El Coronel de las letras (+fotos)

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En el 2013 Luis Herrera recibió el Premio por la obra de la vida en la provincia. (Foto: Vicente Brito/ Escambray)

Después de 35 años en Escambray, se jubila pero no se retira uno de los decanos del periodismo en la provincia

Dice Luis Herrera, aunque nadie se lo crea, que ahora sí se va a jubilar. Lo ha anunciado terco cada jornada mucho antes de cumplir los 65, hace ya un lustro, 11 meses y 25 días. Definitivamente él no sabe dejar Escambray después de dedicarle casi una vida entera. Llegó al periodismo por casualidad, pero ahora no encuentra el modo de voltearle la espalda a una profesión que le dio sentido a su existencia.

Dicen sus colegas que LH —un apodo en miniatura como él mismo— es una buena persona, con esa carita de muchacho pícaro y los gestos inequívocos en sus manos que envidiaría hasta el pintor  Guayasamín para alguno de sus cuadros.

Él no tiene fronteras: lo quieren desde los fundadores del periódico hasta los muchachos acabados de llegar al baile, a quienes jamás considera una amenaza y les entrega gratis su experiencia.

Dice Luis Herrera que él nació en las cordilleras entre Manicaragua y Santa Clara, en una casa de guano real y yagua. Hijo de un matrimonio campesino pobre y con 11 hermanos, hace historias tan bien contadas como Onelio Jorge Cardoso de cuando el Caballo de Mayaguara plantó campamento en su casa, o de cuando les sacaba información en la escuela a los hijos de los hacendados para ver si tenían armas de fuego, con esa vocación de agente y policía que lo enorgullece hasta hoy. 

Dicen sus colegas que LH jamás se pone bravo con una broma y nunca ha dejado de preocuparse cuando alguien se enferma en Escambray.  Lo mismo usa una camisa Manhattan de la década prodigiosa que una jaba azul de nailon para hacer los mandados; unas botas militares, que unas zapatillas con algún pantalón ripia’ o. Lo mismo le dice un piropo respetuoso a alguna de sus compañeras que despliega una tertulia en la Redacción sobre la importancia de la ganadería ovino-caprina.

Dice Luis Herrera que la Lucha Contra Bandidos era de madre. Casi un muchacho se fue a la guerra; estuvo en la Campaña de Alfabetización, en las milicias serranas y en la compañía especial que vino a Sierra Alta el día infausto que quemaron el tren y acribillaron a balazos a los interventores del INRA Joseíto Baso y el Negro Alonso. Anduvo como escolta de los asesores soviéticos en las Minas de San Fernando de Barajagua, cuando aquello estaba minado de bandidos. Y después, para no perder el hábito, atendió en el periódico por más de 30 años las temáticas de las FAR y el Minint.

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En 1984, durante una cobertura en el sector de la pesca en Tunas de Zaza.

Dicen sus colegas que ni Evaristo Hernández Lago —el decano de la agroindustria azucarera en la provincia— sabía más de zafra en Sancti Spíritus que LH. Contaba las matas de caña por hectárea en campos enteros del Uruguay para que nadie le hiciera un cuento del rendimiento. Todavía conserva los tres tomos de tecnología agroindustrial que recita de memoria y añora los tiempos en que cubría ese sector por la humildad de sus hombres y la sinceridad de aquellos dirigentes.  

Dice Luis Herrera que, aunque no lo parezca, es licenciado en Lenguas y Letras Hispanoamericanas, pero más que todo es periodista porque en esta profesión uno aprende y enseña todos los días; porque, en la práctica, el periodista es un educador. Y esa es una de sus mayores satisfacciones: haber compartido esta profesión con el colectivo de Escambray, donde encontró más una familia que un periódico. La otra dicha la encuentra en su familia y la razón principal de su vida la define en una sola palabra: Revolución.

Dicen sus colegas que el mejor número de LH fue la tarde en que se apareció al baile de disfraces del periódico montado en un caballito de palo y con un biberón puesto. No quedó uno que no echara las tripas. Aunque a nadie se le ha olvidado tampoco la odisea de Luis cuando la computadora llegó y dijo. Él pasó mucho para domar aquella bestia que con un delete o un shut down le dejaba la página en blanco y la cabeza ardiendo.

Dice Luis Herrera que el periodista que no estudie, que no haga un archivo está frito y que va a defender la especialización hasta el último día porque en esta profesión el talento resulta importante, pero la constancia y el aprendizaje, también. Mas el principal legado que él le deja a este periódico es su consagración al trabajo, no de ahora, sino de siempre, de cuando la circulación era diaria: él llegaba a las cinco de la mañana y se iba a las once de la noche.

