Guardián del tiempo y la memoria

A cuatro décadas de aquella alborada, los hacedores de Escambray abrazamos cada aniversario como si fuese el primer día

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En pleno jubileo por su aniversario 37, el periódico Escambray recibió en sus predios a Miguel Díaz-Canel. (Foto: Vicente Brito/ Escambray)

Lo anunciaría la aurora del 4 de enero de 1979. Quizás los ojos de quienes habitaban la naciente provincia se agrandaron al ver los caracteres con el nombre del lomerío presidiendo el cabezal de la amplia portada. En cuatro planas, Escambray se estrenaba, promisorio.

No tomaría mucho tiempo para que las personas, ávidas de noticias, se habituaran a la llegada de la publicación impresa que empezaría, a partir de aquel día, a dar constancia de lo acaecido en sus ocho municipios. Contaría con reportes no solo de periodistas formados mayormente a la carrera, a golpe de sacrificio, sino también de corresponsales que le nacían lo mismo en una cooperativa campesina que en una fábrica o una escuela. Y un grupo de colaboradores comenzaría, poco después, a poner su talento en función de informar, orientar, educar.

Ojos insomnes se encargarían de que no dejase de salir nunca, por tarde que llegara la noticia a la Redacción, y cuando un vendaval impidió consumar la intención el propio día, al siguiente los carteros entregarían dos ejemplares: el de esa jornada y el de la anterior. Ni idea tuvieron jamás los lectores de que a veces se atajó en alguno de los procesos del taller contiguo, incluido el de la impresión, el error, de contenido o forma, que no llegaría a demeritar al órgano.

Dos años y ocho meses después de venir el periódico al mundo, el ánimo popular instaló en las páginas interiores una sección que sobreviviría contra tiempo y marea. Sortearía, incluso, las penurias del período especial, porque cuando reapareció el papel y las ediciones —que habían espaciado su frecuencia primero a dos veces semanales y luego a una quincenal— se estabilizaron un poco, volvieron las cartas de los lectores, como remanso de confianza para denuncias, insatisfacciones, sugerencias, agradecimientos.

Muchos fueron los espacios que el diarismo de Escambray le regaló a su público, desde los que ilustraban sobre temas jurídicos o juveniles hasta los relativos a la ciencia y la técnica, o los destinados a la creación literaria. Y como Pi constante, en cada edición, los materiales de Cultura y Deporte. Por largo tiempo tuvieron cabida en las páginas de la publicación textos sobre el acontecer internacional y nacional. Una vez semanario, el predominio de los sucesos provinciales, con un enfoque cada vez más analítico y menos noticioso, sentó cátedra para los tiempos que vendrían.

Y siguió navegando el periódico en el tiempo, haciéndole de guardián para que nada se olvidara. Siguió saliendo para que la memoria escrita, esa que no se lleva el viento, como ilustrara Fidel al ponderar la letra impresa en el II Festival Nacional de Prensa Escrita, pudiera ser resucitada una y otra vez. Primero en papel y luego también en versión digital —a finales de 1999 se comenzaba a incursionar en el ciberespacio, que abriría las puertas a nuevos continentes—, Escambray toca, desde hace cuatro décadas, lo humano y lo divino.

Puede que la tripulación sobre la nave envejezca o se renueve. Puede que nuevos vientos soplen a su favor o en contra, pero ahí seguirá el empeño de un órgano de prensa que nació por y para el pueblo, con el empeño de garantizar la palabra que actualice, informe y esclarezca. A cuatro décadas de aquella alborada, sin que haya mermado el espíritu para seguir junto al pueblo que lo hizo nacer, los hacedores de Escambray abrazamos cada aniversario como si fuese el primer día.

One comment

  1. Me alegra mucho ver a Diaz Canel con el equipo de Periodistas, en ellos esta la verdad, el tratamiento a las inquietudes de los ciudadanos y en ellos confia el puebleo pero veo que faltan alugunos , Luisito , Elsa Ramos y tal ves otros pero bueno Felicidades a Todos.

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