Elecciones generales en Cuba: el voto nuevo de Polo Viejo

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Más de 200 electores de Polo Viejo están convocados para asistir a las urnas. (Foto: Juan A. Borrego/ Escambray)

A poco más de 55 años de la historia de resistencia de ese caserío de las montañas trinitarias, en el centro de Cuba, sus pobladores acuden este domingo a las urnas sin olvidar que a los terroristas, financiados por el Gobierno de los Estados Unidos, les salió el tiro por la culata cuando intentaron tomar el cuartel

 

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Cuando el 25 de enero de 1963 los tiros se pusieron satos de verdad —como dicen los serranos de Polo Viejo—, al entonces treintañero Julio del Sol González no que le quedó otra alternativa que apretar duro, durísimo, los dientes y ajustarse los pantalones ante la balacera disparada por los elementos terroristas en el intento de estos de tomar el cuartel de milicias, próximo a este caserío encaramado en las montañas del Escambray, en el centro de Cuba.

A este guajiro espirituano no se le ha despintado el combate de ese día, menos aún este domingo, cuando su gente de Polo Viejo acude a las urnas en el contexto de las elecciones generales para elegir a los delegados a las Asambleas Provinciales del Poder Popular y a diputados al Parlamento.

“Todos esos candidatos son gente prepará’ y honesta”, comentó Julio del Sol, vía telefónica a Escambray. Y como él no es de los que calienta mucho la cama —“porque el cuerpo se levanta medio cortao’”—, se tiró temprano, contentó el estómago con un buche de café y no paró hasta llegar al colegio electoral número 1, de la circunscripción 49, del Consejo Popular Algarrobo, de Trinidad.

Dicho sea de paso, el consultorio médico de la comunidad — situada a más de 35 kilómetros de la cabecera municipal— cambió sus rutinas hoy para acoger a los 215 electores convocados a votar, entre quienes ya ejerció este derecho la doctora cabaiguanense Maryoris Méndez Bravo.

“Vivo en Santa Lucía; pero como mañana lunes tenía que estar de vuelta para atender a mis pacientes, decidí votar aquí, porque existe esa posibilidad”, indicó la joven, quien cumple su servicio social en Polo Viejo desde el 23 de septiembre pasado.

Cuando a Maryoris le anunciaron que su estreno profesional sería en el lejano paraje, asegura que se asustó: Polo Viejo parecía encontrarse donde el diablo dio mil voces y no lo oyeron. Pero, ahora mismo se siente como una guajira más del poblado, donde, antes de la luz de enero de 1959, si acaso, había una comadrona o partera por toda la redonda.

A estas alturas, la joven doctora ya debe haberse acostumbrado a montar a caballo para llegar a atender a los enfermos que residen algo distante del caserío. Por igual razón, casi al despuntar el día, Iván González, un serrano que sabe cuántos granos parirá una mata de café apenas de echarle una mirada, ensilló la bestia, y junto a un pionero de la Escuela Primaria, le llevó las boletas a los ancianos María Ponce y Alfredo Lara, quienes viven por el Caburní, a más de dos kilómetros, loma arriba y loma a bajo, de Polo Viejo.

Por lo sonado de los hechos, María y Alfredo también deben conocer acerca de lo sucedido en ese poblado hace poco más de 55 años, cuando Julio Emilio Carretero Escajadillo, comandante de bandidos y asesino de Manuel Ascunce, Pedro Lantigua y la familia Romero, “quiso coger mangos bajitos, pero tuvo que irse con el rabo entre las patas”, como ha relatado Julio del Sol.

Además de apropiarse del armamento del cuartel miliciano, el exguardia batistiano pretendía dar un golpe de efecto a las fuerzas de la Revolución cubana que luchaban contra los terroristas alzados en Las Villas.

Ese 25 de enero, Carretero, junto a varios jefes de bandas contrarrevolucionarias y otros hombres, también armados hasta la cabeza, que sumarían alrededor de 50, cercaron el cuartel e incendiaron ocho casas, la planta eléctrica y la escuela, y ultimaron al revolucionario Fermín Rubén Trujillo “Vizcaya” y al miliciano Eustaquio Calzada Ponce.

Pero, como lo sostiene un colega, los pobladores de Polo Viejo levantaron una muralla de resistencia. El propio Julio, Maximiliano García y Félix Pasos, con la ayuda de Petrona del Sol y su hijo Marciano, de nueve años, defendieron el cuartel durante alrededor de dos horas, y les ocasionaron una baja al enemigo y heridas a otro de los bandidos, quienes tuvieron que desistir de su propósito, abortado, además, por el arribo de tres milicianos en funciones de refuerzo a los habitantes del batey.

Obviamente, a sus 83 años a Julio del Sol no se le ha despintado aquella balacera. Por ello, este guajiro, quien cortó caña como el que más y se jubiló cuando hacía de guardabosques, hoy se incorporó de un tirón de la cama, y no estuvo tranquilo hasta que depositó sus boletas en las urnas. “¡Cómo yo iba a fallar, mi’jo”.

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