Conciencia y corazón con Venezuela

Prácticamente inédito desde los tiempos iniciales de la Revolución cubana es el barraje de ataques y la colusión del imperio y sus títeres oligárquicos contra la patria de Bolívar en su intento de forzar un cambio de régimen

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El presidente Nicolás Maduro no ha cesado de hacer llamados insistentes a la paz y a la concordia.

Hace algún tiempo parecía que la oposición venezolana, que tiene sus pivotes en los principales factores oligárquicos del país, así como las oligarquías del continente, sus hermanas, no podrían coaligarse contra la Revolución Bolivariana después de cierto límite porque determinados escrúpulos durante la anterior administración estadounidense —empeñada en guardar las formas— se lo impedían. Pero no hizo más que llegar Donald Trump a la Casa Blanca y se perdió todo tacto, contención, recato….

Empecemos entonces por sustentar que, como muestra su actuación internacional, el señor Trump no reconoce la moral ni la ética a la hora de hacer ¿política?, y sus maneras bruscas y torpes de imponer a los demás sus puntos de vista, aplicando la razón de la fuerza, y no al revés, le ha ganado numerosas críticas y disensiones que empiezan por su gabinete, se extienden a su partido, el republicano, y atraviesan el mar, hasta provocar copiosas ronchas entre sus aliados de la Unión Europea y la OTAN.

En el caso de Venezuela, la obsesión trumpista deviene sencillamente escandalosa. Parece que es un tipo de enfermedad que ataca a los mandatarios yanquis y que si a Obama le provocó una gripe que le nubló los sentidos y terminó por declarar a Caracas en el Congreso una amenaza inminente e inédita para Estados Unidos, en Trump se ha convertido en una pulmonía que no lo deja dormir ni razonar con objetividad en sus ataques compulsivos de odio y amenazas contra la patria de Bolívar.

En el caso de Venezuela, la obsesión trumpista deviene sencillamente escandalosa. Parece que es un tipo de enfermedad que ataca a los mandatarios yanquis y que si a Obama le provocó una gripe que le nubló los sentidos y terminó por declarar a Caracas en el Congreso una amenaza inminente e inédita para Estados Unidos, en Trump se ha convertido en una pulmonía que no lo deja dormir ni razonar con objetividad en sus ataques compulsivos de odio y amenazas contra la patria de Bolívar.

Proceso curioso es observar cómo en los últimos años, de una forma progresiva, la derecha ultra oligárquica ha ido recuperando posiciones en el subcontinente, unas veces en las urnas, como en Argentina y Chile, y otras por medio de golpes de Estado parlamentarios o elecciones amañadas como en Honduras, Paraguay y Brasil, donde ahora los jueces al servicio del capital tratan de encarcelar al ex presidente Luis Inacio Lula da Silva para sacarlo del juego político, que de seguro ganaría.

Pues bien, ese “curioso” proceso de derechización del centro y sur del continente, de cuyo desarrollo tienen parte de culpa las izquierdas, ha confluido en su momento con un mandatario a su medida en Washington, con quien interactúan esas oligarquías venales, serviles y corruptas hasta la médula, hasta el punto de devenir los únicos regímenes que no ponen reparos de forma ni de contenido al imperio, abriéndole sus puertas a las fuerzas del Comando Sur, que ahora apuntan contra Venezuela.  

Es un tinglado agresivo el que se configura a partir de la movilización de efectivos militares de Brasil y Colombia hacia la frontera venezolana, con el apoyo político de una OEA regresada a sus peores tiempos, bajo la batuta del renegado uruguayo Luis Almagro, que medró en las filas del Frente Amplio y fue su canciller, para devenir un reaccionario de tipo cavernícola, y el llamado Grupo de Lima, integrado por gobiernos con profundas deudas democráticas y de derechos humanos, como son los de Chile, México, Colombia y Perú, el país sede, plagados de conflictos de todo tipo.

