Cuando las embarazadas se animaron a parir (+fotos)

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La doctora Caridad Alpízar se desdobló en varias funciones durante el paso de Irma. (Foto: Arelys García/ Escambray)

Todavía hoy se comenta cómo el Hospital General Docente Joaquín Paneca, de Yaguajay, mantuvo sus servicios fundamentales en medio del azote de Irma

Sancti Spíritus: Sanan instituciones de Salud

 

A una velocidad de espanto pasaban las nubes blancas ante la mirada curiosa del doctor Manuel Santamaría. Pero el director del Hospital General Docente Joaquín Paneca, de Yaguajay, no viajaba en un avión. Esas nubes eran las rachas de viento a ras de la calle, asociadas al huracán Irma, que levantaron en peso las tres matas de coco sembradas delante de la institución sanitaria, donde retozaba con estas. “Después que las arrancó las movía como hojas de papel”, ilustra el médico apelando a un símil al cual no renunciaría ni el periodista de menos oficio.

Cuando se sucedían estas escenas, al despuntar la madrugada, el futuro bebé de Daisleny Castillo Bencomo quizás se dijo que no perdería lo que estaba ocurriendo afuera. Y puso más en tensión al equipo médico de la Sala de Maternidad, aunque las doctoras Caridad Alpízar y Juana González, así como las enfermeras Yennys Vázquez y Daína Cabrera actuaban con una serenidad envidiable:

—¡Dale!, puja fuerte. ¡Daleee, que ahí viene!, animan a la madre, quien suda a cántaros.

—¡Ah! Aquí está.

Es la 1:45 a.m. del sábado 9 de septiembre. Aún las rachas de viento no habían alardeado de toda su prepotencia. Antes, los directivos del Joaquín Paneca revisaron cada medida: puertas y ventanas bien aseguradas, suficiente agua en la cisterna, los medicamentos y otros recursos resguardados, sacos de carbón como alternativa en la cocina, el petróleo necesario para el grupo electrógeno, porque la corriente de que se iba se iba…

—¡Oyeee!, baja ese televisor de ahí, si tú no quieres verlo volar y caer sobre la cama de aquel paciente, se escucha en el pasillo. Es la urgencia que dicta órdenes.

Primero, los vientos soplaron del oeste; luego, desde el sur. “Ahí fue cuando Irma dijo: aquí estoy yo”, evoca el doctor Santamaría. En minutos, se trasladaron los hospitalizados de una sala a otra, de un local a otro. “Pusimos embarazadas hasta debajo de las mesetas del Laboratorio Clínico”, añade el director, quien habla, además, de los ocho nacimientos ocurridos de viernes a lunes, cifra que duplica los habituales en el centro asistencial.

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El personal de Enfermería demostró más que calidad en su desempeño. (Foto: Arelys García/ Escambray)

—Las embarazadas se embullaron a parir, aunque ninguna le puso el nombre de Irma a su bebé, grafica esas vivencias el doctor Luis Guillermo Fulgueiro, responsable de los servicios de Gineco-obstetricia, ahora más aliviado, como el resto de sus colegas.

“La elevada cifra de partos es lógica”, aclara la neonatóloga Caridad Alpízar y en un intento de explicarme las razones acude a un trabalenguas científico —disculpe, doctora, que el ignorante lo pongo yo—, donde alude a las secuelas del estrés, a la liberación alta de cierta hormona por la gestante, a la placenta, al futuro niño, que conoce todo lo de su mamá; esa criatura empieza a liberar la misma hormona en su cerebro… y dice: ya es la hora.

Sin embargo, esta tarde hay calma en el hospital, y a la especialista le da tiempo para dialogar acerca de la nobleza del colectivo, de los turnos que doblaron, de los colchones que trasladaron, del aseo a los recién nacidos —les cambiaron hasta los pañales—, de la actitud del almacenero y del operador del grupo electrógeno, de las escobas y trapeadores en mano, del agua que tuvieron que llevar a cubo para descargar los sanitarios, cuando este servicio se afectó por un tiempo.

Con cinco ciclones escampados en el hospital, la doctora Caridad expone que, debido a la imposibilidad del cocinero de trasladarse hasta allí en medio del huracán de vientos, los guardias de seguridad y protección, junto a la pantrista, asumieron la comida, y aún se siente el olor de la sazón de la sopa de pollo. Nadie dejó de saborearla, ni los pacientes ni los acompañantes ni los especialistas venidos desde el Hospital General Universitario Camilo Cienfuegos, de Sancti Spíritus.

La presencia de estos últimos en el Joaquín Paneca respondía a una estrategia diseñada por la Dirección Provincial de Salud Pública, comenta el doctor Israel Hernández Arrozarena, subdirector del centro médico yaguajayense. Especialistas en Neurocirugía, Ortopedia, Anestesiología y Cirugía arribaron al poblado el viernes 8 de septiembre y solo estuvieron de vuelta a Sancti Spíritus el lunes en la mañana.

El hospital del norteño municipio, que dispone de una moderna Sala de Hemodiálisis, mantuvo sus servicios fundamentales abiertos, entre estos los del Complejo de Terapia —abarca cuidados intermedios e intensivos—, liderado por el doctor Yanni Hernández Campos.

Hasta el sábado en la noche, esta unidad atendía a cinco enfermos graves; pero, alrededor de las ocho llegó, a bordo de una ambulancia que solicitaba vía con flashazos azules, otro aquejado de un infarto agudo del miocardio, quien recibió los primeros auxilios en el policlínico de Venegas. La pericia y la destreza de todos le salvaron la vida al anciano.

“No pasé el huracán en la sala porque tengo una bebé; pero mi cabeza también estaba aquí. Esta es nuestra casa”, apunta la doctora Yanet Callao Hernández, defensora del rol imprescindible del personal de Enfermería en la prestación de los servicios de salud.

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La profesionalidad distingue el quehacer del Complejo de Terapia y del resto de los servicios asistenciales. (Foto: Arelys García/ Escambray)

Por ello, no me extraño al saber que los ojos de Miguel Ángel Torres casi se les secaron siguiendo, en los monitores, el vaivén de los latidos del corazón de los ingresados durante las eternas horas que Irma sembró tempestades en la región central de Cuba. “Trabajé con la mente fría; un error nuestro le cuesta la vida a una persona”, advierte el enfermero.

Ningún fallecido hubo en el hospital al paso de Irma, que sí se encaprichó en derrumbar el techo del almacén de medicamentos, del grupo electrógeno y de la lavandería. Tampoco habría por qué extrañarse. En la cabeza se me ha quedado prendido el relato del doctor Santamaría: las nubes blancas, las ráfagas de viento que retozan con las matas de coco como si fueran hojas de papel, y el llanto primerizo de un niño en ese preciso instante.

One comment

  1. Mireya Indira Dipotet Rodriguez

    Laboriosa labor de todo ese equipo de nuestro hospital soy yaguajayense y mi corazon estaba allá, pues me encuentro trabajando en Guinea Ecuatorial.Pensando en mi familia lo que estaban pasando.TENGO una hija llamada Alesiram sólo 3 años de edad y nació en manos de ese equipo.Caridad Alpízar un ejemplo a seguir doctor Fulgueiro es mi ídolo aunque yo era majadera con el,María Castillo y la rubia enfermera de la flora.Junto al enfermero Alain.No hay quejas para ese equipo sin menospreciar los demás.Quisieran que publicaran mis palabras.

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