El monarca del hilo de plata (+fotos)

Un niño de origen campesino convertido en una gran estrella de circo y un artista jubilado que “exporta” talentos conviven en una misma persona: Esmer Hernández Martínez

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Esmer ha instruido por casi 30 años a la brigada circense Los Mambisitos. (Foto: Vicente Brito/ scambray)

Las luces que alumbran el secadero también regalan noches claras sobre la casa vecina, en las afueras de Iguará. Él observa largamente los reflectores a través de la ventana, como si los candiles le repasaran el recuerdo, y en un pacto silencioso con el tiempo regresan a su memoria imágenes fidedignas del pasado; en su pecho revive con gusto cada sobresalto conquistado en sus años de alambrista.

Dice Cirilo Esmer Hernández Martínez que la fascinación definitiva por la cuerda floja ocurrió aquella vez que la línea norte del ferrocarril trajo en el año 1954 hasta Iguará al Circo americano Nelson, una compañía muy grande y hermosa procedente de La Habana.    

“Cuando vi un mexicano que hacía cuerda floja me impresionó mucho y al otro día comencé con una soga de un palo a otro. Mi papá no quería porque nosotros somos campesinos y como yo era el mayor debía trabajar con él, mi papá picaba la soga y me daba con ella, pero mi mamá me daba 20 quilos y compraba otra soga”.

La implacable negativa del padre no hizo que Esmer lo amara menos, ni en aquel momento ni después; sin embargo, el progenitor tampoco pudo frenar la pasión del muchacho que estaba decidido a aprender los caminos sobre un alambre suspendido, de ahí que cuatro años más tarde el aprendiz le compró los aparatos a un artista de Camagüey que viajaba en el circo La Rosa. “Él me dio clases porque era una gente muy buena, le decían el rápido en la cuerda floja, mi papá peleó y peleó por eso”. Y al describir aquellos inicios en que el padre se oponía sin tregua al sueño del hijo, Esmer siempre se ríe como un muchacho travieso, pero de nobleza acaso incalculable.

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Sobre la cuerda floja el artista de Iguará actuó durante 28 años. (Foto: Cortesía del entrevistado)

Fue el 21 de enero de 1959 cuando el mismísimo director artístico del entonces rebautizado Circo cubano Nelson llegó a la casa de Esmer, estaban de gira por la zona y había surgido una porfía con Jimy, el polaco, personaje asentado en la comarca, quien le aseguró al forastero que en Iguará había un niño que hacía cuerda floja.

“Yo estaba guataqueando malanga con mi papá, enfangado hasta la cintura, y me ordenó: ‘¡Escóndete, escóndete!’, me oculté por detrás de la casa, pero había dejado la cuerda floja armada y mi papá no se dio cuenta. Yo ensayaba todas las tardes, por las mañanas antes de irme para la escuela, por el mediodía”.

Como una película bien contada, así el entrevistado se transforma en un narrador insuperable, jovial, que rebasa cualquier vestigio de cansancio a sus 76 años: “Papi les dijo: ‘¡Aquí no hay artista de circo ni hay nada!’, y ellos le respondieron: ‘Pero eso es una cuerda floja’, y así fue como lo descubrieron, me hicieron montar, primero tuve que bañarme”.

“No es un numerazo, pero es grande porque es un niño”, sentenció el director del circo cuando vio a Esmer ensayando lo que sería su boleto de entrada a la gran carpa. Tenía talento, corazón y zapatillas de alambrista, solo faltaba el traje que en apenas una noche brotó de las manos de la costurera con las telas que compró la madre: camisa blanca de satín con piedras y fajín de corduroy. “En el ensayo vi el circo tan lindo, con muchos reflectores, había artistas de otros países, porque ellos tenían un contrato en Cuba, la Revolución había triunfado hacía unos 20 días; allí fue donde me enamoré de los malabares, cuando vi a un francés que se llamaba Freddy. En los aros y los bolos no fui tan bueno, porque tengo las manos pequeñas, pero bueno, en la canilla china sí.

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Varios de los niños que Esmer enseñó trabajan hoy con circos foráneos. (Foto: Cortesía del entrevistado)

Un momento de duda, a un paso del estrellato: “Yo ensayaba la cuerda en mi casa con troncos de madera y eso cede, pero las estacas que ellos tenían eran de hierro, cuando me subí en la cuerda floja yo sentí una cosa muy dura y dije: ¡ay, madre mía, no puedo!, me botaba el cable”.

De boca del director, Esmer escuchó el consejo oportuno, especie de secreto del oficio: flexionar las piernas un poco, casi imperceptible a los ojos del público y muchísimo ensayo. El altavoz que retumbó aquella noche en el espectáculo de Yaguajay lo presentó como el alambrista más joven de la América.

“Cuando anuncian: ‘Un hijo de este pueblo por primera vez debuta en un circo’, ¡ay, Dios mío!, el circo aquel lleno, me cayó un nerviosismo que yo no podía salir, el malabarista me dio un empujón, por la espalda, y salí”. Con la evocación de cada pasaje Esmer se llena de la adrenalina de antaño, y reluce el espíritu ensimismado en otra época. 

Aquel fue el espectáculo de estreno definitivo, donde no faltaron las lágrimas de felicidad al escuchar “el aplauso más grande del mundo”, como él lo recuerda.