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Al pueblo venezolano no le queda otro remedio que prepararse activamente para derrotar la posible agresión que hoy preparan el Imperio y sus secuaces.

Aprovechemos para señalar otros elementos curiosos en el tablero político latinoamericano y caribeño, y es que si bien las derechas se tornan cada vez más ultras, prácticamente fascistas, las izquierdas lo son cada vez menos en el exacto sentido de la palabra, y en cambio han mostrado una tendencia hacia el desarme ideológico y una inoportuna moderación o, en caso extremo, el paso desembozado hacia posiciones contrarias.

Ejemplos de lo anterior son los casos del propio Almagro, y de Heraldo Muñoz, canciller del gobierno de la presidenta chilena Michelle Bachelet.

¿Qué se puede esperar si por ejemplo el segundo de estos personajes, asignado como garante en las conversaciones del gobierno bolivariano con la oposición en República Dominicana, cuando ya estaba todo listo para la firma del acuerdo alcanzado bajo los buenos auspicios del Presidente Danilo Medina y el expresidente español José Luis Rodríguez Zapatero, se marchó de Santo Domingo sin esperar la rúbrica e hizo declaraciones contra el mandatario Nicolás Maduro y el proceso de paz, para torpedearlo?

Con unas izquierdas así, no hacen falta derechas, podría decirse, glosando aforismos viejos. Esto, naturalmente, puso en evidencia hasta qué punto de descrédito llegan algunos gobiernos oligárquicos y sus representantes y hasta dónde han descendido las izquierdas, concesión tras concesión, haciendo el juego al enemigo declarado de los pueblos.

Una consecuencia directa de lo anterior fueron declaraciones de Rodríguez Zapatero, de censura hacia la Mesa de la Unidad Democrática y, especialmente, a su representante, Julio Borges, presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela —presente en Santo Domingo—, quien, siguiendo instrucciones que por vía telefónica, le trasmitió el secretario de Estado norteamericano, Rex Tillerson, desde Bogotá, se negó a firmar el acuerdo ya listo, a última hora.

Secuela también de lo anterior se puede inferir el hecho de que ya de regreso en España, Zapatero haya participado en un acto de respaldo a Venezuela, organizado por Podemos, una fuerza política emergente liderada por Pablo Iglesias y que clasifica a la izquierda del espectro electoral en la Península. El gesto se puede interpretar sin mayores complejidades, como una muestra de la toma de posición del político hispano, molesto por tanta infamia, en un espacio donde entre gobierno y oposición ya prácticamente va quedando escaso margen a las negociaciones.

El escenario político venezolano ha llegado a un momento en que, fracasados todos los métodos habidos y por haber y todos los intentos de derrocar el gobierno bolivariano por cualquier vía, la MUD y sus aliados en Estados Unidos, España, Colombia y otros países, se ven cada vez más tentados a jugar la carta de la intervención militar humanitar

El escenario político venezolano ha llegado a un momento en que, fracasados todos los métodos habidos y por haber y todos los intentos de derrocar el gobierno bolivariano por cualquier vía, la MUD y sus aliados en Estados Unidos, España, Colombia y otros países, se ven cada vez más tentados a jugar la carta de la intervención militar humanitaria.

Por todo ello, y en medio de los aprestos preparatorios de las elecciones programadas para el domingo 22 de abril, y a pesar de los constantes llamados de Nicolás Maduro a la paz y la cordura, no está de más la preparación de las Fuerzas Armadas Bolivarianas y el pueblo para propinar, 57 años después —llegado el caso—, la segunda gran derrota del imperialismo y sus cómplices en América.

One comment

  1. Le sugiero al autor que se empape mas sobre la situacion domestica de Venezuela, que tiene mucha desinformacion. Que no se conforme con leer los cables de Prensa Latina. En internet puede leer periodicos como TalCual, El Nacional, El Universal y Diario de Caracas. Cuando escriba objetiva e impacialmente sus articulos sobre Venezuela, estaran balanceados y seran creibles. El pais idilico que el pinta, no existe en la vida real.

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