invierno,

el símil precedente del aire viene a buscar tu nombre más allá del horizonte…

 

One comment

  1. Muy lindo muchas felicidades a zamora y esperemos que pronto se inspire de nuevo y tengamos otra poesia

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