Décimas bajo la ceiba (+fotos)

La peña campesina La Alborada, con sede en Guayos, Cabaiguán, lleva una década con un jolongo de décimas, tonadas y controversias a cargo de artistas aficionados

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Alicia, la arrolladora de Cantarrana, y Jorge, el poeta tabaquero, trabajan juntos en las tonadas. (Foto: Lauris Henriquez/ Escambray)

Los domingos son días sagrados para ellos. Teresa Delgado Manso, Tere, arma el guion, apunta aquí, arregla allá. Se le ve siempre alerta. Los músicos “entrenan” con los poetas, entre ellos también está “colado” un niño, Johnny Pérez Meneses, quien visita con frecuencia a su padre en Guayos y del que salen estos versos ya aprendidos: Mi abuelo tenía un gallo/ en el patio de su casa,/ que sabe jugar, enlaza/ y también monta a caballo./ Habla como un papagayo/ y sabe de Geometría/ y al amanecer el día/ debajo de los mameyes,/ el gallo enyuga a los bueyes/ para hacer la surquería.  

A eso de las diez de la mañana, con los acordes del güiro, las maracas, el tres, el bongó, las claves, la marímbula y la guitarra, Tere, la actual directora de esta especie de orquesta, sale al escenario del local conocido como La Ceiba, en Guayos, y presenta a su “familia” en el ámbito cultural: la peña campesina La Alborada, un “hijo” que tiene una década de vida y por el cual vela más de una persona.

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Raúl, el sazonador del verso, mantiene al mismo nivel el compromiso con la cocina y la poesía. (Foto: Lauris Henriquez/ Escambray)

HABLAR DE LA GÉNESIS

Tere sabe bien que el alumbramiento fue en enero de 2008 y que la iniciativa partió de Noelio Ramos, un escritor destacado de la localidad, quien también fuera director de la Casa de la Cultura, ante la necesidad de contar con un proyecto de cultura popular tradicional.

Y allí vinieron las estrategias para que creciera con salud el niño que abría los ojos. Emuisipio Cañizares, Oscar Cañizares, Miguel Ángel Jacomino y la propia Tere se enrolaron en un tú a tú para sumar a otros, que estuvieran interesados y mostraran aptitudes, además de tener pasión por las raíces campesinas.

Así llegaron Tomás Pérez y Reinol Crespo (Cartoneta), ya fallecidos, Carlos Martín, Wilfredo Álvarez, Julio Molina, y más adelante Jorge Medina, Alicia Madrigal, Leonel Domínguez…

En su conversación, Tere hace énfasis en los músicos valiosos “que ponen buena la peña”: Pedro Uría, Jacinto, Isidro, José (Chichi), Nereida Santana, Miguel Ángel… También tiene invitados que llegan de diferentes partes de Cuba o son de la propia localidad, entre ellos Raúl Hernández, el cocinero que hace décimas; Lía, la alondra habanera; y solistas aficionados de la Casa de Cultura.

Los integrantes de la peña hacen gozar de lo lindo al público; hay pies forzados, piropos, puntos de parrandas, tonadas, décimas libres, controversias, guarachas, boleros, son, guajiras, rancheras y secciones de humor. Gracias a ese empeño algunos miembros han alcanzado premios y/o menciones en los encuentros del San José de Arroyo Blanco, el Luis Compte Cruz in memóriam y Festival Punto y Tonada Luis Martín in memóriam.

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Las controversias entre Jorge y Leonel son esperadas por el público. (Foto: Lauris Henriquez/ Escambray)

INSPIRACIÓN CON RIMA

Cada quien tiene su propio sobrenombre a la hora de presentarse ante el público bajo la ceiba del lugar, y cómo no, si es un grupo muy heterogéneo: lo mismo los hay provenientes de los territorios espirituanos de Guayos, La Rana, La Aurora, Taguasco y Tres Palmas; Encrucijada, de Villa Clara, o de Guantánamo. Jorge Medina es el poeta tabaquero; Leonel Domínguez, el profesor de Matemática que suma, resta y multiplica con sus décimas; Alicia Madrigal, la arrolladora de Cantarrana…

Jorge sabe que no importan los temas, cualquier elemento puede darte inspiración si llevas el repentista dentro, pero que hay momentos excepcionales en los cuales los versos parecen “brotar”. Leonel, por su parte, vive por la controversia. Dice que su primer verso tuvo cuerpo a los siete años, que ha impartido varias asignaturas en su labor como maestro, y que en su juventud se escondía de algunas muchachas porque tenía ciertos complejos si lo veían participar en un guateque.

¿Y qué hace si la gente saca un sable en el pie forzado?

“El repentista debe ser un buen improvisador, por eso soy defensor de que el repentismo nace, a pesar de que hay otras tendencias que dicen que se aprende, pero hay que tener esa semillita aunque después se estudie, se perfeccione”, explica.

Alicia reconoce que en su primera vez frente a un público ella quería que el piso se abriera y se la tragara porque había olvidado una parte de la décima. Y la tonadista que es hoy se la debe en buena parte al apoyo del poeta tabaquero, su esposo.  

Raúl, al que llaman el sazonador del verso, por esa manera única de hacer recetas en forma de décimas.

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Tere considera este proyecto como un miembro más de su familia. (Foto: Lauris Henriquez/ Escambray)

¿Qué tan difícil puede ser una receta escrita de esa manera?, pregunta Escambray.

Así de momento eso no hay quien lo improvise, porque una receta de cocina son como cuatro párrafos, y ya la reduzco a 10 versos octosílabos, con las recetas explícitas y las décimas con las técnicas requeridas. Las primeras fueron imposibles, después fui practicando y ya tengo un libro y estoy preparando la segunda parte.

¿Cómo ordenaría cocina y poesía?

Las dos cosas van unidas/ porque cuando a la cocina voy/ todo lo estoy disfrutando,/ y si estoy improvisando,/ también disfrutando estoy. / Siempre en ambas cosas doy/ mis recursos principales/ mis esfuerzos naturales/ y si te las doy así,/ por lo tanto para mí,/ las dos cosas son iguales.

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