Los tres espirituanos que asaltaron la historia

Reemberto Abad Alemán, Ricardo Santana Martínez y Antonio Darío López figuran en el selecto grupo que se enroló en los hechos del 26 de Julio

26julio-ssp-2016

En su reveladora con­versación con el politólogo Ignacio Ra­monet, el propio Fidel Castro pareciera volver a vivir el instante en que quedó solo en medio de la calle con su escopeta calibre 12 disparando a intervalos contra un guardia que intentaba accionar una ametralladora 50 en el techo del cuartel para cazar a los revolucionarios.

El episodio ocurrió el 26 de julio de 1953 frente a los muros del Moncada cuando el joven rebelde había ordenado la retirada ante la imposibilidad de tomar la segunda fortaleza militar del país y en el momento de escapar decidió ceder su puesto en el carro a un combatiente recién llegado.

En la entrevista titulada Cien horas con Fidel, el líder de la Revolución rememora có­mo en ese instante fue salvado por un joven de apellido Santana que tuvo el valor de regresar bajo una lluvia de balas a librarlo de una muerte casi segura.

Ricardo Máximo Santana Martínez, a quien Fidel considera artemiseño en su diálogo con Ramonet, en efecto había llegado muy pequeño a la cuna de los moncadistas, pero en realidad nació en el municipio de Fo­mento, en la antigua provincia de Las Villas, donde hoy lo veneran como a uno de sus hijos más ilustres y símbolo de aquel territorio, un gesto que él supo recompensar en sus múltiples visitas a estos predios.

AQUEL CHOFER ERA YO

Ricardo Máximo Santana Martínez. (Foto: Archivo de Escambray)
Ricardo Máximo Santana Martínez. (Foto: Archivo de Escambray)

El 20 de julio de 1983 en un intercambio entre Fidel y el resto de los moncadistas sobrevivientes, Santana le dijo al jefe de la Re­volución que él podía contar con lujo de detalles cómo había sido la retirada del Moncada:

“Un carro se le acercó de marcha atrás, en medio de la balacera y usted subió a él. ¿Re­cuerda que usted quería atacar el cuartel de El Caney y el chofer le dijo que eso era una locura, que allí sabían lo sucedido en el Moncada y de seguro los iban a estar esperando, y entonces usted le dijo unas cuantas palabras bien duras?”.

—¡Verdad que sí! ¿Y cómo tú sabes todo eso?, le preguntó Fidel.

—Comandante, aquel chofer era yo.

En un libro de excepcional valor, El artemiseño que rescató a Fidel, el teniente coronel de las FAR Enrique Garcés Montero reproduce textualmente la grabación en la que Santana cuenta todo el episodio a su familia:

“Veo a un oficial caminando de espaldas, disparando, pero ya cuando lo veo le estoy pasando por el lado y pasé tan rápido que después es que hago así y reacciono y digo: ‘¡Ese es Fidel!’. A la velocidad que llevaba frené el carro allá lejísimo… y entré rápido de marcha atrás y lo recogí…”.

Persona modesta que jamás ostentó de su mérito, Santana había nacido el 9 de junio de 1930 en Fomento, donde pasó sus primeros años antes de ir a residir al entronque de San Diego, donde como chofer de alquiler y dueño de una ponchera se relaciona con los futuros asaltantes.

Tras vivir en el exilio, sufrir persecución, en­carcelamiento y torturas, se mantiene en la clandestinidad hasta el triunfo de 1959, fecha a partir de la cual desempeña múltiples funciones como jefe de Recuperación de Bienes Mal­versados en Pinar del Río, director provincial y nacional de Correos y Telégrafos y funcionario del Banco Nacional de Cuba, actividad esta última en la que se jubila en abril de 1984.

Antonio Darío López. Foto: Archivo de Escambray

TRES HÉROES
Ricardo Santana fue uno de los tres espirituanos que participaron en las acciones armadas del 26 de Julio de 1953 en Santiago de Cuba y Bayamo. Los otros dos, quizás más conocidos, fueron Reemberto Abad Alemán Rodríguez y Antonio Darío López.

Este último, Darío López, oriundo de Ja­tibonico, logra escapar de puro milagro tras fra­casar el asalto al cuartel de Bayamo, regresa a La Habana y allí consigue asilarse en la embajada de Guatemala.

De este país Darío se traslada a México, don­de enseguida traba contactos con Ñico Ló­pez, viaja a Cuba en cumplimiento de diversas misiones revolucionarias hasta que allí se reencuentra con Fidel e integra la nómina del Granma.

Combate en Alegría de Pío y es capturado el 13 de diciembre en Cabo Cruz, de donde lo trasladan primero al Moncada, después a la cárcel de Boniato y finalmente al Presidio Modelo, en Isla de Pinos, donde lo sorprende el triunfo de la Revolución.

Entonces, se integra otra vez a la causa y tras servir durante varios años a las ideas por las que había consagrado lo mejor de su juventud, fallece el 29 de mayo de 1985.

Reemberto Abad Alemán Rodríguez. Foto: Archivo de Juventud Rebelde

Reemberto Abad Alemán Rodríguez, nacido en Guayos y radicado entre los dos y los 11 años de edad en Jatibonico y posteriormente en La Ha­ba­na, es el único espirituano mártir del 26 de Julio.

Fue masillero de la construcción en Ma­ria­nao, estudió piloto por correspondencia en un instituto de Estados Unidos y al negarse a combatir en Corea bajo las órdenes imperiales no pudo obtener su título.

Se vincula a Fidel y a la Generación del Cen­tenario, con quienes realizó prácticas de tiro y entrenamientos en la Universidad de La Habana para la lucha contra el régimen, que no dudó en iniciar el 26 de Julio de 1953 por la Posta 3 del Moncada, justamente donde en­contró la muerte.

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