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Arturo Alonso: Me gustaría morir como soy
por Javier Brito Padilla (Estudiante de Periodismo)
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Última modificación
06/01/2010 20:44
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archivado en:
Música
Escambray reproduce la última entrevista concedida el destacado compositor cabaiguanense, fallecido este 3 de enero. De pelo canoso y piel arrugada, aunque con alma joven, Arturo Alonso, El cantor de los pueblos, como lo calificara el estelar músico cubano Barbarito Diez, fue durante 87 años un símbolo para la cultura cabaiguanense, merecedor de la Distinción por la Cultura Nacional e Hijo Ilustre de Cabaiguán, y poseedor de la sencillez inherente a aquellos que no olvidan sus orígenes. Al llegar a su casa, hace apenas unas semanas, cuando le realizáramos su última entrevista, lo encontramos acostado en el sofá escuchando un juego de pelota de la XLIX Serie Nacional. ¡Caramba, llegó el periodista! -exclamó- y un ¡pasa! -desinhibido-propició el ambiente para desarrollar el diálogo por más de dos horas. Arturo, ¿por qué músico? Desde pequeño siempre me gustó cantar, tocar la guitarra y participar en las actividades culturales de la escuela, pero lo hacía por mera diversión. Cuando ya era un joven, me encontraba trabajando de “emergente”, como se dice en la pelota, en el Hotel Cabaiguán por mi hermano mayor, quien estaba enfermo. Entonces conocí al músico español José Gelaberto; trabajé como utilero para él y un día, al oírme tocar la guitarra, dijo que tenía calidad y me instó a estudiar Música. A partir de entonces lo tomé más en serio y me propuse aprenderla de manera formal. La primera presentación como cantante profesional no la realizó frente al público, sino en una planta local de radio. ¿Cómo recuerda aquel momento? El nerviosismo impidió que guardara mucho en la memoria, sólo puedo decir que marcó el inicio de mi vida como artista profesional. A la edad de 22 años va a La Habana en busca de prosperidad y allí escribe Un canto a Cabaiguán. ¿Qué lo motivó? Por aquel entonces trabajaba en la capital en una tienda de comestibles. Cerraba todos los días de doce a dos de la tarde. Ese era mi único tiempo libre, hasta las noches las tenía ocupadas, y en vez de irme al malecón o al centro de la ciudad, acudía a un lugarcito cerca de la tienda con un terreno vacío y un bohío de guano en el centro, allí me transportaba… ya sabes, la nostalgia. Yo soy guajiro, por eso aquel paisaje en La Habana me recordaba a mi pueblo y enseguida surgió la idea: Pedazo de mi Cuba/, mi Cabaiguán querido/, mi lindo Cabaiguán/… “Desde que terminé la letra volví para cantarla y mi pueblo la acogió como su himno”. Su inspiración no ignora casi ningún género musical, pero ¿cuáles prefiere? El bolero, el chachachá, la criolla, la habanera, lo cubano en general; aunque al danzón lo considero el ritmo madre de la música cubana. Intérpretes de la talla de Barbarito Diez, Roberto Sánchez y la orquesta Aragón han popularizado Un canto a Cabaiguán y otros muchos temas suyos, ¿qué significa para usted? Eso me colma de orgullo, pues en una época donde abundaban los compositores o poetas musicales -como gusto de llamarles porque la música buena es poesía buena-, el hecho de que músicos de renombre, como los que acabas de mencionar, se hayan interesado en mis temas constituye un gran honor. Más de 1 300 canciones engrosan su repertorio. ¿Suficientes para Arturo a los 87 años? No, yo creo que puedo hacer más música y me gustaría llegar a los 2 000 temas, pero para eso hace falta el estímulo espiritual, que se le dé más promoción a mi música, a fin de cuentas a nadie le gusta trabajar en vano. Hay un detalle, cuando en la Televisión se proyecta a Cabaiguán en el espacio Cuba, qué linda es no se pone mi canción. ¿Es porque soy del campo? No soy de La Habana y me siento orgulloso de vivir aquí. ¿Alguna pasión, además de la música? Sí, la pelota, de no haber sido músico me habría gustado ser pelotero. Escuchamos con frecuencia del Arturo músico, pero casi nunca del Arturo tabaquero. ¿Amor a las vegas o simple necesidad? Ambas cosas, pero creo que más por necesidad, pues en la época de mi adolescencia, los jóvenes teníamos que trabajar para ayudar a nuestra familia; además considero que en la vida todos tienen la obligación de aportar algo a la sociedad, el que no pueda estudiar debe practicar algún oficio. ¿Quiénes influyeron en su formación como artista? Mi madre me apoyó mucho. Yo era el menor de mis hermanos, que nunca estudiaron, y a pesar de ser pobres, mamá hizo un esfuerzo y pude alcanzar el sexto grado en la Escuela Presbiteriana del municipio, lo que fue determinante en mi formación musical, porque el que no sabe leer es como el que no puede ver. Tanto hijos como nietos han continuado la tradición musical. ¿Tendrán acordes y melodías los genes de Arturo? Creo que sí. Algunos han seguido el sendero de la música y hasta me han superado, porque considero que Ramón Alonso, mi hijo, que toca trompeta en el club Dos Gardenias, de La Habana, es mejor músico que yo, aunque ya lo dice el dicho: “El alumno siempre supera al maestro”. ¿Qué significa para usted Cabaiguán? Es mi pueblo, mi hogar. Aquí quiero a todo el mundo y todo el mundo me quiere; aunque nací en Ciego de Ávila. ¿Cómo le gustaría que lo recordaran? Como un compositor humilde, que si bien tuvo la oportunidad de abrirse paso, escogió este mágico pedazo de isla para vivir. ¿Cambiaría algo en su vida? A mi edad, me gustaría morir como soy. Acciones de Documento |
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