Demasiada pasión, ya no logró bajarse de las cuerdas y como los artistas circenses no podían permanecer más de una temporada en el mismo conjunto, transitó por otros como Duflar, Yerandi, Santos y Artigas, Zapatico, incluso en la compañía de circo y teatro de Enrique Arredondo. De occidente a centro, persiguiendo los públicos que se movían con las cosechas de caña y de tabaco, brillando en las pistas durante 28 años, aunque para jubilarse en 1986 solo le hicieron falta 20, a quien desde 1961 se integró a la Asociación de Artistas Cubanos, posteriormente de artes y espectáculos y en 1999 entró a la Unión de Escritores y Artistas de Cuba.

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Esmer atesora más de una veintena de reconocimientos, entre ellos la Distinción por la Cultura Nacional Raúl Gómez García y Premio Nacional de la Cultura Comunitaria, y mantuvo por más de 15 años la condición de Vanguardia Nacional. (Foto: Vicente Brito/ Escambray)

Usted tuvo tres hijos de matrimonios distintos: Marilín, Julieta y Esmer, pero no formó una familia. ¿Hoy no le pesa?

“El artista es así, ese fue el mundo que yo escogí.

Pensó la estrella de la cuerda floja que con el retiro podría finalmente cumplir el anhelo de su padre ya anciano y enfermo que reclamaba su ayuda para atender la finca; sin embargo, la cultura yaguajayense lo convocó a mostrar cuánto podía hacer todavía, primero regalando números de malabares a los miembros del Ministerio de Cultura que visitaban Iguará.

Más tarde nació el proyecto que hasta hoy le florece en nuevas ilusiones: la creación de la brigada Los Mambisitos, que ya cumplió 29 años y que le valió más de una veintena de reconocimientos nacionales, provinciales y municipales, entre ellos la Distinción por la Cultura Nacional Raúl Gómez García y Premio Nacional de la Cultura Comunitaria, y mantuvo por más de 15 años la condición de Vanguardia Nacional.

De artista a maestro, llegó a instruir más de 30 niños al mismo tiempo, con ellos se ganó una plaza segura en el Campamento Internacional de Varadero apenas un año después de fundada la brigada, invitación que se repitió en etapas vacacionales.

“Les trabajé a los primeros niños de Chernobil que se curaron en Cuba. Ahora tengo tres en la Escuela Nacional de Circo que fueron los últimos que mandé, pero he enviado a 17 muchachos para La Habana, después que terminaron el noveno grado, la gente de Circuba venían a captarlos aquí a Iguará. Algunos andan por España, México, Australia, Italia, Turquía, Estados Unidos, pero ellos siempre regresan”.

Feliz de cuanto ha recibido, y mucho más por lo que aún puede dar, Esmer cree en el futuro. “Yo no he terminado, no. Los niños vienen a ensayar a mi casa porque el teatro de Iguará lo van a reconstruir”.  Quizás la esperanza de los pequeños que acercará a sus sueños le alivien el dolor de las piernas que reclama el bastón, como huella imperdonable de sus días sobre la cuerda floja, aflicción que empeora la humedad de la placa que a ratos gotea, mas, a Esmer, como siempre, le basta con aguardar el sol.  

Yanela Pérez Rodríguez

Texto de Yanela Pérez Rodríguez
Máster en Ciencias de la Comunicación. Reportera de Audiovisuales Escambray y su noticiero VisionEs.

Comentario

  1. Gracias Yanela por regalarnos a todos la historia de Esmer Cordero (como lo conoce todo el mundo en Iguará). Es sin duda una personalidad en la cultura del pueblo y el padre de tantos artistas de circo. Los que crecimos viendo las actuaciones de sus pupilos (que crecían a la par mía porque soy contemporáneo con la brigada los Mambisitos), primos, amistades y compañeros de aula que una vez aprendieron a conquistaron las alturas a robar carcajadas y esgrimir con suma destreza los malabares o las contorsiones (de ellos algunos son grandes artistas, otros son grandes profesionales en otras ramas, pero todos son grandes personas gracias a las enseñanzas de su maestro, son una familia de muchas generaciones).
    Ya al pasar de los años se deterioró la infraestructura PODEROSA que una vez fue el esplendor de la cultura en Iguará, (Casa de Cultura, Cine y Teatro donde se presentaron figuras de de la cultura nacional como Luiba, Teresita y muchos más), las semanas de la cultura con grandes exposiciones de artesanos y artistas, de los alumnos de los círculos de interés (yo eras de artes plásticas), el pequeño pueblo llegó a ser una Meca en el ajetreo cultural, una Atenas.
    Lamentablemente hoy NO EXISTE el histórico inmueble que fue la Casa de Cultura (una increíble casona de madera de dos plantas de estilo americano, donde con orgullo les cuento a todos que una de las fotos más difundidas de Camilo fue frente a una ventana de la casona). Entonces vino el éxodo de la casa de cultura hacia el lugar del cine que ya estaba obsoleto. Recuerdo que la última vez que fui a ver un espectáculo «humorístico» se me apretó el pecho al ver las condiciones de las lunetas carcomidas y polvorientas y todo lo demás, justo en el mismo lugardonde de niño interpreté a José Martí, o al papá de Piedad en tantos 19 de mayo.
    El Teatro devino entonces en sede de la brigada Los Mambisitos (que siguen dando machete como en Baraguá y no dejan de ser noticia), qué alegría para mí es enterarme por esta vía que será objeto de reparaciones.
    No dejemos morir nuestra cultura porque es la sabia que nutre nuestra identidad, nuestra cubanía.

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