Quejas mojadas desde Trinidad

Desde Trinidad recibimos dos cartas para verter lamentaciones relacionadas con el azote de eventos meteorológicos y el accionar humano tras ellos.

En un relato sencillo y doloroso, Idolidia Águila Casals, residente en el reparto José Martí No. 1, entre Eliope Paz y Concordia, se queja de la suerte de quienes viven a un costado de una cañada que, luego de atravesar parte de la ciudad, corre cerca de sus hogares. Cuando hay intensas lluvias o huracanes, relata, el curso superficial crece e inunda todo; por eso son recurrentes las evacuaciones, a veces en medio de la madrugada.

Según detalla, en 2010 la situación fue crítica y perdieron colchones que no les fueron repuestos; cuando Irma debieron solicitar la presencia de bomberos y durante las aguas de Alberto fue mejor, porque el ejercicio Meteoro 2018, celebrado poco antes, ayudó mucho. “Mi casa está por debajo del nivel de la carretera y casi al nivel de la cañada; mi hijo es discapacitado, tiene una trombopatía, presenta inmunodeficiencia celular y distrofia muscular progresiva (…). La Defensa Civil nunca se ha presentado y no ha evaluado la situación de aquí; creo que deberían tenernos en cuenta y valorar posibles peligros”, refiere.

La segunda inquietud la plantea Eliecer Carballo González, miembro del CDR No. 1 en la Zona No. 60 de Caracusey. Cuenta que su vecindario está ubicado entre los ríos Caracusey y Unimazo, lo que lo obliga, en época de primavera, a temer por las lluvias, pues muchas veces deben elevar sus bienes para que el agua, mezclada con pestilencias y lodo, no los alcance. Luego de significar que se sienten atendidos por el Consejo de Defensa en cada situación, detalla que tras el huracán Irma allí ninguna comisión valoró los daños y pese a las afectaciones nadie ha explicado la razón de dicha ausencia.

“Cuando Alberto sí vinieron a cuantificar daños y esperamos la ayuda, pero hoy nos sentimos tratados con cierta indiferencia, pues muchos de los artículos destinados a los damnificados fueron a parar a manos de personas inescrupulosas que se los apropiaron, por lo que creemos prudente que las autoridades competentes auditen la entrega de esas donaciones en este consejo popular”, expone.

Tania Gutiérrez Fontanills, presidenta de la Asamblea Municipal del Poder Popular, explicó que el reparto José Martí está integrado por casas de dos plantas ejecutadas con subsidios entregados a las familias, y confirmó que, al ser zona baja, corren riesgo de inundación por el agua que arrastra la cañada. “Los compañeros de la Dirección de Acueducto, de conjunto con la Brigada No. 3 del Micons, analizaron el asunto y acordaron emplear una máquina ingeniera para darle profundidad a ese tramo de curso superficial”, detalló.

La otra medida que se adoptará, dijo, será colocar una segunda obra de fábrica para mayor capacidad de desagüe, todo para realizarse antes de que concluya este octubre. Sobre la entrega de bienes en Caracusey, que junto a FNTA acaparó los mayores perjuicios, afirmó que los recursos se distribuyeron “en concordancia con el levantamiento realizado por el Consejo de Defensa de Zona y los trabajadores sociales”.

Según la Dirección Municipal de Trabajo, suman 386 los damnificados por Irma y Alberto en ese poblado, a quienes se destinaron, según los daños, colchones, sábanas y toallas, entre otros bienes. Pudimos conocer que, atendiendo a inquietudes, se realizan comprobaciones en la Zona de Defensa, pero estimamos aconsejable atender al detalle cada alerta. Una mirada desde el Gobierno municipal ayudaría a enmendar errores y evitar nuevos deslices en cuanto a protección ante desastres naturales.

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