Autarquía de piernas cortas

materiales, construcción, Sancti Spíritus
La producción local de materiales para la construcción demanda la máxima atención.

La autarquía no es solo una palabra extraña; es mucho más que fabricar ladrillos y bloques en un municipio

Lejos quedaron los tiempos en que se contaban por miles las viviendas que por la vía estatal se construían en Sancti Spíritus, territorio que enfrenta una compleja situación en su fondo habitacional y constructivo debido, entre otros factores, a la falta de reparación y mantenimiento, los cuantiosos daños provocados por fenómenos meteorológicos y el marcado envejecimiento de los inmuebles no solo en Trinidad y Sancti Spíritus, dos de las primeras villas fundadas en Cuba, sino prácticamente en toda la geografía.

En medio de esta situación resulta alentador el emergente incremento en los niveles constructivos estatales y por esfuerzo propio de la población con la lógica demanda de materiales de todo tipo, fundamentalmente elementos de paredes, cubiertas, pisos y áridos, insumos de alta necesidad, pero con una producción insuficiente en los centros locales.

La estrategia de contingencia llamada Autarquía, nombre por el que se conoce al programa dedicado a la producción local de materiales de la construcción, pretende aprovechar las potencialidades de cada territorio, para así lograr sustituir importaciones e incrementar nuevos productos exportables y, al propio tiempo, revertir la situación de los aseguramientos de los recursos materiales para mejorar el fondo habitacional.

Ha pasado casi un lustro desde que en la provincia se estableció un programa que debía abarcar 46 Consejos Populares para crear las bases productivas que garanticen los materiales básicos que demanda la construcción de viviendas y hasta hoy solo se han activado 23 de ellos, sobre todo por falta de equipamiento como molinos de mandíbula, martillos, moldes para baldosas, viguetas, mesetas y bloques de cerramiento, imprescindibles para incrementar la capacidad productiva en un territorio que en estos momentos pide a gritos recursos para superar las secuelas dejadas por Irma.

Hasta hoy se ha solucionado cerca del 60 por ciento de las afectaciones provocadas por el meteoro del pasado mes de septiembre, se han vendido a la población más de 36 millones de pesos por concepto de materiales de construcción y se han beneficiado 30 205 de los damnificados, cifras no despreciables, pero todavía insuficientes.

Sabido es que la prioridad la tienen los daños provocados por el huracán; pero, ¿cómo se levanta o arregla una casa si en la mayoría de los municipios se incumple la fabricación y venta de cubiertas, bloques de cerramiento, tanques para agua y mesetas?

Coinciden los criterios de Néstor Borroto, director de la Vivienda en Sancti Spíritus, y de Noel Carballo, vicepresidente del Consejo Provincial de la Administración, cuando en análisis del tema aseguran que lo primero es garantizar la autarquía o autonomía municipal, es decir, autoabastecerse, no depender de nadie a la hora de producir los materiales que necesita la población local para asumir por esfuerzo propio las acciones de construcción, rehabilitación, reparación y mantenimiento de sus viviendas.

No obstante, y aun cuando la Empresa de Materiales del Poder Popular ha duplicado sus producciones obligada por una demanda que se incrementa, falta mucho para lograr la tan renombrada autarquía cuando, según opina Tomás Vázquez, director del Grupo Nacional de Producción Local de Materiales de la Construcción, Sancti Spíritus tiene por delante el gran reto de construir el 60 por ciento de las viviendas por la vía no estatal y el resto lo asume el Estado.

A ello se suma el hecho de que no se acaba de concretar la instalación de minindustrias capaces de suministrar materiales suficientes y que, de acuerdo con análisis del tema, deja mucho que decir la calidad de algunas producciones en varias industrias, razón por la cual se decidió paralizar la fabricación de los bloques de hormigón en plantas entregadas por la vía de la colaboración internacional en Yaguajay, Guayos, Fomento y Jatibonico, hasta tanto cumplan con los parámetros adecuados.

Todo esto contradice las pretensiones de cumplir un programa que intenta, en los próximos siete años, eliminar del fondo habitacional espirituano las más de 27 000 viviendas que hoy están en mal estado, incluidas las 17 000 peores, cuya solución será construirlas desde cero.

La autarquía no es solo una palabra extraña, ni salió de un libro de magia, es mucho más que fabricar ladrillos y bloques en un municipio; producir todo lo que se pueda hasta en el más pequeño rincón es vital en estos tiempos, cuando las nuevas inversiones deben estar en el centro de las políticas de desarrollo local de los municipios, porque son la base sobre la cual se construyen los cimientos del desarrollo económico y social.

Visto así, habrá que convencer a las entidades líderes del programa, léase industrias locales y Empresa de Materiales de la Construcción del Poder Popular, de que el autoabastecimiento resulta asimismo la manera más expedita para dar una respuesta inmediata a la recuperación de las viviendas dañadas por el huracán Irma .

De otra parte habrá que buscar la integración empresarial y al propio tiempo motivar e involucrar de lleno a entidades que también construyen, como Azcuba y el Minagri, sin olvidar que le toca a la Dirección de Planificación Física definir con tiempo parcelas para levantar inmuebles lo mismo con tabla de palma y techo de zinc que con tecnología Sandino de hasta tres niveles o petrocasas.

Tampoco hay que olvidar que, a fin de asegurar el crecimiento y sostenibilidad del programa, se requiere además de inteligencia, perseverancia, motivación e iniciativas; lo que, dicho en buen cubano, significa sumar personas y recursos para ponerle al pueblo productos de calidad —mucho mejor si fueran más baratos— que permitan reducir gradualmente el apremiante problema de la vivienda.

Deja un comentario

Escambray se reserva el derecho de moderar aquellos comentarios que irrespeten los criterios ajenos, ofendan, usen frases vulgares o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social.