Sancti Spíritus: Manos afectivas sobre el circuito (+fotos)

La Brigada de Construcción y Mantenimiento de líneas se destaca por su competencia dentro de la Empresa Eléctrica

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“Ellos saben que lo más importante es la seguridad del trabajo para que regresen cada día con la familia”, sentenció Raúl. (Foto: Vicente Brito/ Escambray)

Es un hombre seguro de sí, con la vista privilegiada que el riesgo le concede, mientras la brisa le sacude los oídos, mas él no repara en las palmas ni en las lomas; no es pintor, pero nadie como él para dignificar las noches que vendrán en Pozo Colorado.

Su nombre: Daniel Alejandro Lugo Hernández. Oficio: liniero especializado del grupo 6. ¿Por qué?, porque desde los tiempos de la chivichana en el barrio lo entusiasmaban las alturas y después de cumplir con el Servicio Militar, encontró en el Centro Integral de Capacitación de la Empresa Eléctrica, ubicada en el Camino de La Habana, el curso que le abrió las puertas a la electricidad. “Allí tuve profesores muy buenos como Cárdenas, la directora, y luego empecé en la brigada con el jefe Camilo Martínez, que ahora está de misión en Angola, él me enseñó gran parte de lo que sé”.

EL SABOR DE AYUDAR

Aquella mañana que Escambray fue al encuentro de la Brigada de construcción y mantenimiento de líneas perteneciente a la Unidad Empresarial de Base Centro de Operaciones, era para ellos un día normal, salvo por la interrupción de la prensa. Laboraban muy cerca de la carretera hacia Trinidad, a 6 kilómetros de Banao, en el barrio donde Yanairis les brindó un café doblemente sabroso porque tenía el dulzor de la hospitalidad.

Durante esa semana la brigada recorría la ruta hacia Pozo Colorado desde la cabecera provincial, pero también iban y venían dentro de Guasimal con los objetivos de eliminar zonas de bajo voltaje, tendederas, falsos contactos en las líneas, cambiar postes que el comején carcomió.

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En tiempos de ciclones los linieros se crecen, se multiplican. (Foto: Vicente Brito/ Escambray)

Con casi cuatro años de experiencia, Daniel Alejandro confiesa que por mucho que aprendió en la escuela durante seis meses, incorporarse a la brigada fue empezar de cero, “chocas con la realidad, en las clases los postes no tienen acometida y cuando llegas a la calle hay muchos más problemas y vas aprendiendo cada día”, resume el joven liniero.

Y como bateador emergente, Raúl Martínez Rodríguez asumió el timón de la brigada en ausencia de Camilo Martínez, con toda la experiencia de sus 37 años de oficio en los que ha explorado varias áreas técnicas dentro de la Empresa Eléctrica, pero como él dice: “Al que le guste trabajar aquí se siente bien, porque ama la empresa”. Las jornadas en Pozo Colorado incluyeron la colocación de 15 postes nuevos, aproximadamente, y luego extendieron entre 1 000 y 1 500 metros de líneas, así que, a golpe de instalar tensores para el aseguramiento, otras palmas crecieron en ese suelo rojizo.

Con el alivio de utilizar recursos más idóneos, Martínez Rodríguez explica que los cables pretensados con los que están trabajando son más efectivos, porque tienen un forro que disminuyen las pérdidas por transmisión de energía, además es ecológico para las aves y los árboles, y para ellos es más cómodo y menos peligroso.

Escambray interroga al otro integrante de la brigada, Luis Ángel Solano Duani, y como casi siempre sucede cuando se les entrevista, reluce la fortaleza psíquica que poco a poco construyen estos hombres para vencer los peligros del oficio: “Lo primero que hay que hacer antes de empezar el trabajo es dejar los problemas en la casa y estar pensando siempre en lo que se va a realizar para que no existan accidentes”.

Los mismos tres hombres también en guerra contra los falsos contactos, en tierra guasimaleña; una acometida dañada por la incompatibilidad entre la línea de cobre y la nueva de aluminio, basta que pongan en marcha toda su profesionalidad porque como bien afirma el jefe de brigada cuando se empieza un trabajo hay que terminarlo.

Con el brillo de la novatada, Daniel Alejandro Lugo define sin pretenderlo cómo se perfila el gusto por el oficio y casi humaniza el objeto de su labor al decir que todo le resulta atractivo, porque se ha ido adaptando a la línea, que fue formando parte de su vida, y el peligro del oficio acaso tiene recompensa: “Siento mucha satisfacción cuando las personas agradecen lo que hacemos”.

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Daniel Alejandro y Luis Ángel ejecutan las indicaciones de Raúl para una mayor calidad del trabajo. (Foto: Vicente Brito/ Escambray)

SENSIBILIDAD + ESFUERZO

Hay un punto donde todas emociones convergen siempre que se le pide a un liniero que rescate de su memoria situaciones clímax: los ciclones.

Raúl Martínez Rodríguez conoce los días fieros que sobrevienen después de un fenómeno meteorológico. “Desde 1981 trabajando, imagínate tú por cuántos yo he pasado, el Dennis, el Kate, pero Irma fue el peor, porque como afectó a casi toda Cuba nadie podía ayudarnos”, así recuerda

Con rachas de vientos más fuertes de lo habitual, uno hasta pudiera confundirse, pero cuando la voz de un hombre se entrecorta por la tristeza de su evocación, los sentidos del interlocutor se despiertan para escuchar perfectamente. Hay una imagen que Solano Duani no ha podido olvidar: fue en Yaguajay, después del ciclón Irma, las casas totalmente en el suelo, y aún le entristece recordar el rostro de niños y ancianos sin almorzar. Pero la brigada escondió el cansancio para devolver la luz.

El jefe de la brigada remata sobre aquello que está por encima de todas las urgencias: “A veces trabajamos con la línea en caliente, y los muchachos deben estar muy claros de que deben llegar todos los días a su casa, con su familia que es lo más importante, es muy bonito que llegar a la casa y se alegren de uno llegó”, y otra vez la grabadora debería hacer un esfuerzo para grabar las palabras de Raúl Martínez que parecen recogerse.

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