Crecencio Turiño: Aquí nadie tiene que venir a darnos órdenes – Escambray

Crecencio Turiño: Aquí nadie tiene que venir a darnos órdenes

Un campesino de El Algarrobo rememora al Comandante en Jefe y conversa sobre la soberanía de Cuba

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“Fidel siempre nos pedía que se hicieran las cosas como tenían que hacerse, pa’ no fallar”, dice Crecencio Turiño. (Foto: Javier Alejandro Brito)

Cuenta que se apareció de forma inesperada y que cuando vio la cancha de baloncesto y habló de echar un partido fue preciso buscarle los tenis más grandes que había en el almacén; que ni se sabe el rato que estuvo jugando allí con los maestros y con “muchachos de todos los tamaños y de to’as estas lomas”. Que la emoción en El Algarrobo fue grande, porque “figúrate, el Comandante ahí mismo, dándole aliento a la gente, era algo nunca visto”.

Crecencio Turiño Medinilla, de una cantidad de años entre los 70 y los 80 que a veces no logra precisar, puede, en cambio, vivir eternamente sin olvidar algunos pasajes de su vida. Nació en la finquita del viejo, Pedro Turiño, “allí, mire, atrás del colegio”. Presenció siendo un mozalbete el juego de Fidel en el internado y le consta que fue un gran hombre. Hasta se aventura a hablar de los destinos del país que aquel hombre rigió a partir de sus apreciaciones de la realidad actual.

“Nunca más volvió, sí pasó por ahí por la carretera. Cumplió lo que le prometió a la gente en la escuela que él mandó a hacer: las luces y la guagua, “pa’l colegio y pa’l tráfico aquí, entre Güinía y Trinidad. Cuando eso pa’ to’ los lugares había guaguas, ahora hay una y no entra, solo dos particulares que pasan entre Trinidad y Santa Clara llegan aquí. Lo de él eran obras buenas pa’l pueblo y siempre nos pedía que se hicieran las cosas como tenían que hacerse, pa’ no fallar”.

Cuenta que aquello se conocía antes como Quemado de Angulo y que el nombre le cambió tras la acampada del Che y sus hombres, durante la recta final de la insurrección en 1958, bajo el enorme árbol. Tiene dos hijos y un nieto y solo piensa moverse de El Algarrobo, donde abundan los frutales y el café, cuando se vaya definitivamente.

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Bajo el algarrobo que dio nombre al lugar tras el triunfo de la Revolución, Crecencio rememoró los males del pasado. (Foto: Javier Alejandro Brito)

Vio la asunción de poder de Miguel Díaz-Canel Bermúdez y se siente confiado. “Estamos contentos, porque con él hay garantía, cuando estaba en el Partido en Santa Clara se echó nueve años y trabajó bien. Aquí cualquier enfermo que ‘haiga’ va allá y lo atienden igual que si fuera a Sancti Spíritus.

 “Él dijo igual que siempre dijeron Fidel y Raúl, que con los principios no se negocia; dijo que seguimos como somos nosotros los cubanos. Aquí nadie tiene que venir a darnos órdenes pa’ nosotros hacer las cosas ni na’ de eso. Nosotros aquí éramos unos pobres humildes que no teníamos de na’, vinimos a tener algo ‘dispué’ del triunfo de la Revolución. Varios aquí que se enfermaban  había que llevarlos en una hamaca a Condado, a Güinía. Y cosas así.

“Cuando corrió la noticia de la muerte de Fidel el barrio entero cayó en una tristeza que en más de una semana no se oyó música en ningún la’o, eso conmovió al pueblo completo. La gente estaba inquieta cuando no lo veía aparecer en público, ‘dispué’ oíamos las reflexiones y nos animábamos. Aquí también se le rindió homenaje, ahí, en la escuela primaria. Las mujeres lloraban igual que si hubiera sido un familiar allegado. Yo también lloré”.

One comment

  1. Riky el chévere

    Cuantas cosas lindas nos pueden contar nuestros ansianos, de ellos hay que aprender cada día, y ese señor en una montaña tan intrincada me ha conmovido.
    Yo también creo que con Díaz Canel la cosa está segura para mi país.

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