Lázaro Mendoza Ramos: El veterano de Algaba

Por más de 40 años el septuagenario recorre diariamente la arenera radicada en áreas del Consejo Popular de Condado

A pesar de sus 70 años cumplidos, Lázaro no deja de desempeñarse en cualquier frente. (Foto: Vicente Brito)
A pesar de sus 70 años cumplidos, Lázaro no deja de desempeñarse en cualquier frente. (Foto: Vicente Brito)

Para este trinitario de pura cepa, desde que comenzó a trabajar en la arenera Algaba las noches son más cortas y los días largos. Apenas unas horas de descanso en el hogar le resultan suficientes para recobrar energías, cuando aún de madrugada atraviesa las calles empedradas de su barrio, antes de abordar el transporte que lo lleva nuevamente al centro laboral, situado en las postrimerías del Consejo Popular de Condado, a unos 22 kilómetros de la ciudad.

Desde sus inicios, hace más de 40 años, muchas han sido las tareas en las que se desempeñó; primero como operador del cargador de cantera, pero también en la pala y el molino o como chofer de uno de los carros que traslada el material desde el yacimiento hasta la planta que beneficia la materia prima.

“Me considero un experto en el manejo de equipos pesados y otras labores”, dice Lázaro Mendoza Ramos, el hombre que con 70 años a cuestas no se repliega ante nada y se sube sobre la rejilla, a la entrada del molino, para sacar las piedras que quedan atrapadas allí; luego las deposita, una a una, fuera del equipo y así evita que se detenga la marcha del proceso.

“Para mí no hay trabajo duro, yo asisto diariamente a mi centro, no importa que el amanecer me sorprenda en la carretera, ni que esté lloviendo o haga frío, con un trago de café es suficiente para ponerme en marcha, será por eso que aquí todos me estiman y respetan, o quizás por ser el único fundador activo y porque saben que me conozco de memoria la arenera”, acota Lázaro.

Sentado en la cabina de su carro, el mismo en el que recorre unas 20 veces los 2 kilómetros que separan la planta de proceso del yacimiento, el veterano de Algaba habla de su maestría para pasar, en su viaje de ida y regreso, el río Agabama. “Eso sí que se las trae, las gomas resbalan por la pendiente y uno debe ser artista para dominar el timón, sobre todo cuando vienes con la cama llena de arena y sientes como si el camión bailara, con un movimiento de un lado al otro del camino fangoso”.

De momento Lázaro cambia el rumbo de su diálogo; ahora habla de sus hijos y nietos convertidos en hombres y mujeres de bien, y del amor que siente por su familia, comenta de su vocación por la música, el baile y del respeto a Fidel y al Partido, del cual es secretario del núcleo en el centro, desde hace muchos años.

“Nadie como yo siente la necesidad de acudir diariamente a Algaba, es como si esta arenera fuera mi segundo hogar y así será por mucho tiempo, porque mientras tenga fuerzas para levantarme estaré trabajando. Sin este olor a tierra mojada y este paisaje rodeado de lomas de piedras, las mismas que quedan luego del proceso de beneficio de la materia prima, yo no podría vivir”.

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