Detallista de lo cotidiano – Escambray

Detallista de lo cotidiano

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“No he llegado a ser la artista buena con mayúscula que yo quisiera”, considera. (Foto: Lisandra Gómez/ Escambray)

Luisa María Serrano (Lichi) se distingue como una de las artistas espirituanas capaces de trasladar su entorno a sus creaciones de una forma natural

Persistencia de un arte muy propio (+fotos)

 

Este mes tocó a las puertas de Luisa María Serrano (Lichi) de una forma especial. Le recordó que hace 70 años llegó al mundo y cuando tenía solo dos décadas de vida apostó, de forma profesional, por enrumbar su destino en el mundo de las artes visuales.

“Empecé con la plumilla como una necesidad. De niña pintaba mucho. Luego, cuando ingresé en el taller libre de artes plásticas, traté de pintar. Ante la negativa de mi familia de dejarme estudiar en la escuela Nacional de Arte, me casé, tuve a mi hijo y trabajar con aguarrás y cargar un niño es algo incómodo. Por eso, me incliné por el dibujo que, insisto, no fue nada fácil”, añade.

Nacieron, entonces, sus creaciones que se impusieron desde el primer momento en predios yayaberos. Sus dibujos con códigos renovados apresuraron la llegada de los éxitos y el reconocimiento. Una exactitud envidiable en cada rasgo develó, más allá de su autodidactismo, el virtuosismo.

“En mi trabajo todo existe, no hay nada inventado. Están la Iglesia Mayor, las casas, el gato… Hago muchos apuntes y luego creo. Al no poder estudiar, me adentré de lleno en la biblioteca hasta que no encontré un libro nuevo que leer. Escrudiñé para mejorar mi obra”, añade quien se declara fanática a la mexicana Frida Kahlo.

¿Cómo llegan entonces los tapices?

“Viví un buen tiempo en Venezuela y un día descubrí en una revista unos dibujos bordados a punto cruz. Me asombré cuando vi la variedad de colores que podía explotar. Incluso, los materiales para realizar esas piezas eran muchos más baratos”.

¿No sentiste miedo de ser mirada por encima del hombro al apostar por ese formato más cercano a la artesanía?

“Nunca pensé si era mejor o peor. Mi hermana y yo creemos en un lema: pensar más en lo que tenemos que en lo que no tenemos. Te confieso que he hecho otras cosas más alarmantes”.

Entonces, a semejanza de abuelas y tatarabuelas, tomó aguja en mano e hilvanó cuantos hilos encontró. Perfeccionó cada puntada, tal y como lo hace con sus dibujos. Brotaron del soporte cuadros artísticos, donde personajes y tramas de cuentos, canciones, poemas o novelas nos desnudan a la Lichi poco amante de las tareas hogareñas, fiel amiga de cada emisión del programa Cómo lo oyes, eterna fumadora y degustadora de café.

“No he llegado a ser la artista buena con mayúscula que yo quisiera. No lo digo por modestia, sino porque soy muy ambiciosa en el plano profesional. Simplemente, aspiro a más”, expresa.

Y esa constante necesidad de ubicar sus creaciones en la dimensión del arte reflexivo y, en ocasiones, cuestionador de las circunstancias actuales se constata en su muestra Persistencia, en exhibición en la galería de arte Fayad Jamís del Comité Provincial de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, en Sancti Spíritus. Esa exposición en retrospectiva nos acerca a la artista que desde su micromundo sabe develar particularidades generales de contextos universales.

¿Es Lichi una mujer persistente?

“Eso es lo que he hecho en la vida. No te imaginas cuántos dibujos sin calidad he botado para no dejarme doblegar porque es muy fácil acomodarse. No sé si es tenacidad o locura, pero me alegro de ser así”.

Aunque son muchos los temas abordados en 50 años de vida artística, la imagen de Tuinucú, ese poblado de Taguasco, resulta recurrente…

 “No puedo olvidar cómo cambiaba el verdor de los álamos con las estaciones. Está el recuerdo eterno de los amigos y la familia. Mi casa, donde tantos sueños vi crecer. He tenido que acostumbrarme a la ciudad de Sancti Spíritus porque ya no podemos dar tantos viajes allá. Y sí, también me gusta esto aquí”.

También en Persistencia se desarropa una de las etapas de creación de Lichi más aplaudidas: su paso como ilustradora por Escambray y el suplemento cultural Vitrales.

“Agradezco mucho como siempre me trataron los periodistas. Lo más emocionante del periódico era cuando salía todos los días. Vivir ese cosquilleo de la inmediatez era muy enriquecedor. No creo que haya marcado pautas allí porque detrás de mí llegaron otros muchos ilustradores”, expresa quien asegura que ahora en tiempos más lentos de su vida se dedica a aprender el arte de la cocina, aunque en sus obras se recrean con sistematicidad ollas, cafeteras, molinos, tazas de café y otros objetos.

Después de este octubre tan especial, ¿qué viene?

He estado vinculada a los tapices hasta ahora, pero se me han ocurrido unos dibujos turbulentos que pronto quiero que salgan a la luz.

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Lichi recuerda su paso como ilustradora por Escambray y el suplemento cultural Vitrales. (Foto: LIsandra Gómez/ Escambray)

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