Heberto Blanco: El Práctico de Casilda

Luego de casi tres décadas guiando la entrada y salida de barcos en el puerto, Heberto confiesa que esa maniobra no admite errores

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En esta embarcación el práctico sale a alta mar para recibir y abordar los barcos que debe conducir hasta la rada trinitaria. (Foto: Vicente Brito/ Escambray)

El canal de los Guairos no se pasa de noche, a la luz del día se operan todas las embarcaciones que entran o salen a la rada trinitaria, y es que su estructura en forma de S complica a tal punto las maniobras que solo un experto y conocedor del oficio como Heberto Blanco González puede desempeñar la labor de práctico allí.

Casi 30 años han pasado y todavía a este casildeño, quien guarda en su haber sobradas vivencias en decenas de países de Europa, África y América Latina cuando formaba parte de la Marina Mercante Cubana, se le ponen los pelos de punta cuando sale para alta mar, en espera de un crucero, un megallate o un barco comercial, que anuncian su llegada al puerto.

¿Qué significa ser el práctico?

Tener una gran responsabilidad porque es el encargado de asesorar al capitán de cualquier embarcación, orientarle los rumbos, las maniobras y todo lo relacionado con la entrada, desde aguas internacionales hasta el punto de atraque y viceversa. Yo he sido práctico en el puerto de Cienfuegos, el de Palo Alto en Júcaro y Cazaza en Cayo Coco, pero complicado como el de Casilda no hay dos en toda la isla.

¿Qué tal su experiencia en este oficio?

Es amplia, pero no me puedo confiar, yo domino de memoria cada paso, aunque reconozco lo enredado que resulta pasar por el canal de Los Guairos, porque obliga a los timoneles a realizar un giro en cuatro cables, o lo que es igual, en unos 400 metros, sin tener mucho espacio para desplazarse. El canal cuenta solamente con 60 metros de ancho, por lo que el práctico, debe estar muy atento, impartiendo orientaciones precisas para evitar que la embarcación se encalle.

¿Qué resulta más difícil, entrar o salir del puerto? ¿Cómo te comunicas con la tripulación?

Las dos operaciones son difíciles, porque la aproximación a la entrada del canal por ambos extremos es a vista; mas, una vez que te enfilas hacia el mismo, existen marcaciones que indican el rumbo a seguir, y la comunicación, si no hablan español, entonces la hacemos en idioma inglés, que es el que predomina en estos casos.

¿Sustos?

Hace alrededor de tres años el STAR-FLEYER con bandera griega se encalló en medio de Los Guairos, se trataba de un velero que no bajó las velas y eso me costó una sanción. Yo estaba dirigiendo el navío y el viento hizo un giro en otra dirección, las velas me aconcharon el barco hacia la banda del canal, porque la quilla penetró en el fango, pasamos dos días allí en espera de un remolcador de la Empresa de Navegación Caribe; cuando llegó, la operación no duró ni 10 minutos, pero juré que, con velas, nunca más entran a Casilda.

Otro susto fue con Black Prince, un barco de 156 metros de eslora, que contaba con una sola máquina y era muy difícil de maniobrar, ya había arribado cuatro veces a Casilda y en el último viaje se varó.  

   ¿Cómo operas los cruceros que llegan a la rada?

Con los cuidados más extremos y respetando las regulaciones dispuestas por la Empresa de Seguridad Marítima Nacional, por ejemplo, los barcos no pueden exceder de los 170 metros de eslora. Pero el muelle de Casilda también tiene sus limitaciones de calado; el No. 1 solo recibe barcos de hasta 6.50 m de profundidad y el No. 2 de 5.40 metros.

¿Qué manifiestan los turistas cuando regresan del recorrido por la villa?

Hablan de las calles empedradas, de los artesanos, incluso, en ocasiones hemos retrasado un poco la salida porque algunos esperan a que les terminen un sombrero, también elogian el taller de los Santander y la Canchánchara. Trinidad es un atractivo turístico muy fuerte y ellos se van impresionados con la villa.

¿Y su relevo?

Ya tengo 65 años y no he podido encontrar a nadie que ocupe mi lugar, no se trata de que yo forme a alguien para que me sustituya; sino de que tengan la titulación requerida, como oficial de Puerto o capitán de la Marina. Son muchos años en esto, pero todavía recuerdo el primer barco que practique, fue en el 89, se trataba de un buque tanque cubano de 162 metros de eslora, desde entonces muchos han pasado por mis manos, algunos me impresionaron por su complejidad técnica; otros, por su belleza y confort, como fue el mega yate del Emir de Catar, considerado entre los 10 más lujosos del mundo, que el pasado diciembre tocó puerto en Casilda trayendo al rey y su familia para que realizaran una visita breve a Trinidad.

¿Qué sucede cuando Heberto está fuera del puerto?

Lo extraño tanto que no me siento capaz de vivir sin tener contacto con el mar, porque lo que más me gusta es mirar el brillo del agua, su color azul que se confunde con el del cielo, sentir el olor a salitre y la brisa que me toca la cara, y de vez en cuando tomarme un traguito, pero siempre de frente al mar.

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