María de la Caridad López: No soy una enciclopedia (+ fotos)

Educación, Sancti Spíritus, Cuba
María de la Caridad López mantiene la pasión de prepararse desde cero. (Foto: Vicente Birto / Escambray)

Con más de cuatro décadas en el sector educacional, María de la Caridad López mantiene la pasión de prepararse desde cero

Quienes conocen a María de la Caridad López Hernández saben que no le gusta estar desocupada ni un segundo y que, luego de cuatro décadas y más de trabajo, relee entre las páginas de los libros para que no falte un detalle en sus clases de Biología.

De la mano de sus profesores en cada etapa de sus 67 años adquirió el gusto por aprender y el valor del esfuerzo, no existió un consejo fuera de tono, o una incorrecta expresión.

“¿El magisterio? Aunque mi madre fuese semianalfabeta, me exigía por los estudios, y además fui monitora, estudiante destacada, parece que todo eso me llevó a amar la profesión”.

Escambray la convida a revivir memorias, a sacar fuera cuanto pueda de lo que ha hecho desde 1970 hasta la fecha.

¿Cómo fueron las primeras experiencias siendo tan joven?

“Me tocó trabajar cuando aún la enseñanza especial no se dividía por especialidades, lo mismo tenía un niño con retraso mental casi de la edad mía, que uno con retraso escolar menor que yo. Hasta estuve enferma con trastornos en la regulación hormonal porque me ponía nerviosa cuando me enfrentaba a aquella aula con tanta diversidad”.

De un día para otro su vida cambió. María de la Caridad, con todos los deseos de superación a cuestas, comenzó la licenciatura. Recuerda cuán temprano se levantaba durante el período especial para estar a las 7:15 a.m. en el entonces Instituto Superior Pedagógico Capitán Silverio Blanco, en Cabaiguán, y a qué horas regresaba luego de impartir Metodología de la Enseñanza de la Ciencia Natural que tanto ama.

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María de la Caridad López asegura que prefiere antes enseñar que dirigir.

“Dicen los estudiantes que aprendieron a planificar conmigo”, comenta sin vanagloriarse.

En el 2010 se reincorpora a las aulas como contrato a tiempo completo de la ESBU Ramón Leocadio Bonachea en la ciudad de Sancti Spíritus y allí no deja de ser hoy, como en el resto de su carrera, hacedora de conocimientos.

¿Qué recursos emplea para acercar la teoría a la práctica?

Tenemos un laboratorio donde hay diferentes especímenes y microscopios, allí los acercamos a la realidad. Ahora mismo tengo unas láminas hechas por mí, otras montadas y también salimos de excursión; antes recolectábamos, pero ahora lo que hacemos es observar. Me preparo, independientemente de los años que llevo, como si fuera mi primer día de trabajo.

¿Qué tan compleja puede ser la educación de adolescentes?

Mis alumnos son mis amigos, cuando alguno comete un error hay que señalárselo, igual que lo pudiera cometer yo. Uno debe ponerse al nivel de ellos. Si ellos hacen una pregunta debo saber responderles correctamente, si no estoy preparada les digo: “Mañana doy la respuesta”, que no lo debemos hacer en una clase, pero una no es una erudita tampoco. Hace poco fuimos a dos exposiciones en la Casa de la Cultura y vamos también a la galería de arte, y eso me hace a mí ganarme a los jóvenes.

¿Cómo promover salud sin emplear el discurso de siempre?

Como soy bióloga, tengo conocimientos de esos temas, he pasado algunos posgrados con profesores de La Habana, en la misma Universidad de Ciencias Médicas, y eso me ha capacitado como promotora de salud en la escuela. No existen temas tabúes. A veces no tienen toda la confianza para hablar con los padres, lo pueden hacer conmigo, se llama a cada cosa por su nombre: menarquia, eyaculación, relaciones sexuales, embarazo precoz, entre otros términos.

La ciencia no se detiene, ¿cómo se actualiza de los nuevos conocimientos?

En la biblioteca hay alguna bibliografía más moderna, están también los programas que podemos tomar como referencia. Hemos hablado del mal uso de los celulares en el aula; sin embargo, en un momento determinado de la clase me dicen: “Profe, eso lo tenemos aquí”, y ese es el momento de tomar esa parte. Además, existe el diccionario técnico para buscar los términos, existen múltiples vías para la autopreparación, independientemente de que existen libros como el de Storer.

Con el paso del tiempo se puede perder el dinamismo, ¿por qué es un ejemplo de todo lo contrario?

Cuando era muy pequeña mis padres se separaron, me tocó estar con mi mamá que siempre fue muy activa, una mujer vanguardia nacional en sus años laborales. Cuando me divorcié iba con mis hijos a todas partes. Una es doctora y el otro, pintor.

En la escuela hago el esfuerzo más grande del mundo para participar en todo. Si el pasillo está sucio cojo la colcha y el trapeador y lo limpio. Organizo el aula constantemente, veo gente mucho más joven a la que le cuesta hasta levantarse de la silla.

¿Qué tan exigente es con usted misma?

Muchos compañeros me consultan, y no porque sea una enciclopedia sino porque me gusta prepararme. No soy esa persona que llega a casa y está por el barrio, me pueden tildar de rara pero así soy. Aunque no lo parezca soy un poco tímida. No me gusta que me llamen la atención, por vergüenza y no por autosuficiencia, trato de hacer todo de la mejor manera.

Con tanta trayectoria en el sector educacional, ¿por qué no ha asumido la dirección de un centro?

He sido jefe de cátedra, de departamento, me han propuesto la metodología incluso después de jubilada, pero como soy tan exigente sé que me voy a buscar más disgustos que gustos. Prefiero enseñar que dirigir, es más satisfactorio. Pude tener otras propuestas de trabajo cuando me jubilé, todavía me siento útil y sigo aquí.

Educación, Sancti Spíritus, Cuba
“Una no es una enciclopedia”, acota.

One comment

  1. Magnifica maestra,tuve el placer de conocerla cuando mi hija comenzo la secundaria,muchas gracias por su dedicacion y amor,es ejemplo para todos.

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