Periódico de Sancti Spíritus

Ayudémonos nosotros mismos

Golpeada la mayor parte de Cuba por la furia concentrada del huracán Irma es un imperativo que cada territorio enfrente con sus propios recursos la ingente tarea de la recuperación

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Salvo el cemento y sus derivados y el acero, la mayor parte de los materiales constructivos pueden producirse localmente. (Foto: Vicente Brito/ Escambray)

El adagio popular que reza: “¡Ayúdate, que yo te ayudaré!”, viene hoy más que nunca a colación, a propósito de los ingentes daños ocasionados por el huracán Irma a lo largo y ancho de la isla, lo que hace muy difícil, cuando no imposible, que una provincia se vuelque en auxilio de otra, cuando ella misma ha sufrido grandes afectaciones por el meteoro y necesita concentrar todas sus fuerzas y recursos en aras de la recuperación.

No ocurrió esta vez como en los casos de Sandy, que destruyó prácticamente a Santiago de Cuba, o Matthews, que afectó sobre todo a los cuatro municipios más orientales de Guantánamo, pues salvo Santiago, Pinar del Río y la Isla de la Juventud, y en menor medida Holguín, Granma y Las Tunas, el resto del país se vio severamente golpeado por el reciente fenómeno meteorológico Irma.  

No se trata de que el Estado cubano vaya a dejar desamparado a nadie, pues ya lo destacó el Presidente cubano Raúl Castro en reciente mensaje al pueblo de Cuba con motivo de Irma, al reafirmar la voluntad del Partido y del Gobierno de compensar vulnerabilidades y acompañar a todo el pueblo en el gigantesco esfuerzo recuperador que ya se desarrolla. De lo que se trata es de descubrir potencialidades nuevas, explotar las existentes y que cada provincia, municipio o comunidad potencie al máximo la vorágine  reconstructiva con sus propios recursos materiales y humanos.

Al enfrentar esta problemática, hay que partir de que a veces tenemos en las manos todo —o casi todo— lo necesario para “salir del bache” y no nos proponemos resolverlo.

Vale meditar que, con excepción del cemento y las barras de acero que se producen nacionalmente, los demás materiales y renglones como ladrillos, tejas, rasillas, arena, piedra y madera rolliza, entre otros, se pueden elaborar localmente en instalaciones ya en explotación o en otras que sin grandes erogaciones y esfuerzos es posible poner a funcionar. Cuando se dispone de cemento, arena, gravilla y algún que otro aditivo, se pueden garantizar elementos para pisos, paredes y techos, como hormigón, bloques, bovedillas, mosaicos, baldosas, etcétera.

A veces contamos con capacidades instaladas que desconocemos o subestimamos. Pongamos por caso Sancti Spíritus, donde funcionan cerca de una docena de tejares estatales y particulares, ubicados en la propia ciudad y en sus alrededores, capaces de producir a pleno ritmo cantidades significativas de renglones derivados del barro, así como caleras susceptibles de aportar toda la cal y la masilla que se necesiten.

Cuando un lector de nuestra provincia medita sobre esto, enseguida le vienen a las mentes realidades parecidas en su propio territorio que permiten, bien dirigidas y administradas, suministrar los elementos materiales esenciales para la recuperación, lo que hay que hacer es poner manos a la obra. Voluntad hay en grandes cantidades.

Algunas personas expresaban favorables y esperanzadas opiniones acerca de la solidaridad internacional con Cuba, formulada por gobiernos como los de Venezuela —cuya ayuda ha empezado a llegar—, pero también de Vietnam, Panamá, la Federación de Rusia, Bolivia y otras naciones, que ya anunciaron envíos en tan difícil coyuntura. El pueblo cubano lo agradece hondamente, pero con los pies bien puestos en la tierra, pues sufrimos daños tan considerables en el fondo habitacional y en infraestructura que cualquier contribución o donativo siempre será poco.

De ahí que nos levantaremos, ¡sí! —no lo dude nadie—, pero sobre la base de nuestros propios esfuerzos.



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