De José Martí a Serafín Sánchez: “Como a mi hermano le quiero”

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Óleo de Francisco Rodríguez que representa al Mayor General Serafín Sánchez.

Hace 172 años vino al mundo, el Mayor General espirituano, mano derecha del Apóstol en la organización de la Guerra Necesaria y hombre que se fue a la manigua durante las tres contiendas independentistas cubanas frente al colonialismo español

Su voz era lava, si alguien osaba ofenderle la Patria; su brazo, daga, si intentaban blasfemar de sus héroes. Aquel guerrero espirituano, nacido el 2 de julio de 1846, se fue a la manigua, hastiado de tanto yugo español, de tanto látigo colonial.

Pudo vivir para amasar y acrecentar la fortuna familiar, cuajada en aquellas haciendas en Arroyo Blanco, Iguará, San Marcos, Jobosí, Jatibonico y San Felipe. Pudo seguir disfrutando de las correrías a caballo, del enlace de toros en esas fincas. Incluso, podía continuar de agrimensor, o de maestro rural allá por Morón.

Pero Serafín Sánchez Valdivia había venido al mundo para ser patriota; aunque su partida de nacimiento no lo dijera. Por ello, al frente de 45 hombres se alzó en Los Hondones, Sancti Spíritus, el 6 de febrero de 1869, y pocos días después tuvo su bautismo de fuego en el ataque a Mayajigua.

Ya con los grados de teniente, acompañó al General de Brigada Honorato del Castillo, jefe de la División de Sancti Spíritus, a la Asamblea de Guáimaro en abril de 1869. Nunca más hubo descanso para Serafín en la contienda de los Diez Años.

Calixto García Íñiguez, presidente del Comité Revolucionario Cubano de Nueva York, hizo un acto de justicia cuando lo nombró Mayor General durante la Guerra Chiquita. A inicios de noviembre de 1879, se levantó en armas en la región de Sancti Spíritus para reiniciar la lucha en Las Villas. En enero del año siguiente, difundió una proclama para atizar la guerra en esta provincia; todo intento se fue a pique.

Sin otra opción, en 1880 comenzó su itinerario por el exterior. Viajó a Nueva York, Estados Unidos, donde permanecería escasos días y partiría luego hacia República Dominicana. Allí residió por más de una década, sin dejar de pensar y actuar por la Patria; por ello, colaboró en el Plan Gómez-Maceo (1884-1886).

Porque la libertad de Cuba era rehén de la metrópoli española, Serafín Sánchez no titubeó. Retornó a Nueva York y sostuvo su primer encuentro con José Martí en 1891. El espirituano creyó en el Maestro. No solo lo sedujo su palabra frondosa; sino la persistencia del Apóstol de unir en un solo haz a los veteranos de la guerra y a los Pinos Nuevos.

Los estudiosos aseguran que Serafín permaneció por escaso período en Nueva York. De 1892 a 1895 viviría en Cayo Hueso, donde se ganó la vida como tabaquero. Más de 100 cartas del organizador de la Guerra Necesaria dan fe de la amistad y de la confianza de Martí hacia el espirituano.

En octubre de 1894, el Maestro le escribía a Serafín: “Aquí le pongo el alma a borbotones, porque usted es para mí como yo mismo y me aborrecería si le escribiera con penas y ambages. Como a mi hermano le quiero y tengo por su juicio mucha estimación, y a su alma cubana le tengo admiración profunda. Yo también tengo prisa, y no vivo, ni me llamaré hombre hasta que tengamos el pie en campaña”.

Meses antes, el 10 de mayo de 1894, el espirituano le exponía en una misiva: “Que no me falten sus cartas, el pensamiento de usted es absolutamente el mío. Eso es lo mismo. Y eso tendremos. (…). Serafín”.

La partida de nacimiento del Mayor General no predijo su destino; el destino lo labró el espirituano, lejos del interés de vivir de la fortuna familiar, en medio de la pólvora, al toque de la corneta mambisa.

One comment

  1. Fernando Castro

    Serafín de lo más puro de nuestros mambises, los cubanos sentimos orgullo por su ejemplo.

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