Otra Constitución, un mismo destino

Cuando este 24 de febrero los cubanos acudamos a refrendar la nueva Carta Magna se estará votando por el futuro

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Ilustración: Osval

Habrá una urna, se sabe; o, quizás, dos. Habrá un par de niños con el uniforme impecable y el saludo pioneril como resorte cada vez que aquellas boletas se cuelen por la ranura. Habrá una cortina larga resguardando el secreto de ese voto personalísimo.

 Se ha hecho en otras oportunidades: en 1976, en 1992, en el 2002 y ahora, cada vez que la Constitución se ha ido revistiendo a la medida misma de la vida, cada vez que se ha ido amoldando a la cotidianidad. Nunca ha sido igual a este 24 de febrero. Antes de este domingo la Ley de leyes salió de los escritorios donde se repensó por años y se multiplicó en las casas, los centros de trabajo, las escuelas…

Cada cual comenzó a escribir entonces su propia Constitución —la de todos—, tanto que llegaron a formularse más de 780 000 propuestas en toda la isla y, de ellas, más de 600 000 propusieron modificaciones a distintos artículos.   

Y se enmendaron hasta las comas. Pudo uno aplaudir la inclusión en el texto constitucional del matrimonio igualitario y el otro opinar que se eliminara tamaña barbarie contra natura; pudo uno concordar con que el Presidente de la República gobernara solo dos mandatos y el otro pedir que se extendiera a tres y que se eligiera directamente; pudo uno asentir en que el trabajo sea obligatorio y el otro cuestionar cómo se garantizará su remuneración adecuadamente.

Pudimos todos disentir, criticar, enriquecer, cuestionar, cambiar. Y el derecho a hablar no fue exclusivo de quienes vivimos en Cuba; desde el exterior también sugirieron que si se debería garantizar mayor igualdad de derechos y deberes —sobre todo en cuanto al voto—, que si debería reconocerse el tiempo de trabajo en la isla o en otros países a fin de asegurar la seguridad social.

No fueron debates estériles como algunos pretenden hacer parecer; de lo contrario, no se le hubiesen hecho más de 700 cambios ni se hubiesen modificado más de 130 de los 224 artículos.

Por eso se me antoja pensar que la Constitución, esta que se lee ahora y se refrenda mañana, se reescribió en el barrio, en las vegas de tabaco, en las fábricas, en las universidades. Se fue armando con los retazos de muchas voces, de las que apuestan por construir soberanamente esta nación.

Desde que echó a andar por las calles se supo que la Carta Magna no es una biblia ni tan siquiera un texto de vitrina; es, más bien, amparo: de los jóvenes que somos hoy y de los ancianos que seremos mañana; de los trabajadores de hoy y los jubilados del mañana; de los hijos que tenemos hoy y que crecerán mañana.

Lleva la caligrafía de quienes tienen fe en Dios y van el domingo a la iglesia, de las mujeres que se aman y crian juntas a hijos distintos, de los que trabajan todos los días y estiran los bolsillos para llegar a fin de mes. Tiene letra imperfecta, moldeable, futurista.

Mas, se ha hecho a imagen y semejanza de lo que somos. Por eso el domingo, cuando las cruces empiecen a inundar los círculos de las boletas mientras al pie de las urnas los niños de uniformes pulcrísimos saluden sin protocolos —y sin intuir siquiera que justo allí se respalda su propio porvenir— se estará poniendo el punto final a la Constitución rehecha por tantas manos. Y en esos trazos se va reconfigurando más que la Patria, se va reescribiendo línea a línea nuestro destino.

One comment

  1. Si otra Constitución con un mismo destino de seguir luchando por esta revolución y continuar ayudándote a los países del mundo que lo necesiten hay siempre estará cuba con su ayuda solidaria.

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