¿Tú te atreves a hacer un periódico? (+fotos)

Le preguntaron a Raúl García Álvarez en el lejano 1976 y, tal vez, fue esa la génesis pública de aquel manantial de acontecimientos que desembocó en el parto de Escambray el 4 de enero de 1979

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“La fotografía es lo que más me ha gustado siempre”, asevera el fororreportero. (Foto: Tomada de su perfil de Facebook)

Para algunos pudo parecer una utopía; para otros, una idea aventurada en el tiempo, pero en lo que sí parece haber coincidencia es que muy pocos o, mejor dicho, nadie en la entonces Región Sancti Spíritus tenía certeza de cómo hacer realidad aquella ilusión de que la nueva provincia tuviera su medio de prensa impreso.

Semejante proyecto vivió primero en el pensamiento de Joaquín Bernal Camero, entonces segundo secretario del Partido en Las Villas y quien después ocuparía la dirección política en el territorio por nacer, alguien que abrazó temprano el desafío de que una provincia sin periódico no era provincia.

Por aquellos años Raúl García Álvarez cubría como corresponsal la Región Escambray para el periódico Vanguardia —circulaba en la antigua provincia de Las Villas— y tiempo antes había llegado a Sancti Spíritus enviado por Ernesto Vera —presidente de la UPEC en el país— a solicitud del Comandante Faustino Pérez para hacer un boletín, que con el nombre de Sancti Spíritus estuvo saliendo aproximadamente unos tres años.

“En un recorrido con Arnaldo Milián y Joaquín Bernal, en el que se estaban viendo los derroteros de las tres provincias en que se dividiría Las Villas, llegamos a la playa La Tatagua, donde se construyó después el campamento de pioneros Ismaelillo; allí se me acercó Joaquín, me echó la mano por el hombro y me dijo: ‘¿Tú te atreves a hacer un periódico?’. Aquello me sorprendió, no sé si lo conversó también con otros, a mí me lo dijo así”, precisó.

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Durante cerca de 20 años, Raúl García se desempeñó como reportero, jefe de Información, de Redacción y de Equipo.

“Me preguntó cuándo iba a Sancti Spíritus; mañana, le dije, y ahí mismo me dio la primera encomienda: ‘Vas a ver a Moño (Pedro Rodríguez) al Partido’. Fui temprano para allí y Moño me dice: ‘Vamos a reunirnos por la tarde que voy a tener aquí a otros compañeros’.

“Eran, Deivy Aquino y Juan Ruch; personas que estaban relacionadas con la parte de la gráfica, la impresión; el objetivo que nos plantearon en aquel encuentro fue uno solo: ‘Hace falta hacer un periódico’. Ahí empezamos, ese fue el embrión, todavía no se había formado la provincia, pero ya estaban los cuadros que ocuparían las responsabilidades principales”.

¿Existía claridad de cómo asumir semejante reto?

Realmente no sabíamos lo que íbamos a hacer y lo primero que se hizo fue un proyecto. El mismo Moño me dijo: ‘Tú te vas a encargar de todo el asunto de los periodistas’. Desde hacía varios años para Vanguardia escribía José Camellón López, pero aquí prácticamente no había periodistas, eran corresponsales voluntarios.

De inmediato nos pusimos en función de aquel proyecto, Juan Ruch tenía mucho conocimiento porque trabajaba desde muy joven en Artes Gráficas, y Deivy Aquino era como un administrativo, un organizador, una persona muy dinámica. Asumí la parte que me encargaron, hice un croquis de lo que yo pensaba, de las ideas sobre un periódico y, en esa época en que empezamos también se vinculó José Camellón. Cuando se hace la División Político Administrativa a finales de 1976 ya me quedo permanente en la provincia y juntos visitamos casi toda Cuba buscando experiencias.

¿Cuáles fueron los pasos para formar el colectivo y articular el taller?

Hicimos un plan, a mí me tocó organizar la parte de los periodistas, los corresponsales, como hacer una redacción, todo eso sin tener experiencia. Le propuse a Moño pedir apoyo a la UPEC nacional; ayudaron mucho Ernesto Vera, Rafael Lechuga, Irma de Armas, en Juventud Rebelde también colaboró Enrique Lagarde; así se ubicaron profesores para impartir cursos y capacitar al personal.

Lo primero fue buscar gente, involucrar a más compañeros. Pero, en aquellas primeras etapas todavía no había ni ideas del local, del nombre, y mucho menos se sabía cuándo saldría el periódico.

