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Reencuentro en Yaguajay

por Escambray digital Última modificación 05/11/2009 16:05
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Sobre la espuma bronceada de las olas, el sombrero que desde este 28 de octubre lo escoltan las palmas y los gladiolos, con sus hojas de espada, traídos, cierto siglo, de África.

Nicho de Camilo CienfuegosHasta aquí llegaron, guerreros, como el hombre que se inclina, ahora mismo, ante el nicho reservado para cuando el Héroe, ya con barba canosa y despoblada, decida retornar de la leyenda y descansar en el Mausoleo de su Frente Norte de Las Villas, en Yaguajay.

¿Quién sabe si esta mañana el General de Ejército haya evocado, en silencio, la primera vez en que escuchó hablar de él? Fue en 1956; México servía de techo. El hijo de aquel sastre de Lawton que, según relatan, cosía ropas con dos máquinas a la par, había llegado de Estados Unidos y quería que un viejo conocido intercediera a su favor para poder enrolarse en la travesía del Granma. Fidel se había negado al pedido; su hermano lo haría también.

La expedición, casi a punto. El aprendiz de escultor no desistió. El final, harto conocido. Tuxpan, Alegría de Pío… Mientras, en La Habana el Embajador de Estados Unidos, con una copa de scotch en la mano, diría: "Esos jóvenes están locos”. Luego, los reencuentros de Cinco Palmas, Purial de Vicana... Desde entonces, la Sierra se hizo Maestra.

De allí bajaron Comandantes; allí creció la lealtad que algunos, CIA mediante, persisten en escamotear con infundios insertados en periódicos. Sin embargo, en esta parte del planeta fotos de prensa y apuntes dispersos dan cuenta de Camilo y Raúl compartiendo apremios y desafíos en la Revolución que se empinaba.

Corría mayo de 1959. El hoy Presidente cubano iba de regreso a la capital en una aeronave, horas después de un descenso forzoso, tormenta incluida, en los lodazales de la Ciénaga de Zapata, donde estuvo desaparecido por algo más de medio día. Ahora, el piloto le informa que el tren de aterrizaje no salía. En Varadero, imposible bajar. La otra variante, el ciudad militar de Columbia. Incertidumbre. Al tocar tierra, las llamas suben hasta el avión. Al verlo ileso de su segundo percance, la euforia de Camilo colmó la pista del otrora campamento batistiano.

En dicha instalación, donde nació la Ciudad Escolar Libertad el 14 de septiembre de ese propio año, en el corazón de la multitud y de la noticia llegaría otro abrazo entre ellos. El Señor de la Vanguardia, con la sonrisa de siempre; Raúl, con boina ladeada a la derecha, anunciando que caía una fortaleza y que sobre ella se levantaba otra de espíritu.

¿Quién sabe si hoy el General de Ejército haya evocado esta y otras vivencias de sus tiempos de jóvenes rebeldes? De cuando con Fidel crearon el Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias; de cuando, invitados por este, departieron una tarde de octubre en la sede de la revista Bohemia con Los Malagones, campesinos pinareños de sombrero a lo mambí, recién llegados de apresar al cabo Lara, cabecilla contrarrevolucionario.

Por todo ello, cuando el Héroe decida regresar de ese viaje que tarda ya 50 años -demasiados, ciertamente- de seguro le contarán que este día 28, en el Mausoleo de Yaguajay, el General, después de encender la llama enterna, se detuvo frente a su nicho, coronado por el rojo mármol y el sombrero, que esta vez navegó entre olas de gladiolos de verdes espadas.

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