Mulata de ley

Con apenas 27 años, una joven trinitaria se erige como la primera mujer en trabajar en la especialidad de Control de Estancia, perteneciente a la Dirección de Identificación, Inmigración y Extranjería

“Contribuir a la continuidad de la Revolución es un compromiso”, afirma. (Foto: Carlos Luis / Escambray)
“Contribuir a la continuidad de la Revolución es un compromiso”, afirma. (Foto: Carlos Luis / Escambray)

Todavía hay a quien le cuesta identificarla con una oficial cuando la ve en uniforme. Aunque las charreteras indiquen que, sin lugar a duda, usted está delante de la primer teniente; aunque la vean desembarcar con papeles en mano, dominando leyes migratorias, cuestiones de arrendamiento… en la memoria persiste la imagen de la jovencita que, tres años atrás, montaba en el lomo de una Yutong cada domingo rumbo a la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas con el afán de licenciarse en Lengua Inglesa.

Mucho ha llovido desde la mañana en que, en pleno corazón del Instituto Preuniversitario de Ciencias Exactas Eusebio Olivera, de Sancti Spíritus, decidiera abrazar la vida militar; mas, si algo no ha cambiado ha sido la sonrisa y la belleza, por momentos seductora, que heredó de sus abuelas, dicen quienes la conocen bien.

Lo que pocos son capaces de aquilatar, sin embargo, es la envergadura de la responsabilidad sobre los hombros de Patricia Ruiz Lameiro: velar que cada extranjero de paso por Trinidad realice actividades de acuerdo con la visa solicitada para entrar al país, controlar el quehacer de los más de 500 hostales dispersos en la villa, mantener bajo control todo intento subversivo proveniente de países foráneos, lidiar con un público heterogéneo donde, alude, se topa con ciudadanos de conducta intachable y otros de turbias intenciones.

“Ser la primera mujer en asumir la tarea de Control de Estancia no ha sido nada fácil. Somos tres oficiales. Los otros dos son hombres. Nos llevamos muy bien, pero uno tiene que ganarse el respeto a base de esfuerzo”, explica con deslumbramiento.

Cuenta entre sus experiencia la llegada de los cruceros al puerto de Casilda, los trabajos a deshora, y la modestia la lleva a omitir los reconocimientos recibidos por el buen desempeño, incluso desde que desandaba los pasillos de la facultad de Humanidades, cuando devino mejor cadete de su promoción, en 2013, hasta los estímulos en su centro de trabajo, que incluyen este ascenso adelantado atendiendo a los resultados de su gestión.

“No todo ha sido fácil: esta vida exige un comportamiento inviolable, un código de ética, además de adentrarse en un mundo laboral donde, por lo general, predomina la presencia masculina y acarrea cierta postura. Fue complicado también porque tuve que estudiar manuales de Inmigración, conocer la ley migratoria, aprender algunos elementos básicos de Derecho, cuando mi carrera se especializaba solamente en los idiomas. Y, para rematar, de pronto me veo desempeñando un trabajo sin referentes femeninos en el municipio”.

¿Alguna vez han intentado sobornarte?, inquiere Escambray.

Como tenemos contacto directo con extranjeros y personas que ejercen la actividad de arrendamiento, nos desempeñamos a veces en un ambiente un poco hostil. Te encuentras de todo: personas honestas y otras que pretenden medir tu actuación e intentan a toda costa salir con un beneficio, comprometernos mediante sobornos, de forma directa o indirecta. Por eso este trabajo requiere una concentración extrema porque en todo momento quieren hacer tambalear nuestros principios. Ese es uno de los aspectos en los que todavía reflexiono: Solamente tengo 27 años y tengo que tratar con personas que pueden ser mis padres o mis abuelos. Tenemos un nivel de decisión un poco fuerte, pero siempre y cuando todo esté en orden, no hay problemas”.

En estos predios ya ha encontrado el compañero de sus días y con la esperanza de que, una vez llegada la maternidad, pueda servir de referente para los suyos, los amaneceres la descubren en plena carretera, recorriendo la Trinidad donde nació y donde quisiera dejar pautas. “Hay quien solo ve la parte del sacrificio. Y es verdad, pero también es muy bonito ver reflejado tu trabajo cotidiano en la tranquilidad ciudadana y saber que has contribuido, al menos con un granito de arena, a la herencia que un día se nos dio: mantener la soberanía de esta patria grande”.

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