Rumores clandestinos de boca en boca

CADECA en Sancti Spíritus duplica las operaciones tras los rumores en torno al "chavito".
CADECA en Sancti Spíritus duplica las operaciones tras los rumores en torno al “chavito”.

Los cubanos son, por naturaleza, expertos en muchos temas. Digamos, por señalar un ejemplo, en Medicina. Cuando llegan al consultorio, generalmente, solo es a pedir —o exigir— la receta; ya saben qué padecen, cuál es el mejor tratamiento, a dónde debe el doctor remitirlo e, incluso, cuáles procedimientos aplicar.

 

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CADECA en Sancti Spíritus duplica compra de chavitos

Pero si miramos para otro lado, son adictos a chocar con el béisbol; juzgan cada maniobra, cada decisión. Disfrutan, más que el juego, criticar a los directores, cuestionar a los árbitros y hasta a las estrellas del terreno. Una recta al medio deja de ser strike en boca de los espectadores, y una pelota de hit muy bien les parecía fildeable.

Pero voy al grano, que no es de Medicina ni de béisbol que pretendo escribir. Hablaré de bolas, sí, pero no de las que animan el estadio ni de las que alteran los nervios en Coppelia; me refiero, en concreto, a los rumores callejeros, que también arrastran multitudes, y en esa materia los habitantes de esta isla ya han rebasado la categoría de especialistas para convertirse no en másteres —que no los califica bien—, sino en auténticos doctores.

En la calle siempre hay una bola y, por suerte o por desgracia, la mayoría de las veces tiene algo de fundamento en el fondo: que si a fulano lo tronaron en la empresa, que si a mengano la mujer lo “tocó”, que si un artista se “mudó” del país o cualquier deportista cambió de camiseta en el último torneo…

En la calle siempre hay una bola.
En la calle siempre hay una bola.

Tal vez por esa suerte de puntería que tiene Radio Bemba para enterarse primero que la mismísima prensa del acontecer nacional, la pasada semana una noticia clandestina movilizó prácticamente el país. “Van a bajar el chavito a 18 pesos cubanos”, aseguró alguien —vaya usted a saber ahora quién tiró la primera bomba— y una multitud se puso a correr.

Por más que algunos titubearon, la bola picó… y se extendió de esquina en esquina, de pueblo en pueblo; hasta los que poseían una “fortuna” de 10 CUC gastaron los zapatos en las colas.

Comentan —a mí no me crean, que la falsa noticia más bien me entusiasmó muchísimo y por desgracia no tenía ahorros que cambiar— que los compradores informales hicieron zafra, que muchos incautos perdieron hasta miles de pesos en la jugada y —esto sí pueden creerlo— que las Cadecas y los Bancos se quedaron coyunturalmente sin efectivo en determinados momentos para dar frente a la avalancha que se les vino encima.

El chisme se hizo noticia hasta en la Redacción de Escambray, donde, aunque los implicados no lo quieran confesar ahora, hubo dudas latentes.

En primer lugar, en nuestro país las decisiones de peso, las que implican directamente al pueblo, han sido debidamente informadas por los canales pertinentes; en segundo, particularmente el Banco, es una institución muy ética con los derechos de sus clientes y ha dado a  conocer todas sus medidas con antelación, claridad y respeto estricto a la confianza de estos al depositar sus cuentas en las arcas de las distintas sucursales de la isla.

La muestra más clara es que cuando el rumor ya se hizo una bola gigantesca, que no paraba de correr, los propios directivos del Banco convocaron a la prensa para desmentir el absurdo, explicar e intentar convencer a la población de que no habría, por el momento, transformación alguna en la política cambiaria y el valor del chavito se conservaba intacto.

Pero aclaro, ni diciéndolo el mismo Banco la gente se calmó; las colas siguieron ese día, y el siguiente… Para decirlo mejor, todavía no está muy convencida.

Dice un amigo mío —pero esto también es una bola, no le crea— que alguien echó a rodar la pelota, intencionadamente, para apreciar la repercusión que tendría la medida en tiempo real; otros especulan  que se pretendía saber la cantidad aproximada de chavitos que se encuentra en manos de la población y, de paso, ir recogiéndolo, mientras no pocos —tan “boleros” como los anteriores— afirman que la noticia se “filtró” en algún eslabón de la cadena.

Verdaderos o artificiales, criterios de tal índole y situaciones como la vivida en Cuba durante la última semana deben dejar, al menos, el sabor de las lecciones.

La primera —esto sí lo digo yo—, es que el pueblo siempre ha de estar debida y oportunamente informado de todo cuanto acontece para que pueda confiar más en los organismos y en la prensa que, con sus virtudes y descalabros, es la facultada para ejercer esa función. La segunda, por si acaso, que los encargados de guardar ciertas informaciones confidenciales deberían hacerlo con candados en los labios.

De lo contrario, habrá nuevos envíos de lanzadores anónimos que —vaya a usted a saber con qué estrategias o intenciones— logren ponchar a un país entero, porque —debemos admitirlo— con la infundada noticia de los chavitos a 18 todo el mundo le hizo swing a una bola mala… y era de trapo.

One comment

  1. Me gusta mucho leer nuestro periódico y en este artículo acierta usted que casi siempre las bolas tiene en su fondo algo de verdad, no quiero entrar en un debate pero si referirme a uno de sus párrafos ” en nuestro país las decisiones de peso, las que implican directamente al pueblo, han sido debidamente informadas por los canales pertinentes; en segundo, particularmente el Banco, es una institución muy ética con los derechos de sus clientes y ha dado a conocer todas sus medidas con antelación, claridad y respeto estricto a la confianza de estos al depositar sus cuentas en las arcas de las distintas sucursales de la isla” en el año 2005 o 2006 ahora no recuerdo por el tiempo trascurrido si me vi afectada por una decisión que por no rodar la bola fuimos muchos los afectados, de un día para otro el CUC de 27 pesos pasó a valer 25 pesos y ese día cuando fuimos la Banco, el dinero estaba sin problemas pero al nuevo valor, no respetaron que lo habíamos guardado con un valor de 27 pesos, ese día habían ancianas llorando porque tenían lo exacto para una lavadora, le preguntábamos a los trabajadores del Banco y muy fríamente nos contestaban que ahora era a 25, yo no lloré pero se me aprieta el corazón cada vez que me acuerdo todo el dinero que perdí, la enseñanza me permitió no tener miedo a un nuevo cambio, pues yo, como no confío, no tengo nada que cambiar en el Banco.

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