A la par de la preparación del personal, que en un primer momento sumamos 18 y luego el grupo creció, Juan Ruch y Deivy Aquino empezaron a realizar contactos para encontrar una máquina impresora. Doy un viaje a La Habana con Juan Ruch, que tenía mucha afinidad con los mecánicos de la poligrafía, y fuimos a dar a lo que es hoy la Empresa de Medios de Propaganda, también el Partido de la provincia había hecho sus gestiones, y es así como aparece la rotativa donde se tiró después el periódico, una máquina de inicios del siglo XX. Claro, fue una tarea muy compleja desarmarla, traerla hasta acá y posteriormente repararla.

Con el apoyo del Partido y otras estructuras de la provincia se ubicó el local, un antiguo almacén de bebidas, al lado donde radica el periódico, y se le hicieron las adaptaciones que requería el montaje de la máquina y demás áreas de la impresión.

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En plena revisión de uno de aquellos periódicos que se preparaban en seco.

Luego vino otra etapa, ya los periodistas estaban medio adiestrados y se empezó a practicar lo que llamamos el periódico en seco, es decir, escribir los trabajos, revisarlos, diseñarlos… Eso fue como un entrenamiento final que moldeó al equipo de trabajo, cuando después salió ya ese colectivo había hecho decenas de periódicos que no circularon, pero cumplían las normas que íbamos a llevar a Escambray. Incluso, cuando la rotativa estuvo instalada se tiraron algunos periódicos como prueba.

Lo del nombre se empieza a trabajar en el año 1978, existían algunas ideas, propuestas, se manejaban nombres como Sancti Spíritus, Yayabo, Siga la marcha, Escambray… Entonces se hizo una encuesta pública y Escambray fue el que más votos sacó.

¿Se concibió un día específico para la salida oficial o la fecha del 4 de enero fue casual?

No es que hubiera la intención de una fecha exacta o que ese día estuvieran maduras las condiciones para sacar el periódico a la luz, es que aquello llevaba recursos, sobre todo asignación de papel. Estábamos haciendo un periódico empírico, idealizando un acontecimiento sin contar con los materiales, todo eso iba apareciendo poco a poco. Se empezó a enredar el asunto del papel, de dónde viene, quién lo va a dar, hasta que lo asignaron.

Aprobar la plantilla fue otro paso importante, eso se vio hasta con José Ramón Machado Ventura, él vino a una reunión donde se analizó la plantilla del periódico en el Partido. En aquel momento inicial yo hacía como si fuera hoy un editor.

Ya teníamos el ejercicio de los periódicos en seco y llegó el momento en que estuvo todo listo: el local de la Redacción, las mesas de diseño, el equipo de periodistas, los corresponsales en los municipios, la rotativa, y se decidió empezar. Imagínate la tensión de aquella primera tirada, todos expectantes, cuando salió el primer ejemplar fue un momento de mucho entusiasmo.

Así nació Escambray, de la mano de un grupo de compañeros que le pusieron corazón a la tarea dada por el Partido desde hacía más de dos años. Luego mantener el periódico recabó empeño, nadie decía no a la dificultad que apareciera. Empezamos sin una disciplina de cierre, el Partido siempre quería sacar lo último, venían y te decían a las once de la noche: ‘Deja un hueco en la primera para tal noticia’, y el periodista estaba a esa hora en un municipio, había que esperar que regresara y escribiera, que el fotógrafo sacara las fotos; el periódico no tenía una hora para terminar.

¿Qué le aportó Escambray a Raúl García?

Mi concepción de redactor, de fotorreportero y, sobre todo, materializar algo que me sugirió Ernesto Vera cuando yo empezaba: ‘Además de redactor, usted tiene que incursionar en todas las áreas que tiene un periódico y dejar escrito un libro. Si usted hace eso, ha cumplido parte de su vida’. Te puedo decir que llevé a la práctica aquel consejo y hoy tengo publicados 13 libros. Si no hubiera vivido el aprendizaje que me dio Escambray, no hubiese sido igual en esta segunda etapa de periodista que he desempeñado en la agencia Prensa Latina.

Nunca he dejado de ser atrevido, lo que aquello de hacer un periódico fue un susto que me dio Joaquín en La Tatagua; yo había hecho boletines en Artemisa y en Sancti Spíritus, pero un periódico era otra cosa, y nadie en el territorio tenía la dimensión de lo que había que mover, por eso es que nos demoramos tanto en sacarlo.

En la primera reunión con Moño en el Partido no teníamos la capacidad de imaginarnos lo dolores de cabeza que nos daría crear el periódico, pero aquella utopía se hizo realidad y cerca de la dos de la madrugada del 4 de enero de 1979 vio la luz el primer ejemplar de Escambray.

One comment

  1. Que bueno leer estas historias, en 38 años que llevo en Escambray nunca las había disfrutado así como parte de un trabajo periodístico, felicidades Pepe es reconfortante revivir aquellos tiempos y que quede constancia para las fururas generaciones

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