Dicen sus colegas que, aun así, le quedó tiempo para cinco hijos y seis matrimonios hasta que llegó María Neida —su actual esposa—y mandó a parar. Guarda en sus antiquísimos archivos desde la conversión de las unidades de medida hasta los requisitos para cambiar la chapa de los automóviles. Como estímulo por sus resultados, a LH le entregaron un Moskovich en los años 80 y, en vez de dedicarlo a pasear, no quedó un lote cañero donde no lo destartalara.

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Luis Herrera se desempeñó como reportero de Escambray durante 35 años. (Foto: Vicente Brito/ Escambray)

Dice Luis Herrera que él prefiere la foto donde las medallas y distinciones no le caben en el pecho y le encanta atolondrar a sus colegas en el salón leyendo por teléfono cinco o seis cuartillas del tema más pinto de la paloma para que la fuente le confirme una milésima de dato. Pero sus mayores frustraciones aparecen cuando palpa la pérdida de valores en algunos funcionarios o fracasa determinada empresa estatal, como Banao o el macizo cañero de Las Nuevas y Los Negros, porque él todavía sueña con vivir en una sociedad perfecta.

Dicen sus colegas que bien merecido recibió hace unos años el Premio por la obra de la vida.  A veces algunos recuerdan ciertas disputas con el jefe porque defiende sus razones a capa y espada, pero nadie niega que LH sea disciplinado y laborioso, aunque no haya mediodía ni sofá que se le resista porque para él la siesta también es sagrada.

Dice Luis Herrera, aunque tampoco nadie se lo crea, que a él no le gusta la vida militar, pero le brillan los ojitos y se realiza como nunca cuando amanece vestido de verde de pies a cabeza, con los grados de teniente al hombro para dar cobertura a un ejercicio de la Defensa, al Meteoro o algún pichón escuálido de huracán, aun cuando Rubiera ubique sus coordenadas más allá de las costas de Italia.

Dicen sus colegas que ahora LH se va por todo lo alto con una microscópica cobertura a la sequía, quizás la justificación que le faltaba para ratificar que llegó la hora de la jubilación pero jamás la del retiro profesional, que tiene la memoria perfecta y sigue listo para la pelea.

Dice Luis Herrera que jamás le pasó por la mente que un guajirito como él pudiera escribir en un periódico, donde se cultivan valores propios y ajenos. Aquí también aprendió a tirar fotos y si tuviera que volver a nacer regresaría cada jornada a la Redacción. Confiesa sin sonrojos que, como todo el mundo, también él sintió miedo, lo mismo en un cerco de la Lucha Contra Bandidos que cuando tuvo que redactar una denuncia contra algún delincuente común. Pero nunca titubeó porque el compromiso pudo más que el sobresalto.      

Dicen sus colegas que con 71 años ahora seguirá como un colaborador de la prensa. Para demostrarlo, después de su fiestón de despedida, se apareció otra vez en Escambray a despachar para la próxima semana su seguimiento a la sequía o a las predicciones meteorológicas porque ya llega otra temporada ciclónica. Con la agenda bajo el brazo entró nuevamente al salón de los reporteros por si acaso a alguien se le olvidaba que Luis Herrera llegó para quedarse como lo que es, el Coronel de las letras.

4 comentarios

  1. Juan carlos naranjo

    Cuántas cosas no sabía del colega .Excelente trabajo para un excelente profesional .

  2. Luis F Jacomino

    Una fotografía a Luis Herrera que bien lo merece.Por su constancia, dedicación , empeño.Brillante este trabajo para honrar a quien por derecho propio se ganó un puesto en la prensa espirituana.

  3. YOEXIS LEON SAÑUDO

    Coincido absolutamente con cada letra de mi amiga, colega y tutora de Escambray. LH parece que ‘”no moja pero empapa”; ”parece lento pero es aplastante”; “habla como un cao”, pero vale la pena escucharlo. Compartí un sinnúmero de coberturas aciclonadas y militares, además de interminables recorridos por la provincia con las máximas autoridades…y yo me cansaba… de verlo a él imparable. Para mi, SALVANDO LAS DIFERENCIAS (jaja), es el Rafael Daniel de las letras. Dicen que se jubiló?…Eso habría que verlo compay…ABRAZÓN LH

  4. Delia Rosa Proenza Barzaga

    Una maravilla de texto para una maravilla de persona.
    Así, como se ve en la segunda foto, lo conocí a finales del ’84, pero frente a la casa donde vivía yo, bien cerca de Escambray. Intentó darme clases de fotografía que jamás asimilé. Y sigue dándonos, a todos, lecciones de humanismo y humildad, el gran y único LH.

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