Soy un hombre que vive muchos sueños

audiovisual, Sancti Spíritus
Para Manuel F. Jorge Pérez la creación de materiales que indagan en las raíces de nuestra música resulta una necesidad. (Foto: Lisandra Gómez)

Así se define Manuel F. Jorge Pérez, realizador audiovisual, hijo y eterno enamorado de Sancti Spíritus

 

La canción Volver de Carlos Gardel y Alfredo Le Pera dibujó, quizás, un instante de vida del espirituano de cuna Manuel F. Jorge Pérez. Tras varios años de ausencias y solo tomando bocanadas de existencia, gracias a los cuentos que le llegaban por quienes nos visitaban o las imágenes que disfrutaba en periódicos, redes sociales y televisión, retornó a la ciudad del Yayabo, donde volvió a sentir una energía plena que le estremeció cada recodo de su cuerpo.

“Sancti Spíritus tiene una riqueza espiritual muy grande. Nací en una ciudad de calles embrujadas y de espiritualidad y por eso estoy aquí”, afirma sin medias tintas, luego de que caminara por las arterias empedradas; sintiera el sol fuerte en pleno parque Serafín Sánchez Valdivia y recorriera durante las noches el bulevar de la añeja urbe.

Heredero de nuestra idiosincrasia, reside desde hace varios años en la capital del país, donde ha gestado una carrera exitosa en el panorama audiovisual. Gracias a esa obra constante y su consagración ha develado en el séptimo arte creaciones estremecedoras de personalidades de nuestra cultura que permanecían opacadas por silencios mediáticos y que Manuel supo aprovechar para darles a sus historias diferentes colores.

“Me gusta mucho intencionar mi trabajo hacia el rescate de la música porque es parte de nuestra identidad. Lamentablemente, hay un grado de no pertenencia en muchas generaciones y eso provoca que olvidemos qué nos caracteriza y nos identifica. “Tenemos que desterrar esas malas prácticas y los medios son responsables de ello”, añade, mientras no cesa de hilvanar una idea con otra, a semejanza de una perfecta secuencia cinematográfica.

Evoca, entonces, otra vez, aquella infancia saboreada hace 63 años atrás, cuando una familia arraigada a las costumbres campesinas y canarias le enseñó a dar los primeros pasos. Luego, tomó el andar y llegó a La Habana y Camagüey, otra ciudad que le roba el corazón.

“Alicia García me dijo: ‘Sancti Spíritus es maravillosa pero está cerrada’. Entonces me dije: hay que abrirla, pues su cultura es muy patriarcal por la influencia de los isleños. Son demasiados años de costumbres, pues recuerdo que, por ejemplo, mis abuelos me decían que a las ocho de la noche había que acostarse. Vengo con muchas ideas para despojarnos un tanto de eso, pero no quiero que me vean como el petulante conquistador, sino como el que quiere ayudar. Un proyecto pudiera ser asumir el territorio en el festival de culinaria que se gesta en La Habana y Bayamo y al cual pertenezco. Siempre dije: falta el centro de Cuba y aquí existen muchos platos exquisitos y únicos, precisamente heredados de esa tradición isleña y que se desconocen”, expresa.

¿Por qué el cine?

“Es mi pasión. Tuve tres grandes pasiones: bailarín, pero mis piernas no me acompañaban para hacer lo que quería; médico, por la tradición familiar, y cineasta porque soy un hombre que vive muchos sueños. Mi hermana, fallecida hace muy poco tiempo, me decía siempre que yo era del cielo y ella, de la tierra. Esta visita a Sancti Spíritus ha estremecido mi vida personal y espiritual porque cuando uno tiene una deuda hay que cumplirla. Yo sabía que debía regresar y no me equivoqué”.

¿A qué le adjudica esa personalidad tan apasionada?

“Me considero una persona abierta. He viajado el mundo y muchas veces me han querido poner alfombras, carros y digo no, soy uno más del equipo. Aprendí desde niño que hay que darles, sobre todo, amor a las personas y por eso no puedo cobrar lo que sé. Esa es la causa fundamental por la que estoy a disposición de las instituciones de Sancti Spíritus para ayudarlas. Tengo la inspiración de hacer algunos materiales porque se precisa llevar a la gran pantalla las raíces espirituanas, sobre todo esas de origen campesino. Eso me da vida”.

Manuel F. Jorge Pérez, durante su visita a predios yayaberos realizó el estreno nacional de su documental Alfredo Guevara: el revolucionario y cineasta de siempre, en tanto donó también una de sus guayaberas a nuestro patrimonio. En ambos momentos disfrutó dialogar con jóvenes generaciones amantes del séptimo arte.

Considero muy importante el intercambio entre los jóvenes y las personas con experiencias para imbricar esos saberes que nos anteceden con las innovaciones propias que llegan con la juventud. Esos espacios hay que aprovecharlos al máximo porque entre todos aprendemos”, opina.

Entre tantos documentales, ¿cuál nunca dejaría de la mano?

Cada documental es un hijo. Aunque no soy padre natural, sí tengo una sobrina-hija y una nieta que son mi adoración, junto a mis materiales. El de Celina fue grande; Candita Batista, la gran vedette negra de Cuba, me permitió sacarla de cierto olvido; Carilda Oliver me demostró que se es joven mientras se quiere; María Eugenia Barrios me abrió las puertas, aun cuando no tenía ninguna producción musical y ya estremecía los teatros; Enrique Bonne, el creador del pilón, resultó un caballero en todos los sentidos de la palabra; Moraima Secada fue el gran reto; Manuela, el rostro del cine cubano, me hizo descubrir un diamante en bruto y percatarme de que justamente allí estaba su magnificencia, y Alfredo Guevara me permitió analizar la imbricación del revolucionario e intelectual.

¿Depondrá Manuel las armas audiovisuales?

Estoy preparando un tema muy fuerte con Mariela Castro sobre la sexualidad en la preadolescencia en varios territorios del país. Además, tengo en proceso tres guiones sobre la esclavitud. Te aseguro que si tuviera un productor con dinero no pararía jamás de trabajar